lunes, 31 de mayo de 2010

ISRAEL, FUERA DE CONTROL

El ataque israelí a la llamada "Flota de la Libertad", que se encontraba en aguas internacionales demuestra la incapacidad del Estado Israelí para evitar la desmilitarización del conflicto armado con Palestina.

Actualmente, lo que llamamos “guerra” ya no incumbe sólo a soldados de ejércitos estatales regulares, armados con arsenal convencional, sino que incluye: empresas que ofrecen agentes de seguridad privados, además de ayuda logística a gobiernos y particulares; activistas de diversa índole, u organizaciones criminales relacionadas con el tráfico de armas y drogas; además de refugiados, niños y cualquiera que pueda disparar o detonar una bomba y esté dispuesto a morir en combate.

Por ello, en los nuevos conflictos armados, la relación entre los ciudadanos, los diversos actores estatales y grupos en pugna, además de las tácticas y armamentos disponibles, determinarán el carácter del conflicto, su intensidad, capacidad de expansión, alcances y también sus consecuencias.

En este sentido, eso marca el declive de la territorialidad y del ejército como ejes centrales de la Seguridad Internacional, lo que produce la transformación de los conflictos bélicos, desde guerras convencionales, características del enfrentamiento bipolar, a conflictos armados asimétricos, claramente desmilitarizados, cuyo carácter transterritorial denota su rápida capacidad para expandirse por las fronteras, afectando otras esferas y dimensiones de la seguridad internacional, estatal y ciudadana.

La clara prepotencia del ejército israelí con respecto a la Flota de la Libertad –plagada de civiles- denota esa incapacidad del Estado para establecer distinciones a la hora de actuar con la fuerza en cuanto al conflicto.

Si el Estado es incapaz de distinguir entre civiles y “combatientes” es más probable que un conflicto derive en una crisis regional, debido a la creciente presencia de actores no-estatales y la habituación al uso de tácticas no-regulares de guerra, como aquellas consideradas terroristas, que incidan en la intervención de los Estados vecinos.

Con estas probabilidades, se produce entonces, la diversificación de los actores y la transformación de los límites y formas de operar en los conflictos armados, tanto de los Estados como de los actores no-estatales y civiles.

La guerra se vuelve en esencia asimétrica, irregular, desmilitarizada y sin límites.

Lo anterior, coincide con la idea de que la mayor presencia de actores no-estatales (desde periodistas, funcionarios de salud y ayuda humanitaria, hasta activistas y fuerzas paramilitares) es creciente en los conflictos actuales, y termina por involucrar inevitablemente, de alguna u otra forma, a otros estados en éstos.

En este sentido, el número de víctimas producto de un conflicto armado asimétrico, se amplia y se vuelve sumamente variable, más aún cuando en un contexto de guerra civil que deriva en crisis regional, se dificulta distinguir entre fallecidos en combate y bajas no-combatientes.

En muchos casos, las víctimas de un ataque efectuado por un ejército regular, en su mayoría corresponden a víctimas civiles inocentes, y sin embargo son consideradas y cuantificadas como muertos en combate.

Al parecer eso ocurrió en medio de aguas internacionales.

jueves, 20 de mayo de 2010

ANTUCO, LOS MÁRTIRES DE LA CONSCRIPCIÓN OBLIGATORIA

"Durante siglos el Estado ha cometido el asesinato en masa y lo llamó "la guerra"; luego ha ennoblecido la masacre en masa que "la guerra" conlleva. Durante siglos el Estado ha esclavizado a las personas en sus batallones armados y lo llamó "conscripción" en el "servicio nacional". Rothbard.

El 18 de mayo del año 2005, 44 jóvenes oriundos de zonas rurales de la Octava región, en el sur de Chile, murieron congelados en medio de un temporal de nieve y viento en las faldas del volcán Antuco.

Todos estaban cumpliendo con la conscripción militar obligatoria para todos los mayores de 18 años de edad, que establece la Constitución de 1980 en su artículo 22.

Ese día, aunque no vestían ropa apropiada para soportar la nieve, el frío y temperaturas bajo -10 grados, los oficiales de ejército a cargo, insistieron en dar la orden para iniciar la marcha en medio de la ventisca, a 1500 m sobre el nivel del mar. En sólo tres horas perdieron la vida, en vano.

Ante la reacción de los familiares de las víctimas que advertían la clara negligencia criminal, las autoridades políticas y militares de ese momento, no tardaron en apelar al chauvinismo para evitar el juicio público, y declararon héroes a las jóvenes víctimas, diciendo que “habían muerto por la patria” pues se habían presentado voluntariamente.

No obstante, si bien se habían presentado voluntariamente, dicha opción es sólo para presentarse. Si no existen voluntarios, igual se realizan los llamados obligatorios para llenar las plazas vacantes. En ningún caso se considera la objeción de conciencia como argumento para eximirse, y sólo se toman en cuenta problemas físicos y psíquicos.

SERVIDUMBRE INVOLUNTARIA
Esos 44 jóvenes fueron víctimas de la servidumbre involuntaria que es la conscripción obligatoria. Algunos dirán ¿Y quién nos defenderá de un ataque si no existe la conscripción?

La pregunta que deberíamos hacernos es ¿Alguna persona tiene el derecho a obligar a alguien, para defender a otro? No.

Sin embargo, el Estado crea esa ficción, y se la otorga como derecho a otros simples seres humanos -las autoridades de turno, políticas o militares-. Mediante ese subterfugio, éstas han enviado por siglos a miles a morir, y “defender” sus causas, camufladas en los “intereses del pueblo”, “la patria”.

Gracias a esa ficción, gobernantes de diversa índole, que son meros individuos, han podido llevar a cabo sus ambiciones personales de grandeza, pudiendo enviar de una vez a miles con promesas de honor y gloria -generaciones enteras de jóvenes- a morir en el campo de batalla.

En esa lógica, esos seres humanos se convierten en parte de la artillería y son contabilizadas por el Estado, al igual que las balas, las metralletas. Dejan de ser seres humanos y son vistos como cosas.

Y entonces en esos hombres “no hay libre ejercicio, ni de juicio ni de sentido moral, sino que se colocan en el mismo plano que la madera, la tierra y las piedras; y quizá se pudieran fabricar hombres de madera que sirviesen tan bien a ese fin”. Henry David Thoreau.

El consuelo para las madres o esposas de todos esos muchachos fallecidos en nombre de “la patria, el pueblo, la nación” ha sido un muro con su nombre o quizás una módica pensión para sus familias, creyendo que el olvido de las autoridades y de quienes los llevaron a morir no existe.

Tal como al parecer decía Paul Valéry “La guerra es una masacre entre gente que no se conoce, para provecho de gente que si se conoce pero que no se masacra”.

HÉROES OLVIDADOS
El 18 de mayo pasado, ninguna alta autoridad concurrió al quinto aniversario de la tragedia de Antuco. Ninguna autoridad se acordó de esos héroes.

Tal como ha ocurrido siempre, este año nadie se acordó de esos jóvenes, ni siquiera el actual ministro de Defensa Jaime Ravinet, quien también lo era cuando ocurrió la tragedia, durante el Gobierno de Ricardo Lagos (2000-2006).

Quizás sea porque cuando era ministro en ese momento –tal como declaró Angélica Monares, presidenta de la Agrupación de Familiares de las Víctimas de Antuco- Ravinet dijo: “tengo 500 hombres más, voluntarios, para reponer a estos 45 que han muerto”.

