sábado, 20 de marzo de 2010

LOS GOBERNADORES DEBEN SER ELEGIDOS DEMOCRÁTICAMENTE

La elección a dedo que se hace de los gobernadores, sigue demostrando que las elites político-corporativas desconfían del criterio de los ciudadanos. La democracia sería más sana si estas “autoridades locales” fueran electas por los propios habitantes de la región.

La baja en el nombramiento de José Miguel Stegmeier como gobernado de la provincia del Bio Bio, debido a antecedentes que lo ligaban a Paul Schaefer supuestamente desconocidos para la nueva administración, aún cuando éste fue propuesto por su amigo, el senador y secretario general de la UDI, Víctor Pérez, nos indica varias cosas.

Primero, que la dedocracia y el amiguismo, a pesar del supuesto cambio de personas y criterios siguen operando sin problemas.

Segundo, que la pulcritud tan profusamente publicitada falló, pues si no es por la denuncia de un medio nadie se entera.

Tercero, que las elites políticas desconfían del criterio de los ciudadanos para elegir a sus autoridades locales.

Cuarto, que el centralismo del Estado, o el gobierno central, en desmedro de la mayor independencia de las regiones, lo defienden moros y cristianos.

No es pretensión de esta reflexión analizar el caso particular de Stegmeier, pues partimos de la base de que es claro que ninguna autoridad ni sector o gremio político, religioso, o de cualquier índole es infalible. El punto es otro y tiene relación con los ciudadanos y su supuesta soberanía sobre el Estado, el gobierno y sus funcionarios.

Hay en las elites políticas y en general, sin distinción alguna, una lógica de desconfianza en los ciudadanos comunes o de a pie (aunque ahora también tienen cuatro por cuatro y autos “enchulados), que se ha transmitido de generación en generación. Desde los tiempos de Portales, tal como Cristián Warnken lo hace notar en su última columna. Todos son autoritarios y centralistas.

Es cierto que el ciudadano de a pie también ha aportado a esa idea elitista en cuanto a la ausencia de virtud en el vulgo chilensis, pero la cosa no es tan sencilla. En el fondo, el argumento ha sido una simple justificación para el autoritarismo estatal -promovido por las flojas elites de turno y casi siempre justificado por los ciudadanos- desde los tiempos de la independencia.

Porque lo cierto es que esas elites, que han detentado el poder, no se han dado nunca el trabajo de educar a los “desvirtuados” sino que han adoptado la lógica más perezosa de todas, de decirles a esos faltos de virtud -cada cierto tiempo para que no se den cuenta- que como carecen de virtud, mejor que ellos no decidan nada y se sometan a la autoridad. Una clara retroalimentación.

La lógica es simple. Convencemos al tipo de que está loco y es peligroso, y le decimos que el cuerdo somos nosotros, y nada podemos hacer por él, más que amarrarle con camisa de fuerza. Entonces el pobre ignorante, convencido de su padecimiento y desconfiando de si mismo, cede toda su voluntad al déspota de turno.

Bajo esa idea, no es rara la cita claramente elitista y autoritaria de Portales que menciona Warnken: “La democracia, que tanto pregonan los ilusos, es un absurdo en países como los americanos, llenos de vicio y donde los ciudadanos carecen de toda virtud, como es necesario para establecer una verdadera república”. Y sigue “Entiendo la república para estos países como un gobierno fuerte, centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, y así enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y las virtudes. Cuando se hayan moralizado, venga el gobierno completamente liberal”.

Lo último es lo que no han hecho jamás las elites gobernantes. Porque lo que han llamado educación cívica más bien ha sido simple chauvinismo y feligresía patriotera. Un disciplinamiento hacia el autoritarismo y el centralismo máximo del poder estatal, pero poco de civismo y autogobierno se ha enseñado. Y ese es el problema.

Por eso, las elites, conscientes de su histórica pereza –lo que denota su poca virtud hereditaria- siguen desconfiando de lo que consideran el vulgo. Saben que no han hecho nunca nada por hacerlo cívicamente viable, sino solamente obediente y sometido.

A la vez, lo que podemos llamar el vulgo desconfía de si mismo y con razón, pues sabe no ha sido educado más que para obedecer mediante coacción.

La elite aún confía en si misma, Warnken lo demuestra en sus palabras: “me deja perplejo que una parte de la elite, que debiera ser nuestro modelo de virtud republicana y probidad”. Erróneamente el vulgo también.

viernes, 19 de marzo de 2010

REFLEXIONES SIMPLES SOBRE LA EXISTENCIA

El sentido de la vida ha sido una pregunta constante desde hace siglos. Ayer, viendo a Hard day´s night, pude constatar que esa pregunta es siempre sobre la vida de uno mismo y esta ligada con la duda –no la necesidad- de la trascendencia.

En otras palabras, las dudas en torno al sentido de la vida no buscan más que dirimir si debemos o no buscar la trascendencia, y cuáles deberían ser las formas de encontrarla según lo que de ella entendamos.

La duda sobre la trascendencia en cuanto a esa dualidad, a simple vista podría parecer una contraposición entre una lógica espiritual versus una lógica material. La pugna entre desarrollar nuestro mundo metafísico, el alma, o aprovechar nuestros recursos empíricos sensibles, el cuerpo.

Algunos dicen que sólo se logra desarrollando el mundo metafísico, el alma, el espíritu, el intelecto, ya sea a través de fórmulas religiosas, ideológicas, académicas, etc. Esa generalmente es la forma más aceptada por el común de la gente. Eso obviamente no quiere decir que por eso sea la correcta.

Por eso, la mayoría piensa que aquellos que dan más espacio al goce de sus sentidos inmediatos, se alejan de la trascendencia, a riesgo de pasar “sin pena ni gloria” por la vida como meros gozadores y ociosos.

Y justamente ayer también, pero mucho antes de relajarme viendo cantar a Los Beatles en su época de jóvenes e irónicos (y pensar que dos ya están muertos pero seguían vivos ahí en la pantalla) vi un papel ordinario donde se invitaba a “personas cultas y de credo” meditar sobre distintas elucubraciones varias.

El texto estaba lleno de esas mezclas verbales llenas de pirotecnia que hacen los que supuestamente ven el futuro o los que escriben libros de autoayuda, que en el fondo son simples enlaces y juegos de palabras sin mucho fondo.

Se llamaba a discutir sobre cosas extrañas y algo ridículas como la metafísica del superfluo introspectivo; o el conocimiento del yo bajo su propio prisma. O sea, algo que en lenguaje simple podemos llamar como análisis del ser humano común.

Porque aunque a algunos les duela, todos somos en parte superfluos y también introspectivos. Nadie es ciento por ciento espiritual como ese papel presuponía.

Y la comparación no tardó en llegar entre Los Beatles trascendiendo de la manera más simple que pueda pensarse, y el mensaje de un anónimo sectario con pretensión de supremo metafísico.

Pude visualizar que no necesariamente el desarrollo del mundo metafísico permite la trascendencia, sino que nos hace perder el tiempo cuando se vuelve un exceso en desmedro de la existencia más básica. Y entonces aquellos seres, llamémoslos metafísico, se crean imágenes erradas y ficticias de la vida y de sus propias vidas. No viven sus propias vidas, no las trascienden, tratando de decirles a otros como trascender.

Porque aquellos que están tratando de encontrar sólo en el mundo metafísico varias respuestas a la trascendencia y el sentido de sus vidas, sólo pierden el tiempo de aprovechar su vida sensible y por ende de vivir su vida realmente. Malgastan su propia trascendencia.

Entonces vi que aquellos que gozan del mundo sensible, de los placeres mundanos, los placeres de la carne, probablemente tienen más oportunidad de ver los caminos a la trascendencia de su propia vida.

Porque no se encierran en mundos irreales y ficticios de su mente, ni pretenden dar cátedra a otros sobre como vivir la vida sino que captan la esencia de la vida misma, que en definitiva es sólo su propia y única vida, con su placer, su dolor, con sus olores y superficies, con sus profundidades.

Y entonces, les es más valioso apreciar lo importante para ellos como individuos realmente vivientes, y para quienes les rodean. Aprecian su vida como algo real y presente, no como una entelequia. Porque quizás el hijo de aquel sujeto recuerda más un juego de fútbol que un tratado sobre la metafísica del yo complejo que éste mismo escribió.

Lo cierto es que viendo a los Beatles y su trascendencia simple pero profundamente sólida y extensa, pude visualizar que la trascendencia de la existencia no tiene sentido si olvidamos existir como somos. Porque en el fondo es una preocupación de los vivos, debido a su temor a no vivir lo suficiente y haber hecho poco. No es preocupación de los muertos.

Sobre todo, que importa muy poco buscarla en un sentido estricto porque es más probable que se la encuentre viviendo al máximo todo lo que podamos.

