- Primero, inhibe la competencia política, pues mantiene cerrado el campo político y no permite la inclusión de nuevos y diversos actores de manera independiente, lo que desincentiva a los actores políticos ya insertos a mejorar sus gestiones e incluir nuevos asuntos, pues el sistema les garantiza un cupo aún cuando la ciudadanía intente castigarlos con el voto.
- Segundo, reduce la oferta de opciones para elegir que tienen los ciudadanos. El voto nulo o blanco entonces tiende a aumentar pues la rigidez interna del sistema se opone a la mayor diversidad del electorado, no sólo en términos etáreos, sino también culturales, ideológicos, etc.
- Tercero, reduce el campo político en cuanto a la discusión de nuevos asuntos. No permite el ingreso de nuevas ideas e issues (asuntos) a la discusión política, por lo que los crecientes nuevos intereses de ciudadanos más jóvenes quedan excluidos de los asuntos públicos y son relegados a las ONG. Es lógico entonces que no legitimen el sistema político vigente.
- Cuarto, el sistema binominal no va acorde con la creciente diversificación del electorado y sus nuevos intereses o representantes. Lleva a los independientes por ejemplo, a mantener acuerdos forzados con los partidos para poder participar del sistema, lo que termina por anteponer los cálculos electorales partidarios por sobre la representación y el cumplimiento de metas de acuerdo a los intereses de los electores. Esto, se traduce en que no hay coherencia posterior entre los electores y sus representantes.
- Quinto, instrumentaliza a los electores en cuanto al ejercicio del voto. En relación al punto cuatro, esto se traduce en que los votantes se consideran utilizados y por lo tanto consideran innecesario ejercer su derecho a elegir.
lunes, 26 de enero de 2009
Voto voluntario e inscripción automática: mejor cambiar el binominal
miércoles, 21 de enero de 2009
Gaza y los nuevos contornos de la violencia
Lo acontecido en la Franja de Gaza lejos de significar el término de las hostilidades históricas entre palestinos e israelitas, probablemente dará inicio a nuevas oleadas de violencia irregular, con varias generaciones de duración.
El conflicto entre Israel y Palestina bajo ningún punto de vista es una guerra convencional como muchos han tratado de argumentar soterradamente para así justificar lo injustificable, no sólo porque las asimetrías técnicas y logísticas entre los adversarios son notorias, sino también porque las últimas acciones efectuadas en Gaza han derribado por completo los límites legales al uso de la violencia en el tiempo y en el espacio que establecen (o establecían) el convenio de La Haya sobre las leyes y costumbres de la guerra terrestre de 1899 y 1907, y el Convenio de Ginebra de 1864.
En este sentido, la acción discrecional e indiscriminada por parte de Israel, contrario a lo que se piensa, no impondrá la ley y el orden en la región sino que ha aumentado el carácter asimétrico e irregular del conflicto, eliminando los marcos éticos, legales o técnicos en los que se podía intentar circunscribir éste.
En primer lugar, no hubo ninguna intención de distinguir entre combatientes y no combatientes, o entre objetivos militares o civiles al momento de atacar. Como sabemos, el costo humano fue altísimo, 1.300, un tercio de los cuales son niños y un trabajador de la ONU.
En este sentido, es claro que los objetivos militares fueron sustituidos por objetivos civiles, no sólo desde el punto de vista de los combatientes irregulares palestinos, sino que ahora también desde el propio ejército estatal israelí. Erróneamente, el fin -que difícilmente se logrará- se justificó con varios civiles no-combatientes muertos, que son considerados "daños colaterales".
Esto claramente implica que la desmilitarización de la violencia aumentará, haciendo que su control se pierda irremediablemente.
En segundo lugar, la acción "defensiva" de Israel se volvió paulatinamente ilegítima en cuanto a su desproporción en relación al ataque recibido. Es decir, pasó que “las acciones de guerra se convierten en crímenes cuando la balanza se inclina” (Rubenstein, 1988, p. 54).