Tal como decía Thoreau, los colocó en el mismo plano que la madera, la tierra y las piedras.

martes, 4 de mayo de 2010

RACISMO CONSERVADOR

¿Qué clase de liberales son los miembros del partido republicano en Estados Unidos, justificando la acción coactiva del Estado sobre los individuos según su fisonomía física? ¿Defendiendo los controles y detenciones preventivas por “sospechas razonables”?

En Arizona están echando al piso la universalidad de los derechos civiles previos a cualquier orden social y legal (cualquier liberal sabe esto) al permitir detenciones según “sospecha razonable”.

La ley SB1070, promulgada por la gobernadora Jan Brewer, plantea los agentes policiales podrán detener a cualquier persona en caso de que tengan una "sospecha razonable" de que pueda ser un indocumentado. Es decir, podrán llevar a cabo detenciones arbitrarias según su criterio. Eso, aunque la misma gobernadora dijo no sabes cómo luce un inmigrante indocumentado.

Por lo tanto ¿Qué criterio habrá para que exista una sospecha razonable? La raza.

Lo cierto es que la coacción arbitraria del Estado sobre los sujetos, bajo un criterio de distinción racial, camuflada de “sospecha razonable”, se llama racismo.

Es más, los controles arbitrarios basados en criterios raciales, no sólo son subjetivos, sino que son autoritarios y están a un paso del totalitarismo y la tiranía.

Así es, porque si se permite la coacción –más allá de la legítima defensa ante una agresión actual- por la mera sospecha (basada en este caso en la fisonomía física digámoslo) ya no hay límite para la agresión del Estado por otros motivos diversos.

A otros energúmenos legisladores se les puede ocurrir detener según el color de ojos, o el tipo de corbata o ropa. También para algunos cretinos podría ser motivo de sospecha no llevar la Biblia, el Corán o el Manifiesto Comunista en la mano, y por tanto ser un individuo “un ateo peligroso; o un contrarrevolucionario”.

Incluso aunque exista aprobación mayoritaria y legal -cualquiera sea la aberración que se consagre como ley- no es legítimo. Si mañana algunos conservadores militaristas promulgan una ley -por mayoría- para prohibir el pelo largo ¿Entonces sería legítima sólo por ser de mayoría?

Si decimos sí, entonces constitucionalmente luego permitiremos las redadas para detener “chascones”, mandando al tacho de la basura otra serie de derechos civiles y ciudadanos.

Algunos olvidan que ese criterio era el que justificaba una brutalidad como la esclavitud, pues era legítima porque era legal en un momento dado.

El Estado debe garantizar la seguridad individual en cuanto a una agresión, no contra riesgos o temores remotos. No puede establecer criterios arbitrarios de sospecha –sea cual sea- sobre un grupo de ciudadanos según raza, religión, idioma, etc, pues tiene el riesgo de ejercer coacción ilegitima.

Lo cierto es que no existe ningún derecho a coaccionar a nadie, salvo que esté perpetrando en este momento y directamente un acto abierto de agresión contra los derechos de otros.

Por eso la medida en Arizona es cuestionable. Porque es arbitraria y racista pues su aplicación se determina según un criterio racial -según la mera apariencia física-. Entonces, algunos tienen total libertad de circulación y otros por ser morenos, tienen que andar con su DNI hasta en el baño por si algún agente le considera sospechoso.

¿Por qué tendrían que pedirle su DNI a alguien si está simplemente caminando y no ejerciendo ninguna agresión contra la propiedad o contra otro? ¿Se les detiene sólo por no ser como la mayoría de los blancos de origen?

Es arbitraria y racista porque deja al arbitrio personal de un policía, el carácter sospechoso de un ciudadano -sea éste ilegal o legal-.

Ahí radica lo más grave, porque entrega a ese sujeto la capacidad de discernir al ojo y según su psiquis y su personal opinión sobre la apariencia, quién es sospechoso y quién no.

Lo cierto es que la condición de ilegal no se mide en función de la fisonomía física.
Y vaya que importante esto, porque ahora en Arizona los hijos de blancos e inmigrantes están bajo sospecha simplemente porque su gobierno desconfía de ellos sólo por tener la piel o la cabeza más oscura que la generalidad. Pobres minorías, se nota que los republicanos vulgo liberales ni siquiera han leído a Stuart Mill.

Y esto no se trata de un no respeto a la legalidad. Respetar la legalidad no significa estar de acuerdo con hacer legítima la coacción arbitraria del Estado sobre las personas en base a sospechas, menos aún en base a criterios como la raza.

lunes, 3 de mayo de 2010

MERITOCRACIA, NUEVA FORMA DE DOMINACIÓN TRADICIONAL

La meritocracia se ha constituido en la nueva forma de ocultar y a la vez legitimar, las viejas y vetustas formas de dominio. Es simplemente el velo para ocultar la estructura de privilegios existente y retroalimentada por las propias elites.

Antiguamente, aún cuando ciertos individuos no tenían muchos talentos ni aptitudes, gracias al nepotismo institucionalizado -camuflado en derecho divino y tradición- algunos incluso llegaban a ser reyes.

Así, el poder –y sobre todo la legitimidad para ejercer autoridad sobre otros- estaba relacionado con el origen, el nacimiento, la cuna, la sangre azul y otras ficciones.

En ese proceso, la dominación carismática daba paso con la sucesión a la dominación tradicional, donde las relaciones con el soberano se determinan por la fidelidad personal, relación de linaje o clientelar (obediencia por piedad). Todo quedaba al “capricho” del líder.

Así, por el simple hecho de ser hijo o discípulo cercano de alguien, algunos se convertían en el dominus, gracias al nepotismo sustentado en ficciones.

En todos los casos, las élites y su descendencia se creían moral y éticamente legitimadas por una “cuestión natural o divina” y con ello poseedores absolutos de todo poder y privilegio. Es decir, se levantan como autoridad que merecían la obediencia del resto.

Lo anterior, aún cuando probablemente su dominio tenía su origen en la simple fuerza bruta o alguna mentira religiosa o sobrenatural o ficción mitológica.

DEL DERECHO DIVINO A LA MERITOCRACIA
La llegada de las ideas ilustradas no sólo buscaba iluminar la sociedad – sacarla del estadio teológico del que hablaba Comte- sino también poner fin al poder basado en el derecho divino y las antiguas formas de dominación tradicional heredadas de la Edad Media. No por nada, la idea de democracia moderna, sufragio universal y voluntad general surgieron como únicas y legítimas formas de poder.

Así, se pensaba que la legitimidad de los gobernantes no se debía basar en ficciones como el derecho divino o mitologías de otra índole sino en la suma de las voluntades individuales de quienes los eligieran.

Para todo lo anterior, la instrucción pública para ilustrar a todos los ciudadanos, era esencial. La llamada soberanía del poder político y sobre todo la legitimidad de los líderes, ya no dependería del origen, la sangre o las ficciones religiosas, como en las antiguas monarquías, sino de la voluntad general de los ciudadanos producto de la suma de sus racionalidades.

Lo anterior, debido a la pretensión de establecer un orden institucional impersonal, basado en criterios racionales y técnicos, trajo consigo irremediablemente la tecnificación del sistema estatal y el surgimiento de las burocracias modernas, donde se ya no se obedecería al capricho del líder, sino que a ordenaciones objetivas, legalmente estatuidas, donde incluso se fijan los medios coactivos eventualmente admisibles y el supuesto previo de su aplicación. La forma de dominación racional-legal.

Así, surge lo que Weber denominó la lógica de la meritocracia. Es decir, el acceso al poder y la institucionalidad política gracias a cualidades personales y no debido al origen, los lazos de sangre o la cercanía con el rey. Esto implica además, la separación entre patrimonio público y privado. Ya no existiría apropiación de los cargos como en los antiguos ordenamientos, por lo que no habría cargos hereditarios.