En el fondo, la trascendencia de un muerto, la miden los vivos, aún cuando al muerto ya le importe un carajo. ¿Ven algún sentido en eso?

martes, 16 de marzo de 2010

LA HORA DEL MUTUALISMO

Si de algo debe servir el terremoto sufrido hace algunos días, es para hacer presente la necesidad de organizaciones ciudadanas diversas, independientes y eficientes a nivel local. La forma en que se lleve a cabo la reconstrucción dependerá de lo activos que se tornen los ciudadanos en torno a ésta.
En los momentos más álgidos de cualquier catastrofe los individuos, las personas, sólo tienen a sus más cercanos inmediatos, familiares, amigos y vecinos como soporte para enfrentar la adversidad.
Las organizaciones centralizadas como el Estado -los políticos y funcionarios- las corporaciones empresariales y las iglesias aparecen mucho después para ofrecer auxilio.
Lo cierto es que la primera ayuda siempre es profundamente local, mutualista y anárquica. Nadie pide permiso para ayudar, ni escatima recursos, ni debe firmar papeles para repartir alimentos. Simplemente se ayuda libremente y sin mirar a quien. Obviamente, al hacer esta apreciación, descartamos de plano la acción lumpen de ciertos individuos que se aprovechan de la situación de vulnerabilidad para atentar contra otros ciudadanos.
Por eso, el terremoto demostró que ninguna organización centralizada -sea el Estado o una Corporación empresarial- es capaz de medir los riesgos y dar respuesta satisfactoria e inmediata a problemas suscitados en varios puntos a la vez, como ocurre con un sismo.
Algunos pensarán en Bomberos. Sin embargo, a pesar de ser una organización central, en el fondo es una organización profundamente localista y federal en su funcionamiento, debido a su caracter voluntario.
Por eso, si de algo debe servir el terremoto sufrido hace algunos días, es para hacer presente la necesidad de organizaciones ciudadanas diversas, independientes de cualquier órgano centralista y eficientes a nivel local. La forma en que se lleve a cabo la reconstrucción dependerá de lo activos que se tornen los ciudadanos en torno a ésta, sin depender de lo establecido por el gobierno.
Los obreros, pescadores y los campesinos podrían asociarse a todo tipo de organizaciones, cajas de resistencia, cooperativas de vivienda, de consumo y de producción, escuelas, radios, pequeñas y medianas empresas, etc.
Porque se debe tener claro que son los ciudadanos los que deben poner las condiciones y no el Estado en cuanto a cómo se reconstruyen sus pueblos y ciudades. De lo contrario, entonces deben organizarse y autogestionar sus propias obras, empresas, intercambios y ayuda mutua a nivel local con mayor fuerza.
Como dice Roderick Long: "los colegios públicos deberían ser disueltos, y los colegios barriales o comunitarios transformados en cooperativas de consumidores directamente controladas por alguna combinación de profesores y padres de alumnos. Los hospitales públicos deberían ser transformados en instituciones genuinamente públicas: cooperativas participativas gobernadas por representantes de los pacientes, de los médicos y del personal de enfermería, y otro personal hospitalario".

martes, 9 de marzo de 2010

CHILE, HERMOSA FACHADA CON FALLAS ESTRUCTURALES

Como a los edificios nuevos y supuestamente antisísmicos, que mostraron tras sus hermosas fachadas sus fallas estructurales, el terremoto en Chile derrumbó la fachada simbólica que escondía una estructura social profundamente desigual.

Antes del día 27 de febrero de 2010, las expectativas políticas, económicas y sociales en Chile giraban en torno a la celebración del Bicentenario. En todas partes parecía haber un optimismo enorme, pues se consideraba que estaban todas las condiciones políticas y económicas para derrotar definitivamente aquellos aspectos irresueltos, que nos recordaban que aún seguimos siendo un país en desarrollo.

De madrugada, la naturaleza con un golpe certero, derrumbó aquel frontis de optimismo y soberbia, dejando visible los verdaderos y debilitados cimientos sobre los que se ha sustentado la sociedad chilena en los últimos años. Un modelo crony capitalista, marcado por la desigualdad social sedimentada, y un Estado (incluidos sus órganos y aparato legal y normativo) estupefacto, confundido e indispuesto ante algo que de “inesperado” tenía poco.

Probablemente ahora es menos perceptible tal apreciación del derrumbe de la fachada simbólica detrás de la cual se esconde la debilidad estructural chilena, debido a la gran cobertura periodística y la acción publicitaria del gobierno y las grandes empresas en torno a la ayuda a los damnificados. Sin embargo, se hará notoria cuando el espíritu de la reconstrucción comience a bajar la intensidad.

Se hará aun más visible cuando las elites políticas sientan que su acción de ayuda no es necesaria, que ya no hay dividendos políticos por ella y vuelvan a sus disputas partidarias electorales; y cuando por otro lado las empresas vean que el efecto publicitario de su ayuda ya no surte el efecto deseado sobre los consumidores. Entonces probablemente no habrá más ayuda como la vista hasta ahora. Y llegará el invierno, el frío y la lluvia.

Entonces se hará notorio el verdadero derrumbe social que provocó el terremoto. Las miles de personas sin casa cuyas viviendas obtenidas con enorme esfuerzo y enorme endeudamiento –en su mayoría sin seguros- fueron destruidas por el terremoto, el tsunami o están a punto de derrumbarse por la negligencia a de inmobiliarias y constructoras inescrupulosas (lo que genera un problema a nivel de confianzas pues si la fiscalización es ineficiente y el vendedor inescrupuloso, comprar un departamento es simplemente un acto de fe).

Se hará visible la indefensión de muchos individuos que hoy están en la calle simplemente con lo puesto, que perdieron sus casas o fuentes de trabajo, y que probablemente ya pasado bastante tiempo después del terremoto, aún estarán con una vivienda de emergencia básica, mientras el gobierno de turno les pide paciencia y las grandes corporaciones miran para otro lado pues su situación ya no es rentable.

Algunos probablemente aún estarán gastando dinero en largas batallas legales contra quienes les vendieron edificios fuera de norma, de cartón y alambre fino, como si fueran indestructibles; otros permanecerán de allegados o en sus viviendas básicas pues se les hará difícil obtener créditos para comprar una nueva vivienda.

Se hará visible cuando miles de chilenos queden sin atención de salud porque los hospitales públicos se derrumbaron en varias ciudades y el sistema de salud públic no tenía un registro de sus pacientes, los cuales además, no serán aceptados en el sistema privado (Isapres) pues bo cuentan con dinero suficiente o tienen enfermedades que dichas entidades no aceptan.

Probablemente en un tiempo más a muchos se les olvidará que el terremoto no sólo fue un sismo de tres minutos, sino que algo que altero toda la fisonomía del país, porque tendremos más campamentos que antes del 27 de febrero.

Esa es quizás la falla estructural principal. La sociedad civil débil. Porque el terremoto reflejó que se hace necesaria una sociedad civil mucho más rica y organizada a nivel local, más exigente e independiente, que no penda del Estado central y sus organismos -que se mostraron improvisadores- y tampoco de la posterior solidaridad efímera, sobre publicitada y oportunista de las grandes corporaciones.

viernes, 5 de marzo de 2010

EL PUEBLO TRAICIONÓ AL PUEBLO

Los actos de pillaje y saqueos de electrodomésticos, sólo demostraron que esa entelequia que algunos llaman "pueblo", atentó contra si mismo en un momento de máxima necesidad.

Esto es lo que deben sacar, no los televisores” decía un hombre con tarros de leche en sus manos, ante la cámara de televisión. Su apelación era clara, el saqueo de televisores era injustificado.

Lo que en el fondo pedía desesperadamente el hombre era que “el pueblo” no se traicionara a sí mismo en ese momento. Que no traicionara la lógica colectiva y de cooperación que posiblemente él pensaba que existía y que se hacía tan necesaria. Pero, así lo hizo una parte de éste, saqueando, quemando supermercados, saqueando lo que estuviera por delante y tratando de asaltar a los bomberos que ayudaban a otros.

Parte de ese “pueblo” (hay que individualizarlos en todo caso y no hablar de entelequias para no confundir a un anciano pobre con un flaite roba lavadoras) hizo que poblaciones enteras, ante los ojos de las autoridades civiles y militares, quedarán sin distinción alguna como barrios de lumpen, sufriendo un castigo posterior poco considerado, ser los últimos abastecidos. Como dicen por ahí: Pagaron justos por pecadores. El pueblo se traicionó a sí mismo.

En otras palabras, una parte de ese colectivo abstracto traicionó a otra, anteponiendo sus ambiciones personales más básicas y superfluas. Se traicionaron por plasmas, por LCD, por cervezas. Por eso, para el hombre con los tarros de leche, ese hurto era injustificado, incluso con la desigualdad social de base que probablemente él también reconoce.

Esa ambición superflua -ni siquiera instintiva, porque un LCD no se digiere bien- y la incapacidad de autogobierno, se sumó a la ineficiencia estatal para garantizar la integridad de las personas durante las primeras horas después del terremoto.

Los saqueadores -hurtando plasmas, intentando asaltar bomberos, llenando sus camionetas con sacos de harina para probablemente después especular con el pan- no arremetían contra el sistema, ni por revancha a la desigualdad, ni por necesidad “del pueblo”. Tampoco lo hacían como una forma de igualar la mentalidad de consumo capitalista, como algunos han tratado de justificar, sino por mera ambición y egoísmo personal. Por mero gusto individual.

Ningún daño le hacían a la propiedad privada “de los ricos” al saquear los grandes negocios pues todo eso está asegurado. Sí contra la propiedad privada de otras personas, al pretender saquear a los pequeños propietarios de negocios como bazares o quioscos.

Porque el lumpen -no satisfecho con “robar a los ricos”- las emprendió contra sus propios vecinos (personas en igual condición de pobreza y necesidad, pero más dignas) lo que develó que algunos que se escudan en “el pueblo” para ciertas cosas, se vuelven los lobos del mismo. La acción lógica de los vecinos (pudientes y no pudientes) -ante la incapacidad del Estado de garantizar su seguridad- fue devolver el uso de la fuerza a sus manos y organizar la autodefensa de sus barrios y sus cosas, muchas o pocas, pero sus cosas. Y este es el punto central del desdén.

Cuando en la ciudad prácticamente no había autoridad impuesta, y se hacía posible y necesaria la acción libre y cooperativa de los ciudadanos. El “pueblo unido…”no existía. Por eso, la acción del lumpen (roba TV) no tuvo ningún trasfondo contra la autoridad impuesta sino todo lo contrario. La reforzó.

