viernes, 26 de febrero de 2010

CINCO MITOS SOBRE EL ANARQUISMO

La mayoría de las personas al escuchar la palabra anarquismo, la relaciona con ideas negativas como violencia, destrucción, desorden, irrespeto, vagancia y caos, lo que demuestra que conocen muchos mitos pero nada de la doctrina anarquista.

Veamos algunos de esos mitos sobre la Idea.

1. mito: El anarquismo promueve la violencia.
Una de los mitos más difundidos es el que considera que el pensamiento anarquista es una doctrina que simplemente promueve la violencia. Esto, en parte se debe a que en general se conocen más las acciones de algunos lumpen (autodenominados anarquistas), o la historia de personajes como Necháyev, pero nada de los planteamientos teóricos de los autores anarquistas en sus diversas vertientes.

El anarquismo plantea claramente su contraposición contra el Estado (en cualquiera de sus formas, ya sea pontificio, racional-legal, dictatorial) y cualquier forma de coacción “coerción externa, sea de orden gubernamental, ético, intelectual o económico”. Sin embargo, las vías -que han planteado los diversos autores- para llegar a la desaparición de la coacción institucional han variado en el tiempo, según el contexto en que los autores han planteado sus ideas.

Así por ejemplo, Bakunin, Kropotkin y Malatesta, son claramente más agresivos que otros anarquistas como Tucker o Thoreau en cuanto a cómo luchar contra el Estado, puesto que desarrollan sus planteamientos bajo un régimen zarista autocrático y claramente represivo.

Pero incluso estos autores, rechazaban la violencia “irracional” de personajes como Necháyev. En este sentido, veían la violencia como una forma de defensa en relación a la acción represora del Estado y no de agresión gratuita.

Por otro lado, los anarquistas individualistas o filosóficos como los de la tradición estadounidense como el ya mencionado Tucker, promueven el pacifismo, rechazan la conscripción militar por considerarla una forma de esclavitud y no creen en la revolución violenta como método para llevar a cabo los cambios sociales.

Lo anterior se debe a que la contraposición anarquista a cualquier forma de coacción se sustenta en la defensa de la autonomía del individuo y la libertad como un derecho natural. De esto, deriva el denominado axioma de no agresión –defendido por anarco capitalistas y mutualistas- que plantea que la sociedad es libre cuando no existe coacción sobre los sujetos, y por tanto pueden llevar a cabo libres acuerdos sin interferencia alguna.

Este principio sin embargo, no descarta el castigo hacia quienes agreden la propiedad de otro, por tanto defiende la legítima defensa y la libre asociación para ello. Así, autores claramente anarquistas como Warren, Spooner y Tolstoi defienden estos principios pacifistas. Gandhi seguía el mismo principio.
Por eso es un error garrafal catalogar de anarquista a cualquier extremista o lumpen, cuando lo más probable es que éstos ni siquiera hayan leído a Benjamín Tucker, Lynsar Spooner.

2. mito: El anarquismo promueve el desorden social.
Un gran número de personas relaciona al Estado y sus órganos con el orden, la seguridad y la paz. Creen que es lo único que puede reprimir las pasiones perversas de la naturaleza humana. Incluso los conservadores –vulgo liberales- aún cuando plantean reducir el Estado, siempre se compungen cuando se les plantea reducir o eliminar el aparato militar del Estado.

En el fondo, la mayoría tiene una concepción hobbesiana del ser humano, imaginando que sin Estado, todos nos convertiríamos en lobos, entrando en un estado de naturaleza violento y agresivo. Por eso mismo y debido a que el anarquismo plantea la supresión del Estado, muchos consideran que sólo promueve el caos y el desorden social.

Lo cierto es que los teóricos del anarquismo no plantean el caos social al proponer suprimir el Estado, sino su reemplazo por formas de organización voluntaria y no coactiva como las mutuales y cooperativas de Proudhon o las ideas de Kropotkin.

Lo que deslegitiman es la autoridad impuesta bajo amenaza del uso de la fuerza y sobre todo su concentración y monopolio en pocas manos, sea en las de supuestos descendientes de los dioses, legisladores, ricos mercaderes, guerreros, sacerdotes, intelectuales, líderes revolucionarios, patriotas iluminados, obreros, la ley, la asamblea, etc.

No cuestionan el liderazgo, el acuerdo y la organización a nivel local, de pequeñas federaciones, sino que el monopolio y rigidez que pretenden ejercer ciertas organizaciones y grupos sobre la vida de las personas en general, a través de la religión (con el derecho divino) o las leyes (con constituciones irreformables). Esto incluso lo desconocen muchos autodenominados anarquistas.

Estos cuestionamientos se basan en la noción del libre acuerdo y de que todos los pactos son libres y revisables, no son hereditarios y por tanto ninguna autoridad es permanente. Por eso se oponen al derecho divino y cuestionan la idea del contrato social.

3. mito: El anarquismo es lo mismo que el marxismo.
Como la mayoría de los anarquistas consideran que el Estado es un instrumento de coerción a favor de ciertos intereses (y algunos autores anarquistas como Bakunin se oponen a la propiedad privada -cuestión que en sí es compleja-) muchos ligan erróneamente el pensamiento ácrata con el marxismo. Lo cierto es que ambas doctrinas difieran en varios puntos.

En primer lugar, debido a que el anarquismo en general defiende la autonomía del individuo en todo sentido y como base esencial del avance humano, se opone al autoritarismo marxista que planteaba una férrea organización en el proceso revolucionario. Por lo mismo, Bakunin, un contemporáneo de Marx en la 1° Internacional, planteaba que el proceso de cambio debía ser espontáneo y no dirigido por unos cuantos, pues de lo contrario, se impondría un nuevo elitismo con base en el partido, lo que significaría un simple reemplazo de un autoritarismo por otro, sin solucionar nada.

