martes, 31 de agosto de 2010

ANARQUISMO: ACLARANDO CONCEPTOS

La detención de 14 personas en llamada Operación Salamandra, acusadas de colocar bombas durante 7 años, ha provocado un debate público sobre el significado del anarquismo.

En términos teóricos, este debate ha dejado en evidencia el desconocimiento de la prensa, las autoridades y los supuestos cultores de tradiciones socialistas y libertarias. Bajo ese desconocimiento, de un lado, a priori catalogan de anarquista cualquier grupo antisocial; de otro, defienden la violencia por ser supuestamente inocua.

El anarquista individualista Benjamín Tucker, decía que “existe una forma muy fácil de darse cuenta de quién es Anarquista y quién no lo es. Una pregunta lo decidirá rápidamente: ¿Cree o acepta usted alguna forma de imposición por la fuerza sobre los humanos? Si acepta alguna, usted no es un Anarquista. Si no acepta ninguna, usted es un Anarquista”.

En esa pregunta, Tucker trae al tapete simultáneamente dos conceptos claves del anarquismo individualista –que en lo personal considero el único coherente-: el de anarquía como ausencia de dominio; y el de acracia como ausencia de coacción (agresión). Es decir, reconoce la autonomía y soberanía individual (autoposesión) como principio esencial de la ética libertaria.

El reconocimiento de la autoposesión implica la existencia de individuos soberanos, con capacidad para autogobernarse, dueños de su trabajo y lo que producen con éste (lo que implica el reconocimiento de la propiedad privada y la libre disposición del producto de éste, es decir el libre mercado). De esos principios surge la contraposición contra toda forma de dominación, la autoridad y el Estado –en cualquiera de sus formas monárquica, eclesiástica y política racional legal- en cuanto forma monopólica de dominación y agresión.

En esto coincide Emile Armand, quien dice “puede considerarse como anarquista a todo el que después de una reflexión seria y consciente, rechaza toda coerción gubernamental, intelectual y económica, o sea toda dominación” (El anarquismo individualista qué es y qué no). Tucker y Armand siguen la línea de Proudhon, quien definía la anarquía como “gobierno de cada uno por sí mismo -en inglés: self-government- un orden social fundado sólo en transacciones e intercambios” (El principio federativo).

Bajo esa idea, la sociedad se concibe como libre cuando no existe coacción sobre los individuos, lo que sería una acracia, y por tanto pueden llevar a cabo libres acuerdos sin interferencia alguna, lo que no descarta el castigo hacia quienes arremeten contra la vida y la propiedad de otro, por tanto defiende la legítima defensa y la libre asociación para ello.

Pero ¿Qué se desprende de lo anterior en cuanto al tema de los bombazos?

Algo más importante aún. Que desde el punto de vista del credo libertario, bien estudiado y entendido, cualquier forma de agresión sobre el individuo, para forzarle a pensar o actuar de determinada forma y en nombre de lo que sea (dios, el rey, la patria, el pueblo, el estado, la libertad, la igualdad y un largo etc) es ilegítimo. Benjamín Tucker era claro en decir que la misión de los anarquistas “en el mundo es la abolición de la agresión y de todos los males que de ella se derivan”.

Si reconocemos el principio de autoposesión de cada uno (raro es que alguien lo haga, pero los hay), ninguna persona -ni autoridad- es dueña de la vida de otro ser humano, ni de sus creencias, ni de su trabajo. En definitiva, nadie puede agredir a otro arbitrariamente, excepto si es en defensa propia.

En otras palabras, la violencia contra otro o su propiedad, por motivos que van más allá de la legítima defensa, nunca es válida, sean cuales sean los justificativos o los fines que se defiendan.

Por eso, los anarquistas individualistas -como los de la tradición estadounidense a la que pertenece Tucker y Spooner- promueven el pacifismo, rechazan la conscripción militar por considerarla una forma de esclavitud legalizada, y cualquier pretensión de tutela que implica la intervención de colectividades y sus mandatarios en la vida de los individuos, como la tutela moral, política o económica.

Por lo mismo, se oponen a la protección y privilegios que da el Estado a los monopolios (del dinero, la tierra, los aranceles y las patentes según Tucker) y grandes poderes económicos en cualquiera de sus formas (como Mercantilismo; Capitalismo -que algunos confunden con libre mercado-; o Socialismo de Estado).

En lo anterior radica el hecho de que tampoco creen en la violencia como herramienta política ni como método para llevar a cabo cambios sociales porque implican una lógica autoritaria. Por eso se oponen a cualquier pretensión de instaurar una dictadura proletaria, por considerarla otra forma de invasión y agresión, que implicaba el mero reemplazo de unos dominadores por otros. Haciendo alusión a los comunistas de Chicago, Tucker decía: “su comunismo es otro Estado, mientras mi cooperación voluntaria no es, en absoluto, un Estado”.

En este sentido, Armand es claro en decir que: “Aunque los monopolios y los privilegios sean trasladados de las grandes asociaciones capitalistas a la comuna, el individuo se halla igualmente desnudo de recursos que antes. En lugar de hallarse dominado económicamente por la minoría capitalista, lo es por el conjunto comunista. Nada le pertenece, es un esclavo”.

¿A qué va todo ésto, dirán algunos?