Porque el saqueo y la amenaza no sólo se cernían sobre grandes tiendas y supermercados, sino también sobre almacenes y pequeños negocios, cuyos propietarios –porque ellos también tienen propiedad privada- con esfuerzo y trabajo habían logrado tener.

Por eso es errado lo que algunos han planteado, en cuanto a que las autoridades protegían más la propiedad privada por sobre la vida de las personas, aún cuando es claro que los saqueadores no sólo estaban poniendo en riesgo la propiedad privada de grandes empresas en el centro de la ciudad de Concepción, sino también la poca propiedad de personas humildes, trabajadores, ancianos. En definitiva de parte del “pueblo”. Ponían en riesgo sobre todo su integridad, su máxima propiedad, la vida.

Ese pueblo saqueando no tenía conciencia de sí ni para sí. No debemos confundir el hambre con la ambición y con aprovecharse del pánico. Sabemos que la desigualdad social existe, pero eso no justifica que algunos que se llaman y consideran el pueblo terminen comiéndose al mismo pueblo.

viernes, 26 de febrero de 2010

CINCO MITOS SOBRE EL ANARQUISMO

La mayoría de las personas al escuchar la palabra anarquismo, la relaciona con ideas negativas como violencia, destrucción, desorden, irrespeto, vagancia y caos, lo que demuestra que conocen muchos mitos pero nada de la doctrina anarquista.

Veamos algunos de esos mitos sobre la Idea.

1. mito: El anarquismo promueve la violencia.
Una de los mitos más difundidos es el que considera que el pensamiento anarquista es una doctrina que simplemente promueve la violencia. Esto, en parte se debe a que en general se conocen más las acciones de algunos lumpen (autodenominados anarquistas), o la historia de personajes como Necháyev, pero nada de los planteamientos teóricos de los autores anarquistas en sus diversas vertientes.

El anarquismo plantea claramente su contraposición contra el Estado (en cualquiera de sus formas, ya sea pontificio, racional-legal, dictatorial) y cualquier forma de coacción “coerción externa, sea de orden gubernamental, ético, intelectual o económico”. Sin embargo, las vías -que han planteado los diversos autores- para llegar a la desaparición de la coacción institucional han variado en el tiempo, según el contexto en que los autores han planteado sus ideas.

Así por ejemplo, Bakunin, Kropotkin y Malatesta, son claramente más agresivos que otros anarquistas como Tucker o Thoreau en cuanto a cómo luchar contra el Estado, puesto que desarrollan sus planteamientos bajo un régimen zarista autocrático y claramente represivo.

Pero incluso estos autores, rechazaban la violencia “irracional” de personajes como Necháyev. En este sentido, veían la violencia como una forma de defensa en relación a la acción represora del Estado y no de agresión gratuita.

Por otro lado, los anarquistas individualistas o filosóficos como los de la tradición estadounidense como el ya mencionado Tucker, promueven el pacifismo, rechazan la conscripción militar por considerarla una forma de esclavitud y no creen en la revolución violenta como método para llevar a cabo los cambios sociales.

Lo anterior se debe a que la contraposición anarquista a cualquier forma de coacción se sustenta en la defensa de la autonomía del individuo y la libertad como un derecho natural. De esto, deriva el denominado axioma de no agresión –defendido por anarco capitalistas y mutualistas- que plantea que la sociedad es libre cuando no existe coacción sobre los sujetos, y por tanto pueden llevar a cabo libres acuerdos sin interferencia alguna.

Este principio sin embargo, no descarta el castigo hacia quienes agreden la propiedad de otro, por tanto defiende la legítima defensa y la libre asociación para ello. Así, autores claramente anarquistas como Warren, Spooner y Tolstoi defienden estos principios pacifistas. Gandhi seguía el mismo principio.
Por eso es un error garrafal catalogar de anarquista a cualquier extremista o lumpen, cuando lo más probable es que éstos ni siquiera hayan leído a Benjamín Tucker, Lynsar Spooner.

2. mito: El anarquismo promueve el desorden social.
Un gran número de personas relaciona al Estado y sus órganos con el orden, la seguridad y la paz. Creen que es lo único que puede reprimir las pasiones perversas de la naturaleza humana. Incluso los conservadores –vulgo liberales- aún cuando plantean reducir el Estado, siempre se compungen cuando se les plantea reducir o eliminar el aparato militar del Estado.

En el fondo, la mayoría tiene una concepción hobbesiana del ser humano, imaginando que sin Estado, todos nos convertiríamos en lobos, entrando en un estado de naturaleza violento y agresivo. Por eso mismo y debido a que el anarquismo plantea la supresión del Estado, muchos consideran que sólo promueve el caos y el desorden social.

Lo cierto es que los teóricos del anarquismo no plantean el caos social al proponer suprimir el Estado, sino su reemplazo por formas de organización voluntaria y no coactiva como las mutuales y cooperativas de Proudhon o las ideas de Kropotkin.

Lo que deslegitiman es la autoridad impuesta bajo amenaza del uso de la fuerza y sobre todo su concentración y monopolio en pocas manos, sea en las de supuestos descendientes de los dioses, legisladores, ricos mercaderes, guerreros, sacerdotes, intelectuales, líderes revolucionarios, patriotas iluminados, obreros, la ley, la asamblea, etc.

No cuestionan el liderazgo, el acuerdo y la organización a nivel local, de pequeñas federaciones, sino que el monopolio y rigidez que pretenden ejercer ciertas organizaciones y grupos sobre la vida de las personas en general, a través de la religión (con el derecho divino) o las leyes (con constituciones irreformables). Esto incluso lo desconocen muchos autodenominados anarquistas.

Estos cuestionamientos se basan en la noción del libre acuerdo y de que todos los pactos son libres y revisables, no son hereditarios y por tanto ninguna autoridad es permanente. Por eso se oponen al derecho divino y cuestionan la idea del contrato social.

3. mito: El anarquismo es lo mismo que el marxismo.
Como la mayoría de los anarquistas consideran que el Estado es un instrumento de coerción a favor de ciertos intereses (y algunos autores anarquistas como Bakunin se oponen a la propiedad privada -cuestión que en sí es compleja-) muchos ligan erróneamente el pensamiento ácrata con el marxismo. Lo cierto es que ambas doctrinas difieran en varios puntos.

En primer lugar, debido a que el anarquismo en general defiende la autonomía del individuo en todo sentido y como base esencial del avance humano, se opone al autoritarismo marxista que planteaba una férrea organización en el proceso revolucionario. Por lo mismo, Bakunin, un contemporáneo de Marx en la 1° Internacional, planteaba que el proceso de cambio debía ser espontáneo y no dirigido por unos cuantos, pues de lo contrario, se impondría un nuevo elitismo con base en el partido, lo que significaría un simple reemplazo de un autoritarismo por otro, sin solucionar nada.

En segundo lugar, el anarquismo de manera coherente con su rechazo al autoritarismo, rechaza la dictadura del proletariado propuesta por Marx, pues la vía propuesta es una revolución violenta que consideran, no traerá mejoras sino nuevas miserias a los sujetos. Lo mismo piensan de las guerras por el motivo que sean (véase el punto uno).

Por otro lado, como son anti autoritarios y antidogmáticos, consideran que no se puede forzar a nadie a creer en algo. Consideran que es un acto criminal, lo cometa el Estado capitalista, socialista, la mayoría, una iglesia, una corporación, un rey, o un presidente.

En tercer lugar, si bien los anarquistas rusos rechazan la propiedad privada* y promovían un lógica comunista como lo hacía Kropotkin, otros anarquistas como Tucker plantean que la autonomía del individuo está ligada a la defensa de la propiedad privada, entendida como derecho a la auto posesión y al fruto del trabajo.

En el fondo, promueven que cada trabajador sea dueño de su trabajo sin ninguna clase de intermediario o planificador estatal o burocrático. Por lo mismo, se oponen al planteamiento marxista de estatizar (aunque éstos le llaman socializar) los medios de producción.

*Hay una discusión en torno a eso, pues probablemente el rechazo de Bakunin y Proudhon, apuntaba a que el principio legal de propiedad privada permitía proteger la propiedad de los zares, cuya legitimidad y origen era cuestionada. Léase Nozick.

4. mito: El anarquismo promueve destruir la familia y es antirreligioso
Este es quizás uno de los mitos menos difundidos pero que en más de una ocasión he oído decir. Probablemente se relaciona con la promoción del amor y la unión libres que hacen la mayoría de los autores y autoras anarquistas (Mary Wollstonecraft, Emma Goldman) además de su oposición a las jerarquías en el matrimonio, los prejuicios sexuales o la ingerencia del Estado o la Iglesia en las relaciones personales.

Lo cierto es que autores y autoras como desde Bakunin, Armand, hasta Emma Goldman, basados en la defensa de la autonomía del individuo, promueven no sólo el amor libre sino la igualdad entre hombre y mujer, y la libertad de terminar “el acuerdo” cuando se requiera. Esto claramente genera rechazo en sectores conservadores y religiosos, además de acusaciones de feminismo extremo.

Sin embargo, lo anterior no implica que los anarquistas promuevan la destrucción de la familia, sino que éstas se sustenten en la expresión máxima de libertad individual, que es el amor mutuo. Según los anarquistas que han abordado estos temas, el ser humano cuando es libre, manifiesta de forma más clara el amor incondicional al prójimo, sobre todo en el seno de la familia.