Todo lo anterior, claramente buscaba romper con la lógica de consanguinidad que imperaba en las monarquías y otras organizaciones sociales y políticas, para obtener un sentido racional del orden social en general. Además, se presumía que así se rompería con las estructuras elitistas y nepóticas que durante siglos había retroalimentado el modo de dominación tradicional.

La instrucción pública promovida por los reformadores ilustrados y liberales, buscaba ampliar el plano de competencia para el ejercicio del poder, y la “liberación mental” del pueblo, de sus antiguas cadenas basadas en el misticismo.

El ejercicio del poder ya no sería de exclusividad para los hijos de las elites, instruidos con sus tutores personales sino que para la mayoría de los ciudadanos ilustrados y que tuvieran los méritos para ello.

Ese fue en principio el espíritu ilustrado liberal que impero en principio y que rápidamente se expandió por las nacientes naciones.

No obstante, en la realidad muchas de las viejas formas de dominación continuaron ejerciéndose sin mayor alteración, e incluso imponiéndose a ese nuevo espíritu, garantizando la continuidad de los privilegios políticos y económicos de los antiguos detentadores del poder y su descendencia.

Algunos viejos miembros de las mal llamadas aristocracias monárquicas, aprovechando los privilegios ganados bajo el viejo orden, se unieron a los nuevos detentadores del poder y se convirtieron rápidamente en defensores del nuevo orden, siempre y cuando este no alterara sus viejas inmunidades.

Así, irremediablemente se produjo una nueva asociación entre liberales y los conservadores –que eran firmes partidarios de la destronada monarquía y de la aristocracia- que terminó por frenar el impulso libertario de los primeros, y que mantuvo la estructura de privilegios estatales contra la cual se luchó al derribar el antiguo régimen.

Así, rápidamente la meritocracia, y su promesa de oportunidades para todos y el fin de los privilegios, se vio pasada a llevar por las viejas -pero rearticuladas- estructuras de heredadas del viejo orden, y un sistema educativo cada vez más segmentado y eficiente en cuanto a sustentar y sedimentar la desigualdad.

ABAJO LA MERITOCRACIA
Si entendemos la meritocracia como un espacio neutral de competencia –sin privilegios previos- en torno a la ascensión social, basado sólo en el esfuerzo y las cualidades personales de cada uno ¿De qué meritocracia nos hablan nuestros líderes, cuando es claro que algunos ciudadanos tienen todo los medios a su alcance, y en gran parte bajo su control gracias a su origen?

Según la Primera Encuesta Nacional de la Primera Infancia, presentada por la JUNJI, UNESCO y UNICEF el jueves 15 de abril de 2010, en la Universidad Alberto Hurtado: “en los hogares de los quintiles de menores ingresos hay menos libros, menos juguetes didácticos, como también una menor valoración sobre la importancia de la educación parvularia”.

De qué meritocracia hablan, si un estudio de la Universidad Adolfo Ibáñez demostró que el 71 por ciento de la elite chilena estudia en los mismos colegios y el 20 por ciento de ellos ha estudiado en el Saint George.

No hay respuesta. El discurso de la meritocracia es simplemente el velo para ocultar las viejas estructuras de dominio y privilegios, retroalimentadas por las propias elites. Es la nueva forma de dominación ¿Racional, tradicional? Veamos.

El discurso de la meritocracia no sólo refuerza las posiciones privilegiadas según el origen o capital social (al darle validez a la facilidad de acceso a doctorados, estudios en el extranjero, idiomas y cargos de influencia que sólo las elites tienen) sino que camufla el carácter excluyente y no individual de éstos. Esto permite a los ya privilegiados por su origen, ampliar sus privilegios reclamando su derecho a otras dispensas, por el esfuerzo realizado.

Así, el discurso de la meritocracia, camufla la estructura de privilegios basada en el origen, que sustenta el habitus de dominio de las elites, haciéndola parecer una estructura construida a base de esfuerzo y sacrificio individual. Como los pollitos de Fra Fra.

Lo anterior, incluso sirve para desmoralizar a quienes –sin tener capital social- no logran ascender en la escala social pese a sus esfuerzos y sacrificios personales. Entonces, asumen que son excluidos por falta de méritos, y no por falta de privilegios, nexos u apellidos.

Probablemente esa misma percepción tuvo Michael Young en 1958, cuando siendo secretario del comité político del Partido Laborista, escribió su libro The Rise of the Meritocracy (1870-2033): An Essay on Education and Equality. ("La ascensión de la meritocracia"), donde planteaba su visión pesimista sobre la meritocracia.

Lo cierto es que en el caso de Chile, el discurso de la meritocracia se ha convertido en el nuevo derecho divino de las elites que –y digámoslo- genealógicamente no han sufrido mayores alteraciones desde la independencia.

Esas elites, han decidido cuánto, cómo, dónde y a quiénes se educa. Y esas mismas elites son las que monopolizan el poder político y económico, y se atribuyen la facultad de reconocer o rechazar ciertos saberes o la forma de instrucción que se aplica sobre el resto de los ciudadanos.

Tal como el mismo Young, después decepcionado decía en un artículo titulado “Abajo la meritocracia”: “Con una increíble batería de certificados y titulaciones a su disposición, el sistema educativo ha dictado aprobación para una minoría, y un suspenso para una mayoría que no consigue brillar desde el momento en que son relegados al fondo del sistema de graduación a la edad de siete años o antes”.

Por eso. De qué meritocracia hablan, si un estudio del economista Javier Nuñez, del departamento de economía de la Universidad de Chile, llamado “Movilidad intergeneracional del ingreso en Chile”, fue claro en desmitificar el discurso de la meritocracia, al indicar que a igual formación, méritos académicos, los representantes de la clase alta tenían ingresos en un 35 % superior a los de otras clases sociales.

No por nada, Chile está entre los países con peor distribución del ingreso y mayor desigualdad de acuerdo a coeficiente de GINI, con una brecha desproporcionada entre el 5 % más rico y el 95 % restante.

La movilidad social, a base del mérito es nula, si se considera que si los padres pertenecen al 20% más pobre de la población, se tiene un 31% de probabilidad de permanecer en la misma condición y un 52% de estar entre el 40% más pobre.

La meritocracia es la nueva forma de dominación tradicional.

lunes, 26 de abril de 2010

UTEM NO PAGA A PROFESORES DESDE 2008

La Universidad Tecnológica Metropolitana aún no paga a algunos profesores a honorarios, incluso desde el año 2008, en diversas carreras.

Nadie hace eco de la precaria situación en materia de pagos, que viven algunos académicos a honorarios de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), que es parte del Consorcio de Universidades del Estado de Chile.

Dicha institución (UTEM), aún no cancela los honorarios de varios profesores de diversas carreras correspondientes al año 2009. En algunos casos, a algunos aún no se cancelan clases realizadas durante el año 2008.

Las autoridades y encargados de finanzas de la Universidad Tecnológica Metropolitana, vienen prometiendo dichos pagos desde hace varios meses, lo que nunca se cumple, en medio de justificaciones burdas y evasivas diversas. La última excusa fue el terremoto pasado, donde se prometió pagar todo lo adeudado a los profesores el 15 de abril.

Sin embargo, el día prometido, la respuesta fue que la UTEM no tenía dinero para pagar lo adeudado y que no saben cuándo podrán pagarle a los docentes, si es que pueden hacerlo.