A que la mayoría de los autoproclamados “anarquistas” no conocen el principio de autoposesión ni el derecho de propiedad o posesión, y por tanto no entienden que la agresión o la disposición a ella, son el primera gran mal que existe en las sociedades actuales.

Erróneamente, en base a su confusión conceptual básica, creen que –siguiendo lineamientos más bien autoritarios que libertarios- el ejercicio de la violencia contra lo que denominan “el capital, el Estado, la propiedad, el libre mercado” sirve para “agudizar las contradicciones sociales y cambiar las bases de la sociedad, liberándola de su esclavitud”.

Joseph Proudhon, aunque sea conocido por decir “la propiedad es un robo”(queriendo decir que los privilegios de la propiedad causan las condiciones de explotación), también dijo que “la propiedad es libertad” en el sentido de que el hombre sólo es libre cuando es el único propietario de lo que posee y lo que crea” (Per Bylund).

Por eso, contrario a lo que piensan estos falsos anarquistas, sus acciones violentas contribuyen a aumentar los espacios donde el Estado interviene, dándole argumentos a quienes detentan el poder, para justificar sus acciones coactivas y el crecimiento de sus aparatos policiales.
Su actuar no es libertario, sino funcional al autoritarismo.

4 comentarios:

Fernando dijo...

En primer lugar quiero felicitarle por su blog y, más concretamente, por este artículo, que me ha venido "que ni pintado" para reflexionar sobre las cosas en las que creo, o no.

Después de rumiar un rato su artículo, lo pensado y lo sentido, me da la impresión de que el anarquismo que dibuja no entraña muchas más posibilidades que la de "irse a vivir a los bosques para no descubrir, el momento de la muerte, que no se ha vivido", si se me permite parafrasear la manida cita de Thoreau.

Y es que el anarquismo que dibuja parece apenas un juego intelectual, porque, encerrado en los conceptos del anarquismo estadounidense, le ha robado toda dimensión social.

Se trata de, sobre la base del autogobierno de los individuos, construir una sociedad, articulada en torno al apoyo mutuo, capaz de transcender la misma noción de Justicia en el hermoso ideal del "de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad".

El anarquismo defiende la acción directa. Denuncia los mecanismos de control social existentes y promueve la necesidad de actuar al margen de éstos, de manera creadora y constructiva. Sólo cuando la reacción de los privilegiados articulada en el estado y sus mecanismos actúa con violencia contra dichas iniciativas y los que las promueven, se puede llegar a hacer identificable la práctica de la "acción directa" con la de la "violencia" y aun dentro de muy estrictos límites, marcados por los de la humanidad y la inteligencia.

En efecto el derecho natural, (y cualquier otra forma de "derecho" no es legítimo sino en tanto que se pliegue a éste), otorga plena legitimidad al principio de autodefensa.

Denuncio con vd. esa forma de pensar y sentir que hace de la violencia "el único camino", pero también la tibia renuncia a la autonomía personal, que supone la renuncia incondicionada a la violencia, (aún como defensa), que cuadra más a un cuáquero preocupado por salvar su alma, que a un anarquista preocupado por la vida de todos.

Entiendo que su artículo está motivado por un hecho concreto, que no conozco y sobre el que no me pronuncio. Pero en cualquier caso, el que usted defiende, si lo he entendido bien, es un anarquismo que cuadra sólo a poetas románticos.

Un anarquista cree en la bondad, no en el "buenismo". Pero no cree en la violencia. El mundo lo cambian las personas y la violencia no cambia a las personas, sólo las mutila. Así de coyuntural, peligroso, se dibuja el recurso a la violencia. Porque vivimos los hombres en el filo de la navaja en una confusa maraña de medios y fines que ocupan la misma cara en esa extraña cinta de Möbius que define el hombre con el mundo.

Un saludo.

Jorge A. Gómez Arismendi dijo...

Gracias por tu visita Fernando.

Lamento no estar de acuerdo en lo que planteas.

En primer lugar porque el anarquismo individualista sí promueve la dimensión social del individuo al defender la mutua cooperación y los libres acuerdos, por ello es clave la autonomía.

En segundo lugar, el concepto de acción directa no se relaciona con actuar a nombre de otros o de algo subjetivo como decir "me preocupo de otros" sino por sí mismo y su entorno inmediato. Es decir, lo primero que debo hacer para librarme de trabas es librarme a mí mismo, no al resto.

Por ello, la autonomía personal como principio básico a defender es clave, de lo contrario, nuestra "acción directa" tiene el riesgo de convertirnos en meros instrumentos de la ambición de otros.

Sólo de esa forma podemos comenzar a establecer mayores espacios para la libertad.

Javier Bazán dijo...

Jorge:
Me extraña que alguien como tú justifique el pacifismo.

Los pacifistas simpre han trabajado para el enemigo. Así ocurrió en la década del 30 con la Alemania Nazi; en la Guerra Fría, cuando los pacifistas europeos occidentales proponían desmantelar únicamente los misiles que estaban en la Europa Occidental y no en la Europa Oriental. Lo mismo ahora con Al-Qaeda.


En el mundo de los pacifistas no hay matones. Pero los hay.

Jorge A. Gómez Arismendi dijo...

Javier, creo que confundes pacifismo con inacción y legitima defensa con belicismo y militarismo.

Y tu frase: "Los pacifistas simpre han trabajado para el enemigo", lo denota.