Por otro lado, si bien la mayoría de los anarquistas son ateos, y hacen fuertes críticas a la religión, como forma de sumisión y adoctrinamiento a favor del autoritarismo de las elites y el Estado, esto no implica que sean necesariamente antirreligiosos.

La mayoría de los anarquistas -como Bakunin- consideran que el Estado y la religión van asociados y son las principales formas represivas en la sociedad. De alguna u otra forma consideran que ya sea Dios o el Estado, se tornan credos dogmáticos que atentan contra la libertad de los individuos.

Claramente su anticlericalismo se explica pues se oponen a toda clase de dogmatismo o imposición moral, pues ven que son la base para sustentan el poder y autoritarismo –en este caso del clero o los reyes cuando se escudaban en el derecho divino-.

En ningún caso se oponen a la libertad de creencia de los sujetos, pues defienden la autonomía de éstos y su libertad de pensamiento. Así por ejemplo, Stirner proponía la máxima libertad de pensamiento, mientras que Tolstoi promovía un anarquismo de carácter cristiano.

5. mito: El anarquismo es doctrina de analfabetos y promueve la pereza
En la prensa frecuentemente se muestra como jóvenes anarquistas a sujetos que se dedican a beber, vestir de manera estrafalaria, piden dinero por las calles, pernoctan en diversos lugares -con o sin permiso de sus dueños-, no trabajan ni estudian. Claramente, está imagen ha creado el mito de que el anarquista no es más que un perezoso.

Lo cierto es que la mayoría de los autores anarquistas valoran y consideran esencial la educación y el trabajo como instrumentos para lograr la libertad y autonomía del sujeto con respecto a cualquier modo de dominio o coerción.

Así por ejemplo, uno de sus principios generales es la autogestión en la producción, donde se defiende el libre acuerdo entre los trabajadores, los cuales dueños de sus medios de producción, podrían organizar asociaciones libres e independientes. Por tanto, se rechaza cualquier pretensión de intervención o planificación económica centralizada como ocurre con el mercantilismo (actual capitalismo crony) o con el marxismo. Por tanto, ven que el trabajo, el derecho a la propiedad y la iniciativa personal como esenciales para fortalecer la libertad de cada persona y fomentar la ayuda mutua.

lunes, 22 de febrero de 2010

LA VIDA DE LOS OTROS

La propuesta antidelincuencia, de constituir una red de 50 mil informantes civiles en los barrios, podría pasar a llevar derechos civiles básicos de la ciudadanía, y podría convertir a Chile en un Estado Policial o una sociedad orwelliana.

El uso de informantes no es algo nuevo en la historia, sino una vieja práctica llevada a cabo por gobiernos de diversa índole, en distintos lugares, momentos y propósitos. Su eficacia sigue siendo dudosa.

En la ex RDA existían alrededor de 180.000 informantes voluntarios y pagados al momento de caer el muro, y en Colombia hoy aún se utiliza como método.

Pero hay algo más de fondo. Lo cierto es que el uso de informantes voluntarios, al entregar a civiles -sin capacitación, formación ni experiencia- atribuciones de vigilancia, puede pasar a llevar derechos civiles básicos de otros ciudadanos, como la libertad de circulación, de expresión, de pensamiento y sobre todo el derecho a la privacidad.

Porque ¿Quién establece el criterio y el margen de acción de estos informantes? ¿Cómo evitar que éstos voluntarios no deriven en miembros de una Stasi comunal o una Policía del Pensamiento a lo 1984? ¿Cómo evitar que estos informantes mal utilicen sus atribuciones para obtener beneficios en desmedro de sus vecinos, o incluso sus familias?

Por otro lado ¿Bajo qué criterio se seleccionará a los informantes? ¿Por qué período de tiempo? ¿Con qué atribuciones? ¿Serán testigos de fe al igual que los agentes policiales del Estado? ¿Qué podrán denunciar? Y sobre todo ¿Qué tendrán que informar?

Se supone, que se les dotará de celulares, para que avisen la presencia de delincuentes prófugos u otros delitos. ¿Cuáles delitos? ¿Estudiarán la ley antes?

Si analizamos bien, llamar para denunciar es algo que hoy día cualquier vecino puede hacer. La única diferencia sería que al informante se le garantice protección policial permanente, pero esto claramente nos genera otro problema.

¿El gobierno garantizará protección policial exclusiva a 50 mil ciudadanos en desmedro de otros tantos? ¿Cómo evitar que esos informantes sean cooptados por organizaciones delictivas para obtener esa protección policial?

Probablemente, entre las personas se crearán crecientes incentivos perversos para ser informante, y entonces muchos comenzarán a acusarse mutuamente, o simplemente el número de informantes aumentará irremediablemente.

De una u otra forma el sistema se saturará en desmedro de los derechos civiles básicos. ¿A quién le creerá la policía si un informante es denunciado de un delito por un ciudadano común?

viernes, 12 de febrero de 2010

Cuando calienta el sol...

David Gallagher: "no le bastan cuatro años para enmendar el rumbo del país, y porque necesita por tanto generar potenciales sucesores a Piñera. Éstos en la DC abundan".

WTF? Más que demostrado que la clase política, las elites en general, son una sola y el cuento derecha-izquierda es sólo para engañarnos...

martes, 9 de febrero de 2010

¿QUIÉNES DEBEN GOBERNAR?

Si hoy -cuando el presidente electo haga público su gabinete- preguntamos ¿Quiénes deben gobernar? Probablemente la respuesta más inmediata será “los mejores”. Otra quizás será “el pueblo”. Lo cierto es que ambas respuestas son totalmente inútiles.

Por siglos, y de manera fútil, el problema fundamental de la política ha girado en torno a ¿Quiénes deben ejercer el poder y su voluntad?

Las respuestas han sido variadas durante siglos; que los valientes, que los sabios, que los filósofos, que los brujos, que los clérigos, que los reyes, que los jueces, que los arios, que los revolucionarios, que los obreros, que los intelectuales, que los empresarios, la “voluntad general”, que “el gobierno de la ley”, “el proletariado”, el “pueblo” y un largo etc.

Por defender cada una de estas respuestas, los seres humanos se han matado en centenares, han hecho guerras brutales y han arrasado pueblos enteros, sin obtener nada bueno. Porque tal como decía Karl Popper “cualquiera de estas respuestas, por convincente que pueda parecer –pues ¿quién habría de sostener el principio opuesto, es decir, el gobierno del “peor”, o “el más ignorante” o “el esclavo nato?” –es, como trataré de demostrar, completamente inútil”.

Extrañamente –y aunque la historia completa demuestra que no hay grupo, clase o raza infalible o superior moralmente a otra, y que los gobernantes no siempre son sabios y buenos- las personas siguen creyendo en la posibilidad de establecer un gobierno de los mejores. Y otros siguen prometiéndolo.

Sin embargo y erróneamente “suponen tácitamente que el poder político se halla esencialmente libre de control” (Karl Popper). Ilusamente las personas creen que el gobernante –sobre todo el de su preferencia- está lleno de virtudes y se encuentra libre de los vicios del poder y entonces dicen cosas como: “es muy rico así que no robará”; o “es parte del pueblo así que no lo traicionará”, etc…

Esta forma de razonar en cuanto al poder político -que Popper llama la teoría de la soberanía- “la adoptan implícitamente aquellos escritores modernos que creen, por ejemplo, que el principal problema estriba en la cuestión: ¿Quiénes deben mandar, los capitalistas o los trabajadores?” (Karl Popper).

Lo cierto es que este modo de abordar la cuestión política, de confiar ciegamente en los gobernantes y sus promesas (aún cuando quieran cumplirlas), deja de lado varios aspectos importantes relativos al modo en que se desenvuelve el poder.

EL MITO DEL GOBIERNO DEL MÁS SABIO
Los que creen en el gobierno de los más sabios o mejores, olvidan por ejemplo, que cualquier gobernante –desde el más sabio al más inepto- está expuesto a las presiones (ambiciones y vicios) de sus subalternos, viéndose obligado a dar concesiones, pagar favores, etc. En otras palabras, no toman en cuenta que “aún el tirano más poderoso depende de su policía secreta, de sus secuaces y de sus verdugos” (Karl Popper).

En este sentido, Popper es claro en decir que “debemos siempre prepararnos para lo peor aunque tratemos, al mismo tiempo, de obtener lo mejor” y agrega que “me parece simplemente rayano en la locura basar todos nuestros esfuerzos políticos en la frágil esperanza de que hayamos de contar con gobernantes excelentes o siquiera capaces”.

Irónicamente y en base a esta creencia, hasta nuestros días, la mayoría de las personas –sea cual sea su posición ideológica o política- adopta una posición religiosa frente a sus líderes, atribuyéndoles todas las cualidades posibles, incluso las que no tienen realmente. Se auto inventan el mito del gobierno de los mejores y entonces los santifican.

Lo cierto es que esa devoción hacia los gobernantes y esa falta de desconfianza en el poder, ponen en riesgo nuestra propia libertad y nos coloca a un paso del dilema de la libertad -que Platón planteara muchos siglos atrás- en cuanto a que una mayoría podría libremente someterse al gobierno de un tirano.

LAS INSTITUCIONES Y LAS PERSONAS
Debido a lo que explicábamos anteriormente, la mayoría de las personas creen que los problemas y vicios de la política se resuelven simplemente cambiando personas. En ningún caso analizan cuáles son las instituciones mediante éstas actúan. Lo cierto es que “El principio del conductor o líder no reemplaza los problemas institucionales por problemas de personas, sino que crea, tan sólo, nuevos problemas institucionales” (Karl Popper).