Aun así, se siguen ofreciendo clases en el pregrado y el magíster en varias carreras, sin informar que a algunos de los profesores no les pagan. Lo irrisorio es que -por ejemplo- para el magíster en Ciencia Política, la Universidad de Valencia entregó dineros para costear los servicios académicos de dicho postgrado y, sin embargo, aún no se paga a los profesores.

Ya es tiempo de que las autoridades de gobierno, la Contraloría General de la República, del Consorcio de Universidad del Estado, el Consejo de Rectores, hagan algo para que en la UTEM paguen, o que el gobierno intervenga de forma completa, definitiva y profunda dicha universidad.

Ojalá puedan investigar y hacer públicos estos abusos contra algunos académicos.

jueves, 22 de abril de 2010

EL MITO DEL FIN DE LA PUERTA GIRATORIA

Algunos ilusos creen que las políticas antidelincuencia del Gobierno han sido efectivos, sólo porque hay menos titulares policiales en la prensa. Esto carece de todo sentido, pues ninguna medida antidelincuencia puede ser efectiva en menos de un mes.
En el último mes, en los noticieros centrales se ha hecho notoria una tendencia: no hay muchos titulares sobre delincuencia. Incluso en algunos canales como Mega, el noticiero central ahora está plagado de notas -de relleno digamos- como una sobre la supuesta muerte del perro Lipigas o sobre pequeños cantantes de música mexicana.
Ni siquiera los titulares del Terremoto copan los noticieros centrales en la TV o los diarios, aún cuando es claro que la ayuda por parte del Estado sigue siendo deficiente, y en algunos casos ni siquiera ha llegado a zonas alejadas y desconocidos de la "patria".
En menos de un mes, se pasó del drama de la destrucción ocasionada por el sismo, a una especie de variopinta cartelera noticiosa donde lo que menos énfasis tienes es la delincuencia. Y el efecto en la percepción de la gente es notoria, como un comentario leído en un blog: "Creo que sí están haciendo una diferencia en delincuencia y se agradece".
¿De qué diferencia habla el opinante? ¿Acaso la menor cantidad de titulares relativos a asaltos, "alunizajes" o "lanzasos" indica que la delincuencia ha disminuido en términos reales? Y sí es así ¿En un mes? Y más aún ¿Cuál es el secreto del gobierno? ¿Acaso el ejecutivo instruyó -pasando a llevar la separación de poderes- a jueces y fiscales a ser más mano dura con los delincuentes? ¿Modificó la ley penal de forma rápida que ni nos enteramos?
Porque si el gobierno ha logrado en un mes disminuir la tasa de delincuencia y con ello también las denuncias -que no son lo mismo- debería decirle al resto de los países cómo lo logró en un mes. Sería poco ético mantener en secreto medidas que permiten en menos de cuatro semanas disminuir la tasa de criminalidad.
Impresionantemente, algunos ilusos -por no decir otra cosa- creen que las políticas antidelincuencia del Gobierno han sido efectivos, sólo porque hay menos titulares policiales en la prensa. Esto carece de todo sentido, pues ninguna medida antidelincuencia puede ser efectiva en menos de un mes.
Lo cierto es que acá sólo disminuyó el interés editorial de los medios por cubrir los hechos de delincuencia de todo tipo.
Lo que ha ocurrido no es la manifestación del fin de la puerta giratoria gracias a la mano dura del nuevo Gobierno ni sus políticas antidelincuencia. Sólo ha existido un cambio de enfoque, una distracción en los noticieros. Y con ello un cambio en la percepción.
Y claro, si en vez de mostrar treinta minutos de asaltos y robos, nos muestran treinta minutos de perros artistas y niños cantantes, cualquiera se siente en el mundo de Bilz y Pap.

jueves, 15 de abril de 2010

CAPITALISMO DE AMIGOTES A LA CUBANA

El caso de Max Marambio es un ejemplo claro de Crony Capitalismo (de amigotes) pero con etiqueta socialista.

Gary Becker y Joseph Stiglitz coinciden en que el Capitalismo de Amigotes consiste en una estructura de favores, privilegios y nexos entre las autoridades estales y el empresariado (privado o burocrático), mediante el cual las corporaciones empresariales (privadas o mixtas) obtienen poder económico no por su competitividad o innovación, sino que gracias a sus conexiones cercanas al gobierno de turno.

Esa lógica no sólo se da en sociedad que en general se consideran capitalistas, sino también en los llamados estados socialistas o comunistas, donde los burócratas más cercanos a las altas cúpulas dirigenciales partidarias o estatales, obtienen beneficios económicos como tierras, subsidios, exenciones tributarias o adjudicaciones automáticas en forma de estatización.

En cualquiera de los casos, lo que se esconde siempre es un favoritismo, ya sea en la forma de una democracia isonómica; o como un gobierno autoritario y dictatorial. En ambos casos, los cercanos a la elite obtienen todo tipo de beneficios en desmedro del resto de los ciudadanos comunes.

Tanto la retórica de la privatización como la de la estatización son instrumentos que se utilizan en esa estructura de privilegios y favores. Así, un amigo del gobierno de turno puede comprar fácilmente una empresa (privatizarla) sin licitación o convertirse en el comisario inamovible de una empresa estatal (estatizarla).

En ambos casos, se produce rent seeking, cuando se busca obtener ingresos a través de la manipulación o la explotación del entorno económico, y no mediante las transacciones económicas y la producción.

En otras palabras, Capitalismo de amigotes, donde algunos (amigos del gobierno) se apropian de parte de las ganancias de las empresas del Estado, ya sea como sus nuevos dueños o como sus interventores. Esto último fue lo que ocurrió claramente con Max Marambio. Fidel le permitió y le ayudó a convertirse en empresario y ha hacerse rico a través de una empresa “estatal”.

Por orden y apoyo de Fidel Castro, en 1978 Max Marambio, en ese entonces miembro de Tropas Especiales, la fuerza militar de elite bajo del líder cubano, montó la empresa Cimex que le permitió iniciarse como un próspero empresario.

Gracias a sus nexos con la elite cubana y sobre todo Fidel Castro, Marambio rápidamente hizo crecer su empresa (mixta en términos discursivos, pero privada en términos de ganancia), que luego derivó en su negocio relacionado con el criadero de gansos, llamado La Oca. No sólo él se vio beneficiado con sus cercanías a la elite, sino también su hermano Marcel, dueño de la agencia de turismo Sol y Son, la segunda operadora turística de Cuba, gracias al proteccionismo estatal cubano.

Rápidamente expandió sus intereses empresariales y estableció negocios con el empresario Carlos Cardoen, el mismo que creó -con millones de dólares entregados por el Estado chileno- su empresa de fabricación y exportación de armamentos durante la dictadura de Pinochet. Otro ejemplo de Capitalismo de amigotes, pero de derecha.

Ambos empresarios –crony capitalistas de distinto color- se asociaron en la empresa productora y comercializadora de jugos y lácteos Tropical Island, antecesora de la compañía mixta Río Zaza, propiedad mixta de Marambio y el Estado cubano, hoy cuestionada por el régimen por haber aplicado sobreprecios a sus productos.

Era obvio, como el Estado cubano garantizaba el monopolio a la empresa de Marambio (que tenían ventas de US$ 100 millones al año) era muy probable que ésta aplicara sobreprecios a la venta de sus productos. Es un resultado del monopolio alimentado por el propio Estado. Capitalismo de Amigotes.

jueves, 1 de abril de 2010

AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR

Las sendas denuncias contra la Iglesia Católica de Irlanda por su supuesta acción de encubrimiento, ponen en duda la claridad que tienen algunas autoridades eclesiásticas en cuanto a la separación entre Iglesia y Estado.