En segundo lugar, el anarquismo de manera coherente con su rechazo al autoritarismo, rechaza la dictadura del proletariado propuesta por Marx, pues la vía propuesta es una revolución violenta que consideran, no traerá mejoras sino nuevas miserias a los sujetos. Lo mismo piensan de las guerras por el motivo que sean (véase el punto uno).

Por otro lado, como son anti autoritarios y antidogmáticos, consideran que no se puede forzar a nadie a creer en algo. Consideran que es un acto criminal, lo cometa el Estado capitalista, socialista, la mayoría, una iglesia, una corporación, un rey, o un presidente.

En tercer lugar, si bien los anarquistas rusos rechazan la propiedad privada* y promovían un lógica comunista como lo hacía Kropotkin, otros anarquistas como Tucker plantean que la autonomía del individuo está ligada a la defensa de la propiedad privada, entendida como derecho a la auto posesión y al fruto del trabajo.

En el fondo, promueven que cada trabajador sea dueño de su trabajo sin ninguna clase de intermediario o planificador estatal o burocrático. Por lo mismo, se oponen al planteamiento marxista de estatizar (aunque éstos le llaman socializar) los medios de producción.

*Hay una discusión en torno a eso, pues probablemente el rechazo de Bakunin y Proudhon, apuntaba a que el principio legal de propiedad privada permitía proteger la propiedad de los zares, cuya legitimidad y origen era cuestionada. Léase Nozick.

4. mito: El anarquismo promueve destruir la familia y es antirreligioso
Este es quizás uno de los mitos menos difundidos pero que en más de una ocasión he oído decir. Probablemente se relaciona con la promoción del amor y la unión libres que hacen la mayoría de los autores y autoras anarquistas (Mary Wollstonecraft, Emma Goldman) además de su oposición a las jerarquías en el matrimonio, los prejuicios sexuales o la ingerencia del Estado o la Iglesia en las relaciones personales.

Lo cierto es que autores y autoras como desde Bakunin, Armand, hasta Emma Goldman, basados en la defensa de la autonomía del individuo, promueven no sólo el amor libre sino la igualdad entre hombre y mujer, y la libertad de terminar “el acuerdo” cuando se requiera. Esto claramente genera rechazo en sectores conservadores y religiosos, además de acusaciones de feminismo extremo.

Sin embargo, lo anterior no implica que los anarquistas promuevan la destrucción de la familia, sino que éstas se sustenten en la expresión máxima de libertad individual, que es el amor mutuo. Según los anarquistas que han abordado estos temas, el ser humano cuando es libre, manifiesta de forma más clara el amor incondicional al prójimo, sobre todo en el seno de la familia.

Por otro lado, si bien la mayoría de los anarquistas son ateos, y hacen fuertes críticas a la religión, como forma de sumisión y adoctrinamiento a favor del autoritarismo de las elites y el Estado, esto no implica que sean necesariamente antirreligiosos.

La mayoría de los anarquistas -como Bakunin- consideran que el Estado y la religión van asociados y son las principales formas represivas en la sociedad. De alguna u otra forma consideran que ya sea Dios o el Estado, se tornan credos dogmáticos que atentan contra la libertad de los individuos.

Claramente su anticlericalismo se explica pues se oponen a toda clase de dogmatismo o imposición moral, pues ven que son la base para sustentan el poder y autoritarismo –en este caso del clero o los reyes cuando se escudaban en el derecho divino-.

En ningún caso se oponen a la libertad de creencia de los sujetos, pues defienden la autonomía de éstos y su libertad de pensamiento. Así por ejemplo, Stirner proponía la máxima libertad de pensamiento, mientras que Tolstoi promovía un anarquismo de carácter cristiano.

5. mito: El anarquismo es doctrina de analfabetos y promueve la pereza
En la prensa frecuentemente se muestra como jóvenes anarquistas a sujetos que se dedican a beber, vestir de manera estrafalaria, piden dinero por las calles, pernoctan en diversos lugares -con o sin permiso de sus dueños-, no trabajan ni estudian. Claramente, está imagen ha creado el mito de que el anarquista no es más que un perezoso.

Lo cierto es que la mayoría de los autores anarquistas valoran y consideran esencial la educación y el trabajo como instrumentos para lograr la libertad y autonomía del sujeto con respecto a cualquier modo de dominio o coerción.

Así por ejemplo, uno de sus principios generales es la autogestión en la producción, donde se defiende el libre acuerdo entre los trabajadores, los cuales dueños de sus medios de producción, podrían organizar asociaciones libres e independientes. Por tanto, se rechaza cualquier pretensión de intervención o planificación económica centralizada como ocurre con el mercantilismo (actual capitalismo crony) o con el marxismo. Por tanto, ven que el trabajo, el derecho a la propiedad y la iniciativa personal como esenciales para fortalecer la libertad de cada persona y fomentar la ayuda mutua.

1 comentario:

Daniel Castillo dijo...

Hola, queria informarte, que si en si hablas muy bien y defiendes muy bien el anarquismo tienes ciertos errores, el que considero mas importante, es como defiendes la produccion, la propiedad privada y el trabajo, claro esta, que los anarquistas, no son vagos o perezosos, pero tampoco defendemos eso, no queremos que haya trabajo, no por vagos, si no por tener la libertad de hacer cosas, que no haya propiedad, bueno eso por miles de razones como sabras, ni que haya dueños de los medios de produccion, asi bueno son ideas fundamentales de la anarquia, el tuyo veo que defiendes algo como anarcocapitalismo, que sabemos bien que es un intento de conciliar doctrinas vulgares, e irracionales con la anarquia