Así por ejemplo y extrañamente, una dictadura para unos u otros, es buena o mala según quién sea el dictador, o los resultados qué generó, o lo que se espera genere. Es decir, que definen la dictadura no según las instituciones que está suprime sino que según la persona que la ejerce.

En otras palabras, una institución como la libertad política, para algunos vale según quién la suprime. Y esa ironía la podemos ver en quienes han apoyado dictaduras tanto de izquierda como de derecha.

Como podemos ver, ese modo de razonar que es transversal, elimina “el problema del control institucional de los gobernantes y del equilibrio institucional de sus facultades. El mayor interés se desplaza, así, de las instituciones hacia las personas, de modo que el problema más urgente es el de seleccionar a los jefes naturales y adiestrarlos para el mando” (Karl Popper).

Para quienes –al igual que Popper- no creemos en el gobierno de los mejores, ni en grupos, clases o razas infalibles para gobernar, la pregunta importante no es ¿Quién debe gobernar? La pregunta importante es ¿En qué forma los ciudadanos podemos organizar las instituciones políticas a fin de que los gobernantes malos o incapaces no puedan ocasionarnos demasiado daño?

Porque “si deseamos efectuar progresos, deberemos dejar claramente establecido qué instituciones deseamos mejorar”. (Karl Popper). Y eso lo debemos hacer todos no unos cuantos iluminados de turno o elegidos a dedo.

*Citas extraídas de LA SOCIEDAD ABIERTA Y SUS ENEMIGOS (1945)

martes, 2 de febrero de 2010

LOS FALSOS DEFENSORES DE LA LIBERTAD PARTE III

“¿Se educan a propósito nuestras disposiciones para que seamos creadores, o se nos trata puramente como criaturas cuya naturaleza no admite más que la doma?” Max Stirner.

La pregunta del filósofo Max Stirner –algunos dicen que es la influencia de Nietzsche- apunta a un claro y central dilema: la educación, o es un espacio para promover la libertad o para promover la sumisión de las personas.

Cuando la enseñanza es libre, amplia y variada (ecléctica) no sólo derriba mitos sino que sirve para formar personas creativas, libre pensadores y ciudadanos pacíficos (Así lo creían los ilustrados); cuando es doctrinaria, sesgada y dogmática, sólo sirve para formar individuos uniformes, soeces, intolerantes y autoritarios, pero además serviles a los mitos dominantes de turno.

La primera forma de formación podemos llamarla claramente educación, entendida como la formación para pensar libremente; la segunda podemos llamarla adoctrinamiento, entendida como la formación para pensar disciplinada, limitada y uniformemente.

La primera, fomenta el afán por el saber y el pensamiento crítico, y por tanto es enemiga de la censura y defiende la libertad de expresión; la segunda restringe el afán de conocer y defiende el pensamiento único, y por tanto es amiga de la censura y enemiga de la libertad de expresión.

De lo que llamamos educación depende la autonomía individual y por ende la sociedad civil activa y plural en cuanto a su independencia del gobierno y el Estado; del segundo modo –el adoctrinamiento- ha hecho usufructo el absolutismo monárquico y religioso, el despotismo político, además de las dictaduras y totalitarismos de cualquier tipo e ideología.

Como Bertrand Russell planteaba, el paso de la barbarie a la civilización ha dependido de estas diferentes formas de enfrentar la realidad y el conocimiento. Así, Giordano Bruno o Galileo son ejemplos de la pugna entre estos modos, pues ambos rompieron y se enfrentaron con la lógica doctrinaria, y por ello fueron condenados, el primero a la hoguera y el segundo a la cárcel.

Históricamente, quienes han tenido el poder –sea político, religioso o económico- siempre se han optado por el segundo modo de enseñanza, y por ende siempre han sido favorables al adoctrinamiento de las personas. Porque así “nacido y criado en la esclavitud, heredero de una larga progenie de esclavos, el hombre, cuando ha comenzado a pensar, ha creído que la servidumbre era condición esencial de vida: la libertad le ha parecido un imposible” Malatesta.

Por eso, un individuo consciente e informado más allá de lo permitido, es peligroso para cualquier poder porque, como el mismo Stirner decía: “La educación proporciona la superioridad y convierte en señor: por eso en aquella época de señoría constituía un instrumento para el desempeño del poder. Tan sólo la revolución fue capaz de echar a pique la economía de señores y siervos, instaurando el principio vital: ¡Que cada cual sea su propio señor! A ello iba ligada la necesaria consecuencia de que la educación…”

Quienes tienen el poder o lo quieren para sí, saben que éste se sustenta en mitos y subterfugios diversos, el derecho divino, la infalibilidad, la sangre, la raza, la conciencia, etc. Quienes por cualquier motivo dejan en evidencia estos rasgos comunes y frecuentes del poder –sea cual sea- y más aún los muestran al resto de los incautos, es claramente persona non grata.

Por eso siempre han tratado de monopolizar y limitar la educación, de mantenerla en los márgenes del adoctrinamiento y la uniformidad, como modo de disciplinamiento o mera instrucción, y no como modo de liberación del pensamiento. La lucha por el monopolio del adoctrinamiento fue la base de la pugna entre la educación religiosa y la estatal durante los procesos de secularización.

LOS DEFENSORES DE LA IDIOCRACIA
En la antigua Grecia, quienes participaban en la política eran los ciudadanos, quienes no lo hacían eran llamados idiotez, que según Fernando Savater se utilizaba para referir “a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás”. En términos estrictos, describía a quién no le interesaban los asuntos de la polis.

Sin embargo, no bastaba con hacer acto de simple presencia, además, había que argumentar y persuadir a otros en los debates. Por eso mismo, estos primeros políticos recurren a los -hoy denostados- sofistas, quienes les instruyen para convencer en estas discusiones. Es decir, los educaban, los hacían pensar. Quizás ahí surge la derivación de la palabra idiotez hacia algo relativo a la falta de racionalidad y lógica.

Por lo mismo, hasta varios siglos después, y tal como Stirner plantea “una educación popular se consideraba impropia pues el pueblo debía permanecer, frente al señor culto, en la casta de los laicos, admirando y venerando el señorío ajeno”.

Hoy en la democracia moderna la lógica sigue siendo la misma. Quienes tienen cualquier tipo de poder, consideran que el pueblo no debe saber ni entiende muchos de los asuntos que conciernen la toma de decisiones, aún cuando las mismas les puedan afectar directamente. Quienes tienen el monopolio de la educación, tampoco se esfuerzan porque entiendan o se eduquen más allá de lo establecido. “Se conforman con educar gente razonable, pero no se proponen formar hombres racionales” Max Stirner.

Porque “si a los efectos naturales de la costumbre se agrega la educación recibida del mismo patrón, del sacerdote, del maestro, etc. -interesados todos en predicar que el gobierno y los amos son necesarios, y hasta indispensables…se comprenderá cómo el cerebro poco cultivado de la masa ha logrado arraigar el prejuicio de la utilidad y de la necesidad del amo y del gobierno”. Malatesta.

Lo cierto es que un pueblo más informado y con mayor conocimiento probablemente no estaría de acuerdo con muchas decisiones y reclamaría para sí otras, atomizando y descomponiendo cualquier forma de poder centralizado. Y en realidad, probablemente se opondrían a cualquier imposición de poder.

adoctrinamiento con límites bastante claros y reconocibles. Como dice Toni García, el Breviario de campaña electoral, donde Quinto (hermano de Cicerón) detallaba como hay que embaucar al pueblo para ganar las elecciones, debería ser leída en todas las escuelas. Probablemente en ninguna se lee.

Por eso, y haciendo la misma pregunta que se hacía Max Stirner “¿De qué nos lamentamos, pues, cuando nos referimos a los defectos de nuestra actual formación escolar? De que nuestras escuelas se asienten todavía sobre el viejo principio del saber sin voluntad”.

EDUCADOS PERO DÓCILES
La ilustración y su idea de una educación universal rompieron con el exclusivismo que existía en el orden feudal, religioso y absolutista, donde sólo los señores se educaban mientras el resto de las personas permanecía sumido en la ignorancia y el temor. La idea era “iluminar las mentes” de los seres humanos para permitirles abandonar los miedos y lograr desarrollarse.

Sin embargo, lo que en principio se planteó como un proceso liberador, derivó en una nueva lógica de adoctrinamiento y servidumbre en servicio de otros nuevos intereses, ya sea la “unidad nacional”, el “bienestar general”, la “patria”, el “orden”, entre otras cosas.

Así “la masa de los trabajadores no reciben más educación científica que sus abuelos, y, además, se ven privados de la poca que podían adquirir en los pequeños obradores, mientras que sus hijos, tanto varones como hembras, estando condenados a vivir en la mina o la fábrica desde la edad de trece años, pronto olvidan lo poco que aprendieron en la escuela” Kropotkin.

Así, hasta el día de hoy “la educación para la vida práctica no forma más que personas de principios, incapaces de pensar y actuar sino en función de máximas, pero no forma hombres principales. Tan sólo forja espíritus legales, pero no libres”. Max Stirner.

La enseñanza, de instrumento liberador como se planteó en la ilustración, ha pasado a convertirse en instrumento domador, según los requerimientos de los poderosos de turno. “En cuanto a los que han tenido la relativa buena suerte de recibir alguna más educación, fatigamos su inteligencia con un trabajo excesivo, les privamos concientemente de toda educación, fatigamos su inteligencia con un trabajo excesivo, les privamos concientemente de toda posibilidad de hacerse productores, y bajo un sistema de educación cuyo objetivo es la «utilidad», y los medios la «especialización», hacemos trabajar hasta el aniquilamiento a los pobres maestros que toman a pecho su labor” Kropotkin.