La Iglesia Católica vive uno de los momentos más álgidos de los últimos tiempos. En diversos lugares del mundo surgen acusaciones de supuesto ocultamiento de información en casos de abuso contra menores, que apuntan directamente a la Congregación para la Doctrina de la Fe, encargada de decidir las expulsiones y canonizaciones, y que fue dirigida por Benedicto XVI entre 1981 y 2005.

En Irlanda, la Comisión Investigadora de los Abusos de Niños, iniciada en 2000 luego de una serie de denuncias, “tras nueve años de indagaciones y más de 2.000 testimonios, una investigación ha concluido que la cúpula de la Iglesia católica irlandesa conocía el abuso "endémico" al que eran sometidos los 35.000 niños que entre los años 50 y los 80 se acogieron a sus instituciones. Los informes indican alrededor de 230 víctimas entre 1974 y 2004. Sólo en 1995 la arquidiócesis de Dublín denunció a la policía los primeros casos.

Según el informe, los abusos no se denunciaban normalmente, pues las autoridades eclesiásticas irlandesas, ante las denuncias, sólo trasladaban a los agresores, muchos de los cuales volvían a delinquir. Lo mismo sucedió con dos causas en el sur de Chile y también en México, Estados Unidos y España con un par de Legionarios de Cristo, entre ellos Marcial Maciel. En vez de mandarlos a tribunales, los mandan de retiro espiritual.

Lo peor es que en una ocasión en la que responsables del Ministerio de Educación recibieron una denuncia, éstos acordaron con los religiosos mantener silencio. Es decir, dos instituciones, el Estado y la Iglesia ocultaron información.

No por menos, el actual cardenal, Sean Brady pidió perdón por haber ocultado información en un caso de abuso y considerar que no era su responsabilidad denunciar. El actual líder de la Iglesia Católica irlandesa, participó en dos reuniones en 1975 en las que dos niños de 10 y 14 años, presuntas víctimas de abusos sexuales, habrían firmado promesas de silencio, donde juraban no contar los abusos a manos del sacerdote Brendan Smyth.

Aquí se aprecia la poca claridad de las autoridades religiosas en cuanto a la separación entre Iglesia y Estado. Pretenden resolver asuntos de corte penal mediante sus procedimientos internos.

El problema va más allá de la responsabilidad individual -y penal- de algunos sacerdotes. Radica en que ya no se trata de la acción individual, sino que una acción institucionalizada, sobre todo en el caso irlandés, donde la entidad claramente ha actuado de manera cuestionable. Lo mismo se puede decir del Vaticano, que tampoco ha adoptado una actitud proactiva sino más bien evasiva.

Amparada en el secreto pontificio, la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha mantenido bajo secreto todos los casos de acusaciones de abuso contra clérigos. En 2001 en una carta dirigida a todos los obispos, sobre "graves delitos", Benedicto XVI “volvió a ligar los casos de abuso al secreto papal cuya vulneración se pena con el castigo eclesiástico”.

Y es que nadie pide que las autoridades eclesiásticas inicien una casa de brujas, ni que actúen como la justicia ordinaria –porque no les corresponde- sino que no impidan que sus miembros se sometan a ésta última cuando así se requiere.
Guardar silencio ante denuncias, hacer acuerdos de silencio con niños, y tratar de resolver el problema enviando de retiro espiritual a los denunciados no corresponde. Eso tiene un nombre, obstrucción a la justicia.

El punto es bien claro. Ninguna institución, sea del tipo que sea, tiene inmunidad jurídica en cuanto a sus miembros, y menos la facultad de pasar a llevar la legalidad y la “justicia”. Los sacerdotes son antes que eso, ciudadanos y sujetos de derecho, no tienen inmunidad legal bajo ningún punto de vista.

A dios lo que es de dios, al césar lo que es del césar.

jueves, 25 de marzo de 2010

PIÑERA, CUBA, RARAS RELACIONES ENTRE ÉTICA Y POLITICA

La discusión en torno a la relación entre política y la ética, y si es que éstas están ligadas o separadas definitivamente ha vuelto al tapete con la condena al régimen cubano por parte del presidente Piñera.

La crítica al régimen cubano por parte del gobierno chileno más bien parece ser mero recurso para distraer la atención en torno a la demora del presidente Piñera en desligarse de LAN, y no es una sincera lucha por la defensa de derechos civiles básicos en la isla.

Lo anterior, sobre todo considerando que en 1995 el actual mandatario, siendo senador, viajó a la isla con fines empresariales (Piñera y Cueto evaluaban una fórmula para construir dos hoteles en unos cayos vírgenes de propiedad estatal, con una inversión de entre 20 y 25 millones de dólares.) y que el actual Presidente chileno se reunió con Fidel Castro en el año 1995, donde entre otras cosas dijo: “En honor a la verdad, Chile debió reestablecer relaciones con La Habana a comienzos del Gobierno del Presidente Patricio Aylwin".

Es decir, en 1995, para el actual presidente, la libertad política y los derechos civiles no eran necesarios para poder evaluar si llevar a cabo negocios o no en la isla.

En otras palabras, la libertad política importaba menos, porque lo que vale es la estructura económica. La misma fórmula fue la que postularon en Chile durante la dictadura de Pinochet, cuando la libertad política era menos importante que el modelo económico.

Lo interesante de todo lo anterior, es que la misma lógica aplican quienes apoyan el régimen cubano. La libertad política de los ciudadanos importa menos, lo que vale es el modelo económico que se defiende.

En ambos casos, el Estado debe concentrar el poder, restringir la libertad política y los derechos civiles e imponer su criterio económico a los ciudadanos, sea este el criterio de los Castro o los Chicago Boys. ¿De democracia? Nada. De poder, todo.

Por eso el punto importante es, desde que enfoque hacemos nuestro análisis cuando juzgamos la relación entre ética y política en estos casos. Veamos qué ocurre desde el punto de vista de la filosofía política moderna.

Si tomamos en cuenta la noción de Maquiavelo en cuanto a la política, entonces debemos desligarla de cualquier tipo de cuestiones éticas. Lo que importa en este caso es cuan efectivo se es en cuanto a preservar el poder y cumplir los objetivos trazados por el Estado o el Príncipe. Cualquier otro miramiento carece de sentido pues entorpece el éxito del gobernante.

Si tomamos un punto de vista kantiano, entonces las cuestiones éticas juegan un rol importante en la actividad política, puesto que aún siendo gobernantes, la razón nos indicaría como obraría cualquier persona en una circunstancia dada. En términos burdos algo así como no hagas a otro lo que no te gustaría que te hagan.

La primera postura claramente antepone la razón particular del gobernante –que es quien ejerce el poder y la fuerza- por sobre la voluntad del individuo. La razón de Estado, que en realidad es la razón individual de una persona, el príncipe, se traduce como decisión colectiva. El bien común lo determina el gobernante. Algunos hablan del representante del pueblo y otros del padre de la patria. Ambas son burdas ficciones.

La segunda postura, la kantiana, trata de resguardar el espacio moral de cada individuo en cuanto a la razón del gobernante, expresada en la legalidad y la coacción estatal. Es decir, reconoce que la razón del gobernante también es individual y por tanto el ciudadano puede contraponerse a ésta, aún cuando niega el derecho a rebelión como otras doctrinas plantean, y sólo defiende el derecho a criticar al gobierno. El imperativo categórico kantiano es válido para todos los individuos y por ende para el gobierno y sus funcionarios. Eso habría olvidado Piñera, si es que efectivamente cometió evasión de impuestos con la venta de LAN.

