miércoles, 15 de abril de 2009

Con Piñera tampoco llega la virtud política

En un artículo publicado en Revista Qué Pasa, Juan Carlos Jobet, Hernán Larraín Matte y Cristóbal Bellolio, plantean que un triunfo de la Alianza exige cambiar la vieja forma de hacer política. Sin embargo, el último incidente durante el velorio de la niña asesinada en un microbus es un nuevo ejemplo de lo arraigada que está esa manera de hacer política en el candidato de la derecha.
Aprovechando el claro desgaste de la coalición gobernante, en el último tiempo los partidarios del candidato de la derecha han pretendido construir alrededor de éste un discurso que lo ligue con la idea de renovación política.
A través de éste pretenden decirle a la ciudadanía que la transformación de la política –y de Chile en definitiva- en su totalidad depende del cambio de gobernantes, de transformar las formas de hacer política y sobre todo de la inclusión de una nueva generación de líderes jóvenes. En ningún caso sin embargo, se habla de cambiar un ápice la institucionalidad vigente.
Jobet, Matte y Bellolio dicen que “la Alianza sigue liderada hoy por los mismos que durante más de 20 años han conformado una tenaz oposición” y que por lo tanto, Piñera debería abrir espacios a los jóvenes.
Sin embargo, si consideramos que lo mismo ocurre en la Concertación y que en conjunto ambas coaliciones se han convertido en 20 años en una elite política envejecida y profundamente relacionada en términos económicos, incluso homogénea.
Entonces ¿Por qué creer que Piñera –que es parte de esa elite- permitiría la inclusión real de nuevos elementos, haciendo caso omiso a la presión de sus propias filas?
Según Jobet, Matte y Bellolio, el escenario es propicio para tal efecto, puesto que “no es casualidad que el promedio de edad de nuestra población sea de 31 años, los mismos que apenas llegaban a los 10 para el plebiscito de 1988. Esta generación representa al Chile de hoy”. Sin embargo, olvidan que un porcentaje importante de esa generación no vota en parte porque la institucionalidad, el sistema político, sus partidos y actores hegemónicos no los representan en nada y tampoco los incluyen en la toma de decisiones.
Por lo tanto, y contrario a lo que dicen en el artículo, en cuanto a que lo primero que debiera hacerse si Piñera gana “es atraer a la gente que no le gusta la actual forma de hacer política, pero que está dispuesta a entrar para cambiarla”, lo primero que se debe hacer –sea quien sea el que gane- es cambiar la institucionalidad para permitir la entrada de nuevos actores que cambien realmente la política.
Sólo así se evita que se vean obligados a clientelizar su actuar, para lograr un espacio en el universo político, como ha ocurrido de forma creciente desde el retorno a la democracia. Sino, tal como dicen ellos mismos dicen “tendremos caras nuevas, pero la misma política”.
Por lo anterior, quizás el error más grave –si se puede decir así- es que ellos creen que los líderes de esa nueva generación para “el cambio” total junto a Piñera, se encuentran en las universidades, think tanks, fundaciones y por supuesto en el sector privado.
Es probable que en esos lugares existan buenos elementos que impliquen un aporte importante, pero olvidan que todas esas instituciones han sido piezas claves en el proceso de reproducción, mantención y legitimación de la institucionalidad vigente, que genera exclusión, desafección política y concentración del poder. Es más, son parte constitutiva de ésta.
Olvidan que esos organismos son parte del poder, no sólo estatal, sino también económico y cultural. Es decir, no sólo del poder de lo que consideramos la derecha, sino también de la Concertación, que en cuanto elites, desde el retorno a la democracia en ningún caso han pretendido cambiar tal institucionalidad, sino más bien fortalecer las estructuras que les garantizan un poder sin contrapeso y la mantención de sus privilegios.
Mencionan a Independientes en Red y Giro País como un ejemplo de tales organizaciones independientes, que cumplirían con las nuevas necesidades de cambio. Sin embargo, olvidan que esas organizaciones tienen una clara impronta elitista tanto en su origen como en su patrocinio. Aún cuando pretenden ser independientes del aparataje y las lógicas políticas imperantes, son parte de constitutiva de la hegemonía de éstas.
Por lo tanto, considerando que quienes pretenden los cambios también son –lo quieran o no- parte de la institucionalidad que hay que cambiar, se hace poco creíble para los ciudadanos que –sea quien sea el nuevo presidente- se cumpla el “asegurar un proceso de reclutamiento que entregue garantías de transparencia y privilegie el mérito por sobre el cuoteo y el pituto".
Lo cierto es que la transformación y el cambio dependen de algo mucho más complejo que cambiar al gobernante de turno, dependen de cambiar la institucionalidad vigente, que es donde radican muchos de los vicios de la actual forma de hacer política.
Mientras no cambien las instituciones que reproducen la hegemonía dominante –de la que hacen usufructo la Alianza y la Concertación- en sus diversas dimensiones, es difícil que las lógicas y formas de hacer política se transformen. Peor aún, es difícil que los ciudadanos se sientan atraídos a participar.
Eso es lo que deben saber los ciudadanos para que no les pinten cuentos. Porque en definitiva, lo que los partidarios de Piñera buscan, es negar es que él es y ha sido actor importante de la institucionalidad vigente y de las formas de hacer política, ahora agotadas y desprestigiadas totalmente ante la ciudadanía.
El último incidente durante el velorio de la niña asesinada en un microbus es un nuevo ejemplo de la primacía de esa mala forma de hacer política en el candidato de la derecha, que años atrás ya lo puso en problemas con Evelyn Matthei.
Bajo ningún punto de vista representa una transformación del orden vigente, ni de las formas de hacer política. Es más de lo mismo.