Ahora el poder, ya «no destruye las voluntades, pero las ablanda, las doblega y las dirige; rara vez obliga a actuar, pero se opone sin cesar a que se actúe; no destruye, pero impide nacer; no tiraniza, pero mortifica, reprime, enerva, apaga, embrutece y, al cabo, reduce a toda la nación a rebaño de animales tímidos e industriosos, cuyo pastor es el gobierno» Alexis de Tocqueville.

Por eso, los falsos defensores de la libertad, con el propósito de imponer su propia voluntad, han pretendido en diversas ocasiones adoctrinar a diversas generaciones en un ciego respeto a la autoridad (la que ellos consideran como tal) sea del tipo que sea.

Entonces, “pueblos enteros aran con el mismo arado que sus antecesores medievales, viven en la misma incertidumbre respecto al mañana, negándoseles igualmente con empeño la educación también; y si quieren reclamar su derecho a la vida, tienen que marchar con sus mujeres y sus pequeñuelos contra las bayonetas de sus propios hijos, como hicieron sus abuelos ciento y trescientos años atrás”. Kropotkin.

En Chile, el denominado flaite es la expresión social de ese proceso de (des)educación -como lo llama Noam Chomsky- llevado a cabo desde hace varios años y desde varias dimensiones por parte de las élites y de quienes tienen poder.

Este nuevo “ciudadano” (que en realidad es un idiotez en el modo griego) producto de ese proceso (des)educador y despolitizador es “incapaz de preservar por sí sólo su libertad” como también planteaba Tocqueville, pues aún cuando algunos ejercen una violencia irracional e ilegítima ante ciertos estímulos, ninguno es capaz de darse cuenta del dominio sobre ellos y menos dejar de ser dóciles a éste. “Sólo somos libres interiormente (una libertad a la que por nada debemos renunciar), mientras que exteriormente podemos seguir siendo, con toda nuestra libertad de conciencia y de pensamiento, esclavos en la servidumbre” Max Stirner.

De la misma forma en que el vasallo feudal no se rebelaba contra su señor por ignorancia y temor a dios, este “ciudadano” permite a las elites (y en esto no hay diferencias entre sectores políticos) componer una estructura de poder casi imposible de transformar.

jueves, 28 de enero de 2010

LOS FALSOS DEFENSORES DE LA LIBERTAD PARTE II

Tal como decíamos en la parte I, el crony capitalismo es el modelo que ha prevalecido en mayor o menor medida en la mayor parte de las economías del mundo. La lógica es siempre la misma, y en el fondo siempre esconde una plutocracia, un gobierno de los más ricos, a veces como una democracia isonómica (en el sentido que permiten que la gente vote cada cierto tiempo pero sin más derechos ni poder); o directamente autoritaria, dictatorial o totalitaria.

Según el economista Gary Becker, el capitalismo crony es un sistema –aparentemente de libre mercado- donde las corporaciones empresariales obtienen poder económico no por su competitividad o innovación sino que gracias a sus conexiones cercanas al gobierno de turno, los favores y ventajas económicas que éste les asegura. De libre mercado nada. Capitalismo de amigotes y corrupción mucho.

Una aclaración previa para algunos, al hacer esta crítica al capitalismo crony, bajo ningún punto de vista planteamos como alternativa una dictadura proletaria, ni la colectivización de los medios de producción o su completa estatización (con supresión de propiedad privada incluida) pues sabemos y entendemos que eso deriva en crear una nueva casta de explotadores y propietarios monopólicos, disfrazados de dirigentes del pueblo, en desmedro de los ciudadanos comunes.

La crítica en definitiva es contra cualquier monopolio político, empresarial que se pretenda imponer o que ya existe, llámenlo algunos democracia, capitalismo, democracia popular, etc.

Esta crítica sigue la tradición de autores como Benjamín Tucker, Lysander Spooner y Thomas Paine, quienes promovían una sociedad democrática de propietarios, donde cada cual sea dueño de su trabajo, en un régimen de libertad y cooperación, libre de cualquier modo de monopolio y concentración del poder, y por tanto libre de cualquier coacción ya sea estatal, corporativa empresarial o de cualquier otra índole.

Chile no es la excepción en cuanto al Capitalismo Crony. De hecho, Chile ha tenido la mayor parte de su historia una economía que podríamos considerar crony capitalista (encubierta mediante diversos discursos nacionalistas, libre mercadistas), primero en función de los sectores latifundistas oligárquicos, luego en torno a los sectores mineros e industriales-agrícolas, y luego en torno a los sectores financieros y político-empresariales.

Los ejemplos de esta estructura de poder son varios y podemos encontrarlos en todo el espectro político y empresarial, y a lo largo de toda nuestra historia.
El presente artículo ha sido construido a base de artículos de prensa y otros trabajos de diversos autores que a lo largo de los años han abordado este tema. Los datos no son invención sino que han sido publicados por los autores citados y son usados como la prueba empírica de que en Chile no hay libre mercado sino que capitalismo crony.

EL CAPITALISMO POPULAR CRONY DE PINOCHET
En Chile el lenguaje del libre mercado ha sido utilizado desde hace algún tiempo para encubrir una serie de acciones que no tienen nada que ver con éste, sino más bien con lo que ya hemos explicado, el crony capitalismo. Tal como explica Roderick Long, “existe una generalizada (aunque no universal, una vez más) tendencia de los conservadores a cubrir con retórica de libre mercado las políticas corporativistas”.

Un ejemplo claro de crony capitalismo son las privatizaciones de empresas llevadas a cabo entre 1973 y 1990 durante la dictadura militar, como CAP, Endesa, Inacap, Hacienda Rupanco y Soquimich.

De las 30 empresas enajenadas entre 1978 y 1990 “los compradores fueron los propios interventores nombrados por Pinochet, entre los que estaban su yerno.

Claramente no hubo procesos de licitación “normales y transparentes” sino que favores del jefe de gobierno a sus amigos, yernos y algunos de sus altos funcionarios. Conocidos son los casos de Endesa, y Soquimich, donde “en ambos casos se construyeron estructuras internas que garantizaban su dirección, aunque no se tuviese la mayoría accionaria”. (Hugo Fazio).

Del mismo modo se produjo la privatización de otras empresas como Iansa; Banco de Chile y Santiago, en los cuales sus interventores recibieron favores por sus nexos con el gobierno, que aún continúan.

Así, “en este período se usó profusamente el mecanismo del capitalismo popular. Se habló de expandir la propiedad, democratizarla. Los hechos, en cambio, mostraron que por esa vía se condujo, finalmente, a acentuar la centralización de capitales, su control por pocas manos…” (Hugo Fazio).

Según CIPER CHILE, gracias al llamado “capitalismo popular” (capitalismo de amiguetes a todas luces) en 1989, Pinochet compró en $6.112.656, 370.464 acciones de Endesa, que luego, en 1992, vendió a Socimer Corredores de Bolsa S.A en $45.689.325, lo que le reportó más de $ 39 millones en utilidades. Eso sin mencionar Famae Limited; y otras propiedades adquiridas de extraña forma.

¿Libre mercado? Tal como plantea Long “no hay nada de libre mercado en la privatización en este último sentido, ya que el poder de monopolio es simplemente trasladado de un grupo de manos a otro, lo que se llama corporativismo, o intervención pro-empresarial, no laissez-faire”. (Roderick Long).

Algunos argumentan que las privatizaciones permitieron la recuperación económica y que el modo en que se efectuaron se justifica por la urgencia. Sin embargo, no opina lo mismo Ricardo Ffrench Davis, quien plantea que “si uno mira la información anterior y posterior a las privatizaciones -períodos 1975/1981 y 1985/1989- se da cuenta que, con o sin privatizaciones, todo estaba subiendo, nos estábamos recuperando. Si bien nos habíamos caído, ahora estábamos sacando la cabeza del hoyo. No eran las privatizaciones de los años 70, sino la llegada de créditos bancarios, que a Chile y a Argentina nos tiró para arriba entre los años 75 y 89".

Pero tal como explica irónicamente Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, "la privatización -escribió- es una realidad sencilla: todo lo que hay que hacer es regalar los activos a los amigos, y esperar favores a cambio".

CHILE: LA ALEGRÍA LLEGÓ PARA EL CAPITALISMO CRONY
Con el retorno a la democracia, muchos pensaron que las estructuras crony capitalistas amparadas en la estructura dictatorial serían abolidas con la transparencia que cualquier sistema democrático debería tener. Sin embargo, ocurrió lo contrario y las lógicas crony rápidamente fueron adoptadas por los nuevos funcionarios gubernamentales, mientras las clases empresariales corporativas se adaptaban al nuevo régimen político, estableciendo nuevas redes con éstos.

La costumbre de pagar sobresueldos a los directivos y altos funcionarios, heredada de la dictadura, continuó sin problemas. A la vez, el nuevo gobierno democrático debió legalizar pagos y remuneraciones por varios millones de dólares a ex funcionarios designados por la dictadura.

Un primer ejemplo de Crony Capitalismo en democracia es el caso Codelco donde luego del escándalo, hubo millonarias indemnizaciones para gerentes y directivos. Otros casos escandaloso en el mismo período es el del Director de la casa de Moneda.