No obstante, en general las personas tienden a intercambiar estos dos tipos de posturas (la de Maquiavelo y la de Kant) según el tema sobre el cual opinan. Así por ejemplo, tenemos gente que en algunos casos y no en todos, cuestiona ciertos comportamientos políticos o determinado régimen, según el ethos que defiende.

En otras palabras, vemos una dualidad a la hora de defender la libertad y dignidad de las personas, según el sujeto y el ethos que se defiende contextualmente y paradigmáticamente.

Entonces, tenemos gente que defiende dictaduras de izquierda y otras que defienden dictaduras de derecha, aún cuando en ambos casos siguen siendo lo mismo, dictaduras.

En ambos casos también, buscan explicaciones y subterfugios diversos para justificar tal defensa acérrima, recurriendo generalmente a ciertas nociones consecuencialistas para justificar cualquier brutalidad.

Lo anterior es muy coherente con la idea de que el fin justifica los medios, ya sea para “reestablecer el orden”, “proteger la patria de algún cáncer”, “defender la revolución”, “lograr la justicia”, etc.

Esa dualidad o subjetividad, rebela que en el fondo, son casi todos mayoritariamente maquiavélicos (sin culpar al italiano de nada), puesto que en sus valoraciones anteponen lo que ellos –como súbditos o gobernantes- consideran lo que es el bienestar general, ya sea bajo la nomenclatura de la patria, el pueblo o cualquier otra entelequia.
En ambos casos, anteponen la lógica de la razón de Estado –y con ello su brutalidad- por sobre la dignidad básica del individuo, desvalorizándolo finalmente.

Es decir, vuelven subjetiva la noción kantiana de que el ser humano es un fin en si mismo, digno en sí.

Por eso, si uno analiza los argumentos que da la gente para justificar dictaduras (de derecha o izquierda) ve que sea cual sea el caso, sólo son dignos algunos individuos. Sólo son dignos de derechos aquellos que calzan con la noción que consideran válida para simbolizar lo que entienden por bien general. Cualquier que se antepone o critica los fines propuestos por el príncipe, que puede ser un hombre o una ideología, no tiene dignidad.

Lo interesante y más irónico es que en ambos casos, plantean que su objeto es liberar al individuo porque valoran su libertad.

sábado, 20 de marzo de 2010

LOS GOBERNADORES DEBEN SER ELEGIDOS DEMOCRÁTICAMENTE

La elección a dedo que se hace de los gobernadores, sigue demostrando que las elites político-corporativas desconfían del criterio de los ciudadanos. La democracia sería más sana si estas “autoridades locales” fueran electas por los propios habitantes de la región.

La baja en el nombramiento de José Miguel Stegmeier como gobernado de la provincia del Bio Bio, debido a antecedentes que lo ligaban a Paul Schaefer supuestamente desconocidos para la nueva administración, aún cuando éste fue propuesto por su amigo, el senador y secretario general de la UDI, Víctor Pérez, nos indica varias cosas.

Primero, que la dedocracia y el amiguismo, a pesar del supuesto cambio de personas y criterios siguen operando sin problemas.

Segundo, que la pulcritud tan profusamente publicitada falló, pues si no es por la denuncia de un medio nadie se entera.

Tercero, que las elites políticas desconfían del criterio de los ciudadanos para elegir a sus autoridades locales.

Cuarto, que el centralismo del Estado, o el gobierno central, en desmedro de la mayor independencia de las regiones, lo defienden moros y cristianos.

No es pretensión de esta reflexión analizar el caso particular de Stegmeier, pues partimos de la base de que es claro que ninguna autoridad ni sector o gremio político, religioso, o de cualquier índole es infalible. El punto es otro y tiene relación con los ciudadanos y su supuesta soberanía sobre el Estado, el gobierno y sus funcionarios.

Hay en las elites políticas y en general, sin distinción alguna, una lógica de desconfianza en los ciudadanos comunes o de a pie (aunque ahora también tienen cuatro por cuatro y autos “enchulados), que se ha transmitido de generación en generación. Desde los tiempos de Portales, tal como Cristián Warnken lo hace notar en su última columna. Todos son autoritarios y centralistas.

Es cierto que el ciudadano de a pie también ha aportado a esa idea elitista en cuanto a la ausencia de virtud en el vulgo chilensis, pero la cosa no es tan sencilla. En el fondo, el argumento ha sido una simple justificación para el autoritarismo estatal -promovido por las flojas elites de turno y casi siempre justificado por los ciudadanos- desde los tiempos de la independencia.

Porque lo cierto es que esas elites, que han detentado el poder, no se han dado nunca el trabajo de educar a los “desvirtuados” sino que han adoptado la lógica más perezosa de todas, de decirles a esos faltos de virtud -cada cierto tiempo para que no se den cuenta- que como carecen de virtud, mejor que ellos no decidan nada y se sometan a la autoridad. Una clara retroalimentación.

La lógica es simple. Convencemos al tipo de que está loco y es peligroso, y le decimos que el cuerdo somos nosotros, y nada podemos hacer por él, más que amarrarle con camisa de fuerza. Entonces el pobre ignorante, convencido de su padecimiento y desconfiando de si mismo, cede toda su voluntad al déspota de turno.

Bajo esa idea, no es rara la cita claramente elitista y autoritaria de Portales que menciona Warnken: “La democracia, que tanto pregonan los ilusos, es un absurdo en países como los americanos, llenos de vicio y donde los ciudadanos carecen de toda virtud, como es necesario para establecer una verdadera república”. Y sigue “Entiendo la república para estos países como un gobierno fuerte, centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, y así enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y las virtudes. Cuando se hayan moralizado, venga el gobierno completamente liberal”.

Lo último es lo que no han hecho jamás las elites gobernantes. Porque lo que han llamado educación cívica más bien ha sido simple chauvinismo y feligresía patriotera. Un disciplinamiento hacia el autoritarismo y el centralismo máximo del poder estatal, pero poco de civismo y autogobierno se ha enseñado. Y ese es el problema.

Por eso, las elites, conscientes de su histórica pereza –lo que denota su poca virtud hereditaria- siguen desconfiando de lo que consideran el vulgo. Saben que no han hecho nunca nada por hacerlo cívicamente viable, sino solamente obediente y sometido.

A la vez, lo que podemos llamar el vulgo desconfía de si mismo y con razón, pues sabe no ha sido educado más que para obedecer mediante coacción.

La elite aún confía en si misma, Warnken lo demuestra en sus palabras: “me deja perplejo que una parte de la elite, que debiera ser nuestro modelo de virtud republicana y probidad”. Erróneamente el vulgo también.

viernes, 19 de marzo de 2010

REFLEXIONES SIMPLES SOBRE LA EXISTENCIA

El sentido de la vida ha sido una pregunta constante desde hace siglos. Ayer, viendo a Hard day´s night, pude constatar que esa pregunta es siempre sobre la vida de uno mismo y esta ligada con la duda –no la necesidad- de la trascendencia.

En otras palabras, las dudas en torno al sentido de la vida no buscan más que dirimir si debemos o no buscar la trascendencia, y cuáles deberían ser las formas de encontrarla según lo que de ella entendamos.

La duda sobre la trascendencia en cuanto a esa dualidad, a simple vista podría parecer una contraposición entre una lógica espiritual versus una lógica material. La pugna entre desarrollar nuestro mundo metafísico, el alma, o aprovechar nuestros recursos empíricos sensibles, el cuerpo.

