viernes, 19 de marzo de 2010

REFLEXIONES SIMPLES SOBRE LA EXISTENCIA

El sentido de la vida ha sido una pregunta constante desde hace siglos. Ayer, viendo a Hard day´s night, pude constatar que esa pregunta es siempre sobre la vida de uno mismo y esta ligada con la duda –no la necesidad- de la trascendencia.

En otras palabras, las dudas en torno al sentido de la vida no buscan más que dirimir si debemos o no buscar la trascendencia, y cuáles deberían ser las formas de encontrarla según lo que de ella entendamos.

La duda sobre la trascendencia en cuanto a esa dualidad, a simple vista podría parecer una contraposición entre una lógica espiritual versus una lógica material. La pugna entre desarrollar nuestro mundo metafísico, el alma, o aprovechar nuestros recursos empíricos sensibles, el cuerpo.

Algunos dicen que sólo se logra desarrollando el mundo metafísico, el alma, el espíritu, el intelecto, ya sea a través de fórmulas religiosas, ideológicas, académicas, etc. Esa generalmente es la forma más aceptada por el común de la gente. Eso obviamente no quiere decir que por eso sea la correcta.

Por eso, la mayoría piensa que aquellos que dan más espacio al goce de sus sentidos inmediatos, se alejan de la trascendencia, a riesgo de pasar “sin pena ni gloria” por la vida como meros gozadores y ociosos.

Y justamente ayer también, pero mucho antes de relajarme viendo cantar a Los Beatles en su época de jóvenes e irónicos (y pensar que dos ya están muertos pero seguían vivos ahí en la pantalla) vi un papel ordinario donde se invitaba a “personas cultas y de credo” meditar sobre distintas elucubraciones varias.

El texto estaba lleno de esas mezclas verbales llenas de pirotecnia que hacen los que supuestamente ven el futuro o los que escriben libros de autoayuda, que en el fondo son simples enlaces y juegos de palabras sin mucho fondo.

Se llamaba a discutir sobre cosas extrañas y algo ridículas como la metafísica del superfluo introspectivo; o el conocimiento del yo bajo su propio prisma. O sea, algo que en lenguaje simple podemos llamar como análisis del ser humano común.

Porque aunque a algunos les duela, todos somos en parte superfluos y también introspectivos. Nadie es ciento por ciento espiritual como ese papel presuponía.

Y la comparación no tardó en llegar entre Los Beatles trascendiendo de la manera más simple que pueda pensarse, y el mensaje de un anónimo sectario con pretensión de supremo metafísico.

Pude visualizar que no necesariamente el desarrollo del mundo metafísico permite la trascendencia, sino que nos hace perder el tiempo cuando se vuelve un exceso en desmedro de la existencia más básica. Y entonces aquellos seres, llamémoslos metafísico, se crean imágenes erradas y ficticias de la vida y de sus propias vidas. No viven sus propias vidas, no las trascienden, tratando de decirles a otros como trascender.

Porque aquellos que están tratando de encontrar sólo en el mundo metafísico varias respuestas a la trascendencia y el sentido de sus vidas, sólo pierden el tiempo de aprovechar su vida sensible y por ende de vivir su vida realmente. Malgastan su propia trascendencia.

Entonces vi que aquellos que gozan del mundo sensible, de los placeres mundanos, los placeres de la carne, probablemente tienen más oportunidad de ver los caminos a la trascendencia de su propia vida.

Porque no se encierran en mundos irreales y ficticios de su mente, ni pretenden dar cátedra a otros sobre como vivir la vida sino que captan la esencia de la vida misma, que en definitiva es sólo su propia y única vida, con su placer, su dolor, con sus olores y superficies, con sus profundidades.

Y entonces, les es más valioso apreciar lo importante para ellos como individuos realmente vivientes, y para quienes les rodean. Aprecian su vida como algo real y presente, no como una entelequia. Porque quizás el hijo de aquel sujeto recuerda más un juego de fútbol que un tratado sobre la metafísica del yo complejo que éste mismo escribió.

Lo cierto es que viendo a los Beatles y su trascendencia simple pero profundamente sólida y extensa, pude visualizar que la trascendencia de la existencia no tiene sentido si olvidamos existir como somos. Porque en el fondo es una preocupación de los vivos, debido a su temor a no vivir lo suficiente y haber hecho poco. No es preocupación de los muertos.

Sobre todo, que importa muy poco buscarla en un sentido estricto porque es más probable que se la encuentre viviendo al máximo todo lo que podamos.

En el fondo, la trascendencia de un muerto, la miden los vivos, aún cuando al muerto ya le importe un carajo. ¿Ven algún sentido en eso?

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