Quizás uno de los ejemplos más emblemáticos de Crony Capitalismo en los inicios del retorno a la democracia es el de las casas Copeva, donde era claro el nexo entre la empresa privada y altos funcionarios de gobierno, incluidos ministros. La empresa construía casas para el ejército mientras el hermano del dueño era ministro de defensa. No fue raro entonces que “casi todas las reparaciones parciales fueron de cargo del Fisco y la empresa COPEVA no asumió su responsabilidad por construir casas que se llovían…”

Otros ejemplos son los casos Coimas e Inverlink. En el primero, una “red constituida por empresarios, funcionarios, políticos y diputados consistía en otorgar concesiones para empresas que realizan la función de controlar el parque vehicular del país. Estas concesiones se hacían eludiendo las licitaciones regulares y los empresarios pagaban sobornos a los políticos involucrados”. En el segundo caso “funcionarios de CORFO estaban a cargo de esos títulos y eran a la vez miembros de INVERLINK”. Crony capitalismo por donde se mire.

Otro caso menos conocido es el de PROCHILE, donde la “encargada” Gabriela Ruitort (pues no cumplía con el requisito profesional para ser directora) entre otras irregularidades “cobraba una cuota extra a los que viajaban, la que se dividía entre la empresa de turismo COCHA de su amiga Rosario Seijas y PROCHILE, pero la parte de PROCHILE no se ingresaba en la contabilidad de la institución. Esto implicó un reparto de 300 mil dólares entre COCHA y PROCHILE”.

Por eso no es raro escuchar que ministros como José Antonio Viera-Gallo tenga nexos con las AFP, al igual que la ex intendenta de Santiago, Ximena Rincón, hoy en un directorio de AFP; o el ex ministro de Obras Públicas y ex presidente del Banco Estado, Jaime Estévez, ahora director del Banco de Chile y de una AFP; o el ex ministro Eduardo Aninat, sea hoy presidente de la asociación de Isapres. O que René Cortázar, el actual titular de Transportes, pertenecía a los directorios de D&S, Corpbanca y Aes Gener (empresa que construye la Termoeléctrica Campiche las comunas de Puchuncaví y Quintero).

Menos raro es ver que el presidente electo tenga acciones en cadenas de farmacias.

¿Acá no hay choque de intereses? ¿Acaso esto no es una elite emparentada que controla todo? ¿Esto no es acaso un sistema donde las corporaciones empresariales obtienen poder económico no por su competitividad o innovación sino que gracias a sus conexiones cercanas al gobierno de turno? ¿No es esto Crony capitalismo?

Como dice Roderick Long “cuando los conservadores venden sus proyectos plutocráticos como políticas de libre mercado, podemos realmente culpar a los liberales-socialdemócratas y a la izquierdas por confundir ambos?”

Kevin Carson lo dice más claramente: “Sospecho que estos libertarios se vuelven libertarios precisamente porque son autoritarios”.

LOS CIUDADANOS Y LOS AUTORITARIOS DISFRAZADOS DE LIBERTARIOS
Veamos un ejemplo que implica a ciudadanos comunes versus el poder corporativo y político: el caso de la construcción de la Termoeléctrica Campiche las comunas de Puchuncaví y Quintero de la empresa AES Gener, donde René Cortazar era miembro.

En junio pasado, la Corte Suprema detuvo el proyecto de la Central Termoeléctrica Campiche, de la empresa AES Gener, pues el Consejo Ecológico de Puchuncaví-Quintero, interpuso un recurso debido a que los permisos otorgados por la Corema V Región, ya que las obras se ubican en una zona destinada para áreas verdes. Es decir, no cumplían con las normas legales.

Como era de esperarse, y tal como dice Roderick Long “el favoritismo del Gobierno también asume la irresponsabilidad de las grandes empresas con el medio ambiente. Por ejemplo, los contaminadores a menudo gozan de la protección contra demandas, a pesar de que la contaminación es una violación de los derechos de propiedad privada.”

Así, el Intendente DC Iván de la Maza, consideró que lo expresado por la Corte Suprema era mera opinión. No es raro que la ministra de Vivienda, Patricia Poblete, declarara que “la única salida para Campiche es modificar el plano regulador de Puchuncaví”. Y así lo hicieron.

Los representantes de AES Gener se reunieron con el ministro Pérez Yoma para reclamarle (pedirle que intervenga) por los dictámenes de la Corte Suprema, de apelaciones, y la Contraloría, que consideraron ilegal la instalación y construcción de la termoeléctrica Campiche.

Como dice Kevin Carson, algunos “parecen alabar el libre mercado porque creen que eliminará al Estado como enemigo del autoritarismo local que disfrutan, y les dará mano libre para jugar con sus indefensas víctimas en sus pequeños cubículos de la muerte sin interferencia externa”.

Los emprendedores de la zona afectada, como agricultores y pescadores, han visto profundamente afectadas sus labores, porque ahora sólo pueden cultivar paltos y sus pescados tienen deformidades o están contaminados.

A estos emprendedores, nuestra Constitución no les protege en nada, porque los fallos de otros poderes del Estado, las grandes empresas pueden revertirlos, incluso modificar las leyes, gracias a sus nexos con los gobiernos.

Por eso mismo como dice Roderick Long, “el poder corporativo y el libre mercado son actualmente antitéticos; la competencia genuina es la gran pesadilla de las grandes empresas”.
Ya viene la parte III. Un adelanto del tema.

martes, 19 de enero de 2010

LOS FALSOS DEFENSORES DE LA LIBERTAD. PARTE I

Algunos sectores, que se han pronunciado más claramente como defensores de la propiedad privada y la libertad, caen en profundas contradicciones cuando se trata de defender la independencia de los individuos en cuanto la acción (coacción) del Estado, sobre todo en cuanto al derecho a la auto posesión y la libertad moral de los sujetos.

Ciertos sectores políticos –para diferenciarse de otros- siempre han destacado que tienen un discurso en defensa de la libertad individual. Sin embargo, su discurso tiene enormes incoherencias pues mientras dicen defender tales principios, estos “defensores de la libertad” en la práctica, aceptan un sin número de intervenciones por parte del Estado para lo que ellos llaman “excepciones”.

En ese sentido, esta defensa de la libertad individual y la propiedad ha sido más bien un instrumento -y no tanto un principio valioso puesto en práctica- que algunos han utilizado para justificar la coacción estatal y la mantención de estructuras de privilegios y propiedad (la cual no necesariamente se originó como producto del trabajo y esfuerzo individual sino como producto de la histórica violencia del Estado y sus instituciones).

Es decir, defienden lo que podemos llamar mercantilismo, un capitalismo de Estado o un crony capitalismo. Nunca un libre mercado. (De esto hablaremos en detalle en la parte II).

Por eso, estos mismos que hablan de un estado mínimo, simultáneamente defienden intervenciones “en los campos de la policía y de los asuntos militares, en la educación, los impuestos, bienestar, "externalidades", leyes antitrust, y dinero y banca.” . O, en nombre de una entelequia como la patria, defienden la conscripción obligatoria, que no es más que esclavitud legalizada.

Es decir, mientras critican a otros de estatistas e intervencionistas, simultáneamente defienden un estatismo corporativo donde el Estado privilegia e interviene a favor de las grandes empresas y grupos de poder como iglesias o ejércitos, permitiendo acciones coactivas para promover lo que ellos consideran “bien común”. Quizás por eso, Emma Goldman decía que “después de todo, el mayor baluarte del capitalismo es el militarismo”.

Así, como explica Kevin Carson, “el capitalismo corporativo confía en gran medida en la intervención estatal para su propia supervivencia”.

Todo lo anterior tiene su raíz en una ambigüedad mucho mayor del discurso (podemos llamarlo conservador, vulgo liberal, neoliberal, etc) que tiene relación con la negación del derecho de auto posesión.

Muchos autodenominados defensores de la libertad, caen en una contradicción mucho más profunda. Muchos no reconocen el derecho de auto posesión. Es decir, el derecho de “controlar el cuerpo, libre de toda interferencia coercitiva” .

Algunos de estos seudo defensores de libertad dicen que el ser humano es sólo un administrador del cuerpo y no su dueño o propietario. Entonces ¿Cómo pueden proclamar la propiedad privada si no defienden la propiedad sobre el propio cuerpo que es el que la genera?

Responden -para darle sustento ideológico a su afirmación- que dios es el propietario de éste y que el derecho de propiedad no es absoluto porque hay cosas que no pertenecen a nadie, como el cuerpo.

Pero si el cuerpo es prestado ¿Todo lo que generamos con éste, incluidos los productos de nuestro trabajo, le pertenecen a dios? Pero ¿Y a qué dios?

Tomando en cuenta que los seres humanos somos seres racionales, surge otra pregunta ¿Y nuestras almas, voluntad o razón, o como quiera llamársela? ¿También son prestadas por dios? ¿Somos sólo sus meros administradores? ¿O en ese caso hay una excepción y de qué depende ésta?

Pero si el alma, la voluntad y la razón tampoco nos pertenecen ¿Para qué esforzarse en tratar de salvarla? ¿No sería más coherente aprovechar de disfrutar y acceder al máximo de placeres terrenales y mundanos que este préstamo temporal nos permite?

Es más ¿A quién pertenece mi experiencia si es a través del cuerpo y la razón que la capto? O peor aún ¿Cómo entonces podemos buscar nuestros fines o la trascendencia para algo que en definitiva es prestado? Y entonces ¿La vida no nos pertenece? Al parecer tampoco, dicen estos defensores de la libertad.

Lo cierto es que el no reconocimiento de la propiedad sobre el propio cuerpo implica no poder reconocer ser dueños del propio trabajo y las extensiones que se generan a partir de éste. Es decir, romper con la cláusula lockeana, que establece que la propiedad se origina de la mezcla del trabajo sobre la materia sin utilizar.

Por otro lado, si no soy dueño del cuerpo ¿Cómo puedo ejercer mi voluntad? No quedaría otra respuesta que someterla al dominio y voluntad de otro u otros, que serán los que guíen la acción al determinar el curso de éstas. Pero entonces ¿Qué pasa con la creatividad, la imaginación? Claramente bajo ese criterio, no habría arte, por ejemplo.