Algunos dicen que sólo se logra desarrollando el mundo metafísico, el alma, el espíritu, el intelecto, ya sea a través de fórmulas religiosas, ideológicas, académicas, etc. Esa generalmente es la forma más aceptada por el común de la gente. Eso obviamente no quiere decir que por eso sea la correcta.

Por eso, la mayoría piensa que aquellos que dan más espacio al goce de sus sentidos inmediatos, se alejan de la trascendencia, a riesgo de pasar “sin pena ni gloria” por la vida como meros gozadores y ociosos.

Y justamente ayer también, pero mucho antes de relajarme viendo cantar a Los Beatles en su época de jóvenes e irónicos (y pensar que dos ya están muertos pero seguían vivos ahí en la pantalla) vi un papel ordinario donde se invitaba a “personas cultas y de credo” meditar sobre distintas elucubraciones varias.

El texto estaba lleno de esas mezclas verbales llenas de pirotecnia que hacen los que supuestamente ven el futuro o los que escriben libros de autoayuda, que en el fondo son simples enlaces y juegos de palabras sin mucho fondo.

Se llamaba a discutir sobre cosas extrañas y algo ridículas como la metafísica del superfluo introspectivo; o el conocimiento del yo bajo su propio prisma. O sea, algo que en lenguaje simple podemos llamar como análisis del ser humano común.

Porque aunque a algunos les duela, todos somos en parte superfluos y también introspectivos. Nadie es ciento por ciento espiritual como ese papel presuponía.

Y la comparación no tardó en llegar entre Los Beatles trascendiendo de la manera más simple que pueda pensarse, y el mensaje de un anónimo sectario con pretensión de supremo metafísico.

Pude visualizar que no necesariamente el desarrollo del mundo metafísico permite la trascendencia, sino que nos hace perder el tiempo cuando se vuelve un exceso en desmedro de la existencia más básica. Y entonces aquellos seres, llamémoslos metafísico, se crean imágenes erradas y ficticias de la vida y de sus propias vidas. No viven sus propias vidas, no las trascienden, tratando de decirles a otros como trascender.

Porque aquellos que están tratando de encontrar sólo en el mundo metafísico varias respuestas a la trascendencia y el sentido de sus vidas, sólo pierden el tiempo de aprovechar su vida sensible y por ende de vivir su vida realmente. Malgastan su propia trascendencia.

Entonces vi que aquellos que gozan del mundo sensible, de los placeres mundanos, los placeres de la carne, probablemente tienen más oportunidad de ver los caminos a la trascendencia de su propia vida.

Porque no se encierran en mundos irreales y ficticios de su mente, ni pretenden dar cátedra a otros sobre como vivir la vida sino que captan la esencia de la vida misma, que en definitiva es sólo su propia y única vida, con su placer, su dolor, con sus olores y superficies, con sus profundidades.

Y entonces, les es más valioso apreciar lo importante para ellos como individuos realmente vivientes, y para quienes les rodean. Aprecian su vida como algo real y presente, no como una entelequia. Porque quizás el hijo de aquel sujeto recuerda más un juego de fútbol que un tratado sobre la metafísica del yo complejo que éste mismo escribió.

Lo cierto es que viendo a los Beatles y su trascendencia simple pero profundamente sólida y extensa, pude visualizar que la trascendencia de la existencia no tiene sentido si olvidamos existir como somos. Porque en el fondo es una preocupación de los vivos, debido a su temor a no vivir lo suficiente y haber hecho poco. No es preocupación de los muertos.

Sobre todo, que importa muy poco buscarla en un sentido estricto porque es más probable que se la encuentre viviendo al máximo todo lo que podamos.

En el fondo, la trascendencia de un muerto, la miden los vivos, aún cuando al muerto ya le importe un carajo. ¿Ven algún sentido en eso?

martes, 16 de marzo de 2010

LA HORA DEL MUTUALISMO

Si de algo debe servir el terremoto sufrido hace algunos días, es para hacer presente la necesidad de organizaciones ciudadanas diversas, independientes y eficientes a nivel local. La forma en que se lleve a cabo la reconstrucción dependerá de lo activos que se tornen los ciudadanos en torno a ésta.
En los momentos más álgidos de cualquier catastrofe los individuos, las personas, sólo tienen a sus más cercanos inmediatos, familiares, amigos y vecinos como soporte para enfrentar la adversidad.
Las organizaciones centralizadas como el Estado -los políticos y funcionarios- las corporaciones empresariales y las iglesias aparecen mucho después para ofrecer auxilio.
Lo cierto es que la primera ayuda siempre es profundamente local, mutualista y anárquica. Nadie pide permiso para ayudar, ni escatima recursos, ni debe firmar papeles para repartir alimentos. Simplemente se ayuda libremente y sin mirar a quien. Obviamente, al hacer esta apreciación, descartamos de plano la acción lumpen de ciertos individuos que se aprovechan de la situación de vulnerabilidad para atentar contra otros ciudadanos.
Por eso, el terremoto demostró que ninguna organización centralizada -sea el Estado o una Corporación empresarial- es capaz de medir los riesgos y dar respuesta satisfactoria e inmediata a problemas suscitados en varios puntos a la vez, como ocurre con un sismo.
Algunos pensarán en Bomberos. Sin embargo, a pesar de ser una organización central, en el fondo es una organización profundamente localista y federal en su funcionamiento, debido a su caracter voluntario.
Por eso, si de algo debe servir el terremoto sufrido hace algunos días, es para hacer presente la necesidad de organizaciones ciudadanas diversas, independientes de cualquier órgano centralista y eficientes a nivel local. La forma en que se lleve a cabo la reconstrucción dependerá de lo activos que se tornen los ciudadanos en torno a ésta, sin depender de lo establecido por el gobierno.
Los obreros, pescadores y los campesinos podrían asociarse a todo tipo de organizaciones, cajas de resistencia, cooperativas de vivienda, de consumo y de producción, escuelas, radios, pequeñas y medianas empresas, etc.
Porque se debe tener claro que son los ciudadanos los que deben poner las condiciones y no el Estado en cuanto a cómo se reconstruyen sus pueblos y ciudades. De lo contrario, entonces deben organizarse y autogestionar sus propias obras, empresas, intercambios y ayuda mutua a nivel local con mayor fuerza.
Como dice Roderick Long: "los colegios públicos deberían ser disueltos, y los colegios barriales o comunitarios transformados en cooperativas de consumidores directamente controladas por alguna combinación de profesores y padres de alumnos. Los hospitales públicos deberían ser transformados en instituciones genuinamente públicas: cooperativas participativas gobernadas por representantes de los pacientes, de los médicos y del personal de enfermería, y otro personal hospitalario".

martes, 9 de marzo de 2010

CHILE, HERMOSA FACHADA CON FALLAS ESTRUCTURALES

Como a los edificios nuevos y supuestamente antisísmicos, que mostraron tras sus hermosas fachadas sus fallas estructurales, el terremoto en Chile derrumbó la fachada simbólica que escondía una estructura social profundamente desigual.

Antes del día 27 de febrero de 2010, las expectativas políticas, económicas y sociales en Chile giraban en torno a la celebración del Bicentenario. En todas partes parecía haber un optimismo enorme, pues se consideraba que estaban todas las condiciones políticas y económicas para derrotar definitivamente aquellos aspectos irresueltos, que nos recordaban que aún seguimos siendo un país en desarrollo.

De madrugada, la naturaleza con un golpe certero, derrumbó aquel frontis de optimismo y soberbia, dejando visible los verdaderos y debilitados cimientos sobre los que se ha sustentado la sociedad chilena en los últimos años. Un modelo crony capitalista, marcado por la desigualdad social sedimentada, y un Estado (incluidos sus órganos y aparato legal y normativo) estupefacto, confundido e indispuesto ante algo que de “inesperado” tenía poco.