7 comentarios:

Javier Bazán dijo...

Yo también lo leí.

El primer reparo es sobre la institucionalidad. Si fuese así, entonces el sistema inglés y el americano hace tiempo hubieran caducado. Allí se elegí un diputado por distrito.

Tal vez los más problable es que haya una colusión entre la gente de Santiago, que educa en sus colegio cota mil.

Cristóbal Bellolio peca de ingenuo. Quizás las personas que tenían 20 años en los 90, piensan que ellos más bien son apitutados, como dices, que tengan oportunidades que no tenía la juventud hace 20 años, a menos que formaras parte de la juventud de tal partido y escalaras, en el Instituto de la Juventud, luego deporte, una gobernación, etc.

¿Cuál es el incidente de Evelyn Matthei, que no recuerdo?

La nueva ideología es la juventocracia, pero sin pasado. El puro presente.

Jorge A. Gómez Arismendi dijo...

Javier, no puedes comparar la institucionalidad de esos países con la chilena.

En primer lugar, en dichos países existe una sociedad civil organizada o por lo menos, aquellas organizaciones e instituciones civiles tienen el peso para contraponerse a otros poderes políticos o económicos.

El sistema político es sólo una parte de la institucionalidad que se debe cambiar.

En segundo lugar, es claro que la actual institucionalidad no produce representación política.

Quizás hay jóvenes cuyo interés es el tema medioambiental, pero ni los partidos hegemónicos tienen espacios, ni el sistema permite -sin clientelizar- el desarrollo de partidos verdes, por ejemplo.

Para que hablar de lo concentrado que está el poder político y económico en Santiago. Algo muy distinto a los casos que mencionas.

En cuanto al incidente con Matthei, y ahí está esas formas de hacer mala política es la conversación que fue espiada.

Más allá de lo atentatorio e incorrecto del espionaje, no podemos obviar el acto mismo de Piñera en cuanto a un aliado político. O sea.

Javier Bazán dijo...

Jorge:
Creo que pecas de ingenuo, cuando te refieres a la sociedad civil en USA. Como me decía mi amigo Francisco Ibero, haya son clientelistas como acá. De hecho, toda la plata que gastando Obama, supuestamente, para sanar la economía, va para los grupos de presión que lo apoyaron.

Una joven promesa del Partido Repúblicano, es un político menor de 40 años de origen indio.

Y por ese incidente la senadora está inhabilitada. En cambio, los diputados progresismo laico y cristiano que le han levantado el dedo a los carabineros, o los políticos que recibieron plata por trabajos no realizados, entre ellos, un precandidato presidencial están habilitados.

Jorge A. Gómez Arismendi dijo...

Javier, no entiendo qué defiendes al final.

Por un lado, estás diciendo que la democracia en Estados Unidos no es tan perfecta. Vaya descubrimiento, para mí no es nuevo eso.

Por otro, no sé si defiendes a Matthei o tratas de justificas a Piñera por su falta de lealtad, peor aún diciendo que otros han hecho tal cosa.

Javier Bazán dijo...

Lo que quise decir al final, fue solamente poner en la misma vara al senador Gómez, Puccio y los diputados DC que le levantaron el dedo a los carabineros. Además, no defiendo a Piñera. Pues, da la impresión por lo que tú escribiste en el post, de que si un candidato derecha comete un falta, está inhabilitado de por vida. No así los de la izquierda.

Hablar de perfecto es un poco utópico. Yo no creo que sea un sistema perfecto, ni siquiera ellos lo ven como perfecto.

Creo que el error que cometes es pedir que los políticos sean tan puros como un monje. De lo contrario no tendrías los affaire que le ocurrió al Partido Conservador inglés en los 60, que fue llevada al cine en la película 'Escándalo', los actuales problemas del Presidente del Paraguay y el escándalo de faldas de Clinton.

saludos

Jorge A. Gómez Arismendi dijo...

Javier, Lo que planteo en el post es muy claro, que con Piñera TAMPOCO llega la virtud política.

Y eso apunta a que las malas prácticas en política, están internalizadas y mientras no cambien la institucionalidad contuinuarán sea quien sea el presidente, el gobierno, etc.

No digo que estén inhabilitados, sino que hay que desconfiar del discurso en que te dicen: Conmigo esto...

Son las instituciones las perfectibles no las personas. Y también hasta por ahí no más.

No pido que los políticos sean monjes. De hecho, no me meto en su moral personal, en cuanto a creencias, preferencias, gustos, etc.

El arete griego es difícil de cumplir, pero por lo menos espero que jueguen limpio en el campo político.

S. Salgado dijo...

Estamos de acuerdo...

1. no existe diferencias fundamentales entre la derecha y la concertación. Ideológicamente todos están de acuerdo en los temas más macro aunque puedan diferir en cuestiones pequeñas.

2. Todos también saben que cambiar la institucionalidad les puede traer problemas, por tanto ninguno de ellos se atrave a dar el paso a cambiarla.

3. Muchos tb tenemos claro que Piñera no es el cambio, y jamás lo será. Pero también creo que si algun grupo político tiene algunas ideas nuevas, será la Alianza y no la Concertación. Creo firmemente en que la alternancia del poder es buena aun cuando pase desde el Instituto Nacional a los Sagrados Corazones de Manquehue, algo es algo

Saludos

Sergio