Lo que en fondo hacen o promueven estos denominados defensores de la libertad individual, es tratar de hacernos ceder nuestros derechos básicos a un entidad superior, ya sea dios o el estado, o la iglesia o la gran corporación, que en realidad ellos controlan o quieren controlar.

Es tratar de hacernos actuar según su propia apreciación y moral. Como dice Lysander Spooner “se muestran a sí mismos como adornadas tanto por el poder como por el derecho a definir y castigar los vicios de otros hombres”.

miércoles, 13 de enero de 2010

POR LA LIBERTAD DEL VOTO

Cualquiera que valora la democracia y lo que ésta implica, debería votar nulo el 17 de enero.

La política chilena, hoy es prisionera de dos coaliciones que se han repartido el poder, lo centralizan, lo concentran y han convertido a la democracia en un instrumento para sus fines personales y partidarios, dejando fuera de toda capacidad de acción a la ciudadanía.

Los sectores políticos que están fuera de éstas alianzas corporativas y los ciudadanos comunes y corrientes, sólo se limitan a ser simples vasallos y clientes políticos del despotismo blando que ambos sectores han construido. Eso no es democracia.

La democracia que se prometía reconstruir para y por los ciudadanos, fue sólo devuelta en parte, y ha sido reducida al acto del voto. Las regiones lo saben, los independientes también lo saben.

Ambas coaliciones y sus candidatos presidenciales, representan el poder sustentado en una institucionalidad impuesta por la fuerza y la coacción sobre los ciudadanos desarmados.

Ambos sectores han hecho usufructo de la estructura económica para aumentar sus arcas personales y el de sus empresas asociadas.

En definitiva, ambos representan el orden imperante y hegemónico, que ellos llaman democracia, pero que deja fuera del juego a la mayor parte de los ciudadanos. Eso no es democracia.

Democracia no es sólo permitir a los ciudadanos ejercer el voto cada cuatro años para elegir candidatos. Es prepararlos para participar de ella, y lo que menos se hace hoy en las escuelas es eso.

Democracia no es elegir entre las opciones que las elites partidarias imponen a través de los medios de comunicación, sino que poder crear opciones propias, mostrarlas al resto y hacerlas competir.

Tampoco es democracia elegir a perpetuidad a los miembros de ciertas dinastías, como ocurre hoy día como si se tratara de una monarquía donde los cargos parecen hereditarios.

Democracia es ejercer la ciudadanía día a día, en todos los lugares, es defender el derecho a disentir, a debatir, es poder participar y competir de forma pacífica, dialogante, sin depender del partido, el dinero, el apellido o las horas de vasallaje que se tengan en el cuerpo.

Por eso, defender la democracia no significa ser oveja y someterse al despotismo blando de las elites. Menos aún por miedo y temor al despotismo de otro grupo de elites.

Valorar la democracia es reconocer que la legitimidad del gobierno, sea cual sea, depende de los ciudadanos, y que si los gobernantes se alejan de éstos, entonces ya nada es legítimo.

Por eso, defender la democracia es tener conciencia de que ningún gobierno puede derivar en monarquía o dinastía eterna, ni ningún poder puede imponerse por amenaza o fuerza sobre los ciudadanos, sea económico o político.

Defender la democracia es tener claro que ninguna dinastía, dictadura o elite, son legítimas para evitar la dinastía o la dictadura de otros. Lo sabemos.

¿Cuántos años habrá que esperar para votar sin temor?

Por eso, no apoyo a Piñera ni Frei, porque ambos representan y personifican una misma estructura de poder que se ha concentrado cada día, alejándose cada vez más de los ciudadanos.

Ambos representan una clase política que ante la opinión pública y sobre todo en tiempos electorales hacen aflorar sus diferencias, para luego darse la mano y cerrar tratos políticos corporativos a puertas cerradas. Así lo han hecho por veinte años. Eso, no es democracia.

No caigamos en la falacia de culpar a los nulos por la elección de un candidato u otro en esta próxima elección. Menos aún por lo que hagan en sus eventuales gobiernos.

Si votamos nulo, es porque ya desconfiamos de ambos y de sus coaliciones. Nos abstenemos ante la duda.

Por eso, ningún ciudadano, sea como sea que vote, es culpable o responsable de las brutalidades que una vez electos hagan los gobernantes. Pues, al votar, el ciudadano cede a sus representantes la potestad para decidir.

Votamos nulo, porque ninguno de los dos candidatos nos da la confianza para un buen gobierno. Sólo esperamos, y porque respetamos las opciones de otros ciudadanos, que sea cual sea el elegido, sea uno bueno para cada ciudadano.

La política y la democracia es diálogo, por eso cada representante debe convencer a sus electores con ideas y propuestas, si no es capaz de ello, entonces es incapaz políticamente.

Porque la política es diálogo y convencimiento, no dogma, mito y religiosidad, menos mera publicidad. Como ciudadanos, votamos según ideas y propuestas, no según afiches de pasta de diente.

Por nuestro derecho a pensar como queramos, por nuestro derecho a ejercer el voto libremente, y sobre todo porque respetamos y valoramos la democracia, votamos nulo.

martes, 5 de enero de 2010

¿DÓNDE ESTÁ EL PROGRESISMO?

Si analizamos el escenario político actual y la historia de lo que llamamos progresismo, los progresistas no están ni en la Alianza y ni en la Concertación. Lo cierto es que el progresismo perdió las elecciones el 13 diciembre pasado.

La batalla en torno al concepto de Progresismo, indica que en la política hay una crisis, una fractura en el contorno y el discurso habitual en el que se enmarcaban las identidades políticas (derecha e izquierda) de antaño, debido a que hoy los actores políticos tienden a mantener el statu quo.

Ante esa dislocación los actores políticos tratan de hegemonizar los significantes, que ahora vacíos y sin contenido, parecen un globo que es peleado por niños de cumpleaños.

Todos se declaran progresistas o defensores de sus principios. Lo cierto es que lo que llamamos progresista es una posición que se define por su posición crítica frente al poder, y no necesariamente por los métodos, como Cesar Barros en Que Pasa, planteó hace algunos días.

Si analizamos el escenario político actual y la historia de lo que llamamos progresismo, los progresistas no están ni en la Alianza y ni en la Concertación. Lo cierto es que el progresismo perdió las elecciones el 13 diciembre pasado.

¿Es el progresismo de derecha o izquierda?
Si analizamos la historia de lo que llamamos progresismo (con ello la nomenclatura izquierda y derecha) éste se relaciona con quienes, sentados a la izquierda en la Asamblea Legislativa Francesa, eran los radicales que se oponían al retorno al Antiguo Régimen. Demás está decir que quienes estaban a la derecha eran partidarios de la monarquía y la aristocracia caída en desgracia, no por un tema de buena fe, sino para mantener privilegios.

Así, Bastiat (autor ahora considerado de derechas por defender el libre mercado) estaba sentado junto a Proudhon (mutualista y anarquista) en dicha ala izquierda de la asamblea. Ambos eran progresistas porque se oponían al antiguo orden monárquico.

En el fondo ambos se oponían a una estructura de privilegios y buscaban la mayor libertad e igualdad, porque entendían que cualquier orden social y cualquier tipo de gobierno pueden derivar en fuente y sustento de abusos y privilegios, ya sea como dictadura (de ahí las discusiones con Marx) o como capitalismo (que no es lo mismo que libre mercado, donde el Estado privilegia por la fuerza y la usura a las grandes empresas y grupos de poder, denegando el Libre Mercado). Por lo mismo, también tendían a oponerse al imperialismo, la guerra, la conscripción obligatoria y la esclavitud.

A esa posición ante el poder, se le llamaba progresismo, cuyo polo opuesto era lo que algunos llaman conservadurismo. En el fondo el progresismo se opone al privilegio y la concentración del poder sea cual sea el carácter de un orden social o de gobierno.

Los progresistas ¿Dónde están en Chile?
A principios de los 90´ -y como recuerdo para los desmemoriados- ser de derecha era ser defensor del continuismo, de la perpetuación de un mismo gobernante por 8 años más y la institucionalidad autoritaria impuesta. La derecha no era defensora de la alternancia en el poder ni la competencia política sino de la continuidad máxima y del autoritarismo.

Por otro lado, la centro izquierda, que quería sacar a quien había gobernado sin interrupción por 17 largos años, luego de 20 años y de mantener gran parte de la institucionalidad previamente criticada, parece también haber caído en las lógicas y vicios que la permanencia en el poder genera. Hoy son en su mayor parte defensores del statu quo vigente.

Si analizamos con detenimiento, en el fondo y con matices, en casi 40 años, ambos sectores han asegurado una institucionalidad que avala la concentración del poder de una creciente partidocracia, basada en la desconfianza en los ciudadanos y la sociedad civil en general.

Ambos sectores también, han camuflado un capitalismo de amigotes, con un discurso de libre mercado. Así mientras hablan de libre mercado y libre competencia, han llevado a cabo privatizaciones basadas en la afinidad con el gobierno de turno como lo hizo la derecha durante la dictadura, o han aprovechado el monopolio estatal de algunas empresas para contratar a sus propias agencias privadas de asesorías, como lo ha hecho la centro izquierda.

Si entendemos que el progresismo se opone al privilegio y la concentración del poder que cualquier régimen avala, sea cual sea el carácter del orden social o gobierno, claramente los progresistas no están ahí.

Como antaño, el antiguo régimen nos impone sus pocas opciones y así como siglos atrás, si no aceptamos a ninguna, entonces nos acusan de estar contra el rey.