Probablemente ahora es menos perceptible tal apreciación del derrumbe de la fachada simbólica detrás de la cual se esconde la debilidad estructural chilena, debido a la gran cobertura periodística y la acción publicitaria del gobierno y las grandes empresas en torno a la ayuda a los damnificados. Sin embargo, se hará notoria cuando el espíritu de la reconstrucción comience a bajar la intensidad.

Se hará aun más visible cuando las elites políticas sientan que su acción de ayuda no es necesaria, que ya no hay dividendos políticos por ella y vuelvan a sus disputas partidarias electorales; y cuando por otro lado las empresas vean que el efecto publicitario de su ayuda ya no surte el efecto deseado sobre los consumidores. Entonces probablemente no habrá más ayuda como la vista hasta ahora. Y llegará el invierno, el frío y la lluvia.

Entonces se hará notorio el verdadero derrumbe social que provocó el terremoto. Las miles de personas sin casa cuyas viviendas obtenidas con enorme esfuerzo y enorme endeudamiento –en su mayoría sin seguros- fueron destruidas por el terremoto, el tsunami o están a punto de derrumbarse por la negligencia a de inmobiliarias y constructoras inescrupulosas (lo que genera un problema a nivel de confianzas pues si la fiscalización es ineficiente y el vendedor inescrupuloso, comprar un departamento es simplemente un acto de fe).

Se hará visible la indefensión de muchos individuos que hoy están en la calle simplemente con lo puesto, que perdieron sus casas o fuentes de trabajo, y que probablemente ya pasado bastante tiempo después del terremoto, aún estarán con una vivienda de emergencia básica, mientras el gobierno de turno les pide paciencia y las grandes corporaciones miran para otro lado pues su situación ya no es rentable.

Algunos probablemente aún estarán gastando dinero en largas batallas legales contra quienes les vendieron edificios fuera de norma, de cartón y alambre fino, como si fueran indestructibles; otros permanecerán de allegados o en sus viviendas básicas pues se les hará difícil obtener créditos para comprar una nueva vivienda.

Se hará visible cuando miles de chilenos queden sin atención de salud porque los hospitales públicos se derrumbaron en varias ciudades y el sistema de salud públic no tenía un registro de sus pacientes, los cuales además, no serán aceptados en el sistema privado (Isapres) pues bo cuentan con dinero suficiente o tienen enfermedades que dichas entidades no aceptan.

Probablemente en un tiempo más a muchos se les olvidará que el terremoto no sólo fue un sismo de tres minutos, sino que algo que altero toda la fisonomía del país, porque tendremos más campamentos que antes del 27 de febrero.

Esa es quizás la falla estructural principal. La sociedad civil débil. Porque el terremoto reflejó que se hace necesaria una sociedad civil mucho más rica y organizada a nivel local, más exigente e independiente, que no penda del Estado central y sus organismos -que se mostraron improvisadores- y tampoco de la posterior solidaridad efímera, sobre publicitada y oportunista de las grandes corporaciones.

viernes, 5 de marzo de 2010

EL PUEBLO TRAICIONÓ AL PUEBLO

Los actos de pillaje y saqueos de electrodomésticos, sólo demostraron que esa entelequia que algunos llaman "pueblo", atentó contra si mismo en un momento de máxima necesidad.

Esto es lo que deben sacar, no los televisores” decía un hombre con tarros de leche en sus manos, ante la cámara de televisión. Su apelación era clara, el saqueo de televisores era injustificado.

Lo que en el fondo pedía desesperadamente el hombre era que “el pueblo” no se traicionara a sí mismo en ese momento. Que no traicionara la lógica colectiva y de cooperación que posiblemente él pensaba que existía y que se hacía tan necesaria. Pero, así lo hizo una parte de éste, saqueando, quemando supermercados, saqueando lo que estuviera por delante y tratando de asaltar a los bomberos que ayudaban a otros.

Parte de ese “pueblo” (hay que individualizarlos en todo caso y no hablar de entelequias para no confundir a un anciano pobre con un flaite roba lavadoras) hizo que poblaciones enteras, ante los ojos de las autoridades civiles y militares, quedarán sin distinción alguna como barrios de lumpen, sufriendo un castigo posterior poco considerado, ser los últimos abastecidos. Como dicen por ahí: Pagaron justos por pecadores. El pueblo se traicionó a sí mismo.

En otras palabras, una parte de ese colectivo abstracto traicionó a otra, anteponiendo sus ambiciones personales más básicas y superfluas. Se traicionaron por plasmas, por LCD, por cervezas. Por eso, para el hombre con los tarros de leche, ese hurto era injustificado, incluso con la desigualdad social de base que probablemente él también reconoce.

Esa ambición superflua -ni siquiera instintiva, porque un LCD no se digiere bien- y la incapacidad de autogobierno, se sumó a la ineficiencia estatal para garantizar la integridad de las personas durante las primeras horas después del terremoto.

Los saqueadores -hurtando plasmas, intentando asaltar bomberos, llenando sus camionetas con sacos de harina para probablemente después especular con el pan- no arremetían contra el sistema, ni por revancha a la desigualdad, ni por necesidad “del pueblo”. Tampoco lo hacían como una forma de igualar la mentalidad de consumo capitalista, como algunos han tratado de justificar, sino por mera ambición y egoísmo personal. Por mero gusto individual.

Ningún daño le hacían a la propiedad privada “de los ricos” al saquear los grandes negocios pues todo eso está asegurado. Sí contra la propiedad privada de otras personas, al pretender saquear a los pequeños propietarios de negocios como bazares o quioscos.

Porque el lumpen -no satisfecho con “robar a los ricos”- las emprendió contra sus propios vecinos (personas en igual condición de pobreza y necesidad, pero más dignas) lo que develó que algunos que se escudan en “el pueblo” para ciertas cosas, se vuelven los lobos del mismo. La acción lógica de los vecinos (pudientes y no pudientes) -ante la incapacidad del Estado de garantizar su seguridad- fue devolver el uso de la fuerza a sus manos y organizar la autodefensa de sus barrios y sus cosas, muchas o pocas, pero sus cosas. Y este es el punto central del desdén.

Cuando en la ciudad prácticamente no había autoridad impuesta, y se hacía posible y necesaria la acción libre y cooperativa de los ciudadanos. El “pueblo unido…”no existía. Por eso, la acción del lumpen (roba TV) no tuvo ningún trasfondo contra la autoridad impuesta sino todo lo contrario. La reforzó.

Porque el saqueo y la amenaza no sólo se cernían sobre grandes tiendas y supermercados, sino también sobre almacenes y pequeños negocios, cuyos propietarios –porque ellos también tienen propiedad privada- con esfuerzo y trabajo habían logrado tener.

Por eso es errado lo que algunos han planteado, en cuanto a que las autoridades protegían más la propiedad privada por sobre la vida de las personas, aún cuando es claro que los saqueadores no sólo estaban poniendo en riesgo la propiedad privada de grandes empresas en el centro de la ciudad de Concepción, sino también la poca propiedad de personas humildes, trabajadores, ancianos. En definitiva de parte del “pueblo”. Ponían en riesgo sobre todo su integridad, su máxima propiedad, la vida.

Ese pueblo saqueando no tenía conciencia de sí ni para sí. No debemos confundir el hambre con la ambición y con aprovecharse del pánico. Sabemos que la desigualdad social existe, pero eso no justifica que algunos que se llaman y consideran el pueblo terminen comiéndose al mismo pueblo.