Aún cuando los cohetes desde Palestina se sucedían casi diariamente, la efectividad de dichos ataques era bastante bajo en comparación a la aplicación de la violencia que se dio posteriormente en Gaza. En este sentido, claramente se aplicó la lógica preventiva de eliminar al "enemigo" incluso antes que ataque.
Sin embargo, lo anterior no evita futuros ataques sino que irremediablemente hace que los distintos actores entren en una lógica de destrucción ilimitada y total mutua, lo que ya se vio reflejado en que el Estado de Israel no se impuso como prioridad -y como deber ético y legal- el distinguir a los miembros de Hamas del resto del pueblo palestino en su totalidad.
Lo anterior, aún considerando que Hamas es una organización político-militar que no representa al Estado Palestino. La falacia es comparar al ejército israelí con Hamas, para así poder hablar de una guerra y simultáneamente considerar a los últimos un grupo terrorista.
Tercero, la legalidad se vio sobrepasada por las lógicas de la violencia en Gaza y el Estado israelí no sólo comenzó a allanar casas palestinas pasando a llevar la propiedad y los derechos básicos de esos ciudadanos, sino que comenzó a ejercer la guerra sucia, es decir el Terrorismo de Estado, en otro territorio, al impedir el ingreso de los observadores internacionales y la ayuda humanitaria. Con ello se suspendió totalmente cualquier dimensión ética, moral y legal del conflicto.
lunes, 5 de enero de 2009
Occidente hace vista gorda a la limpieza étnica en Gaza
Foto: BBClunes, 29 de diciembre de 2008
Xenofobia judía
La mistificación del Holocausto judío como parte de la identidad judía, ha dado paso a un fenómeno nuevo, la xenofobia judía. Tal como explica Henningsen, "La referencia de identidad simbólica al Holocausto es tan fuerte y tan intensa entre los más de 250 mil hijos de sobrevivientes de esa masacre, que para muchos de ellos la relación con la Alemania contemporánea está marcada por el slogan Never Again".
Es decir, el Holocausto, ya no es visto como algo que se debe evitar universalmente en pro de toda la humanidad, sino que es concebido como un hecho de exclusividad para los judíos, no aplicable a otros pueblos como el palestino, afgano o iraquí.
Las víctimas de la guerra son palestinas e israelíes. El Holocausto está matando a dos pueblos. El Holocausto también está ocurriendo en Irak y otra vez en Palestina, quizás nunca nadie diga Never Again.
jueves, 4 de diciembre de 2008
La vuelta de los tres tercios
En este sentido, la dirección del PPD, sin candidato “propio”, en una lógica centrípeta, queda entonces obligadamente a disposición de cualquier otro partido de la coalición que levante una opción presidencial. Todo sea por mantener la coalición.
Como la atomización y la entropía son mayores, existen opciones que claramente tienen la creciente posibilidad de convertirse -desde dentro o fuera de las coaliciones- en actores de veto en el sistema político. Es decir, de romper la lógica de dos coaliciones.
- Una concentración del poder por parte de las elites dirigentes de diversos partidos, un acto desesperado por mantener a la coalición a base de las disciplinas y adhesiones partidarias.
- El surgimiento de crecientes disidencias internas, que sin llamar a la ruptura total, plantean la construcción de una alternativa política que incluya a sectores excluidos y autoexcluidos de la política, en clara contraposición a las dos coaliciones hegemónicas.
- Una sensación de ambigüedad generalizada en cuanto al campo político, que el electorado traduce como agotamiento de la clase política, concentrada en ambas coaliciones, y que se ve reflejada en un distanciamiento con respecto a los partidos como órganos representantes.
viernes, 21 de noviembre de 2008
Industria automotriz en crisis ¿Rescate justo o más capitalismo crony?
En Inglaterra, bajo esa misma lógica del capitalismo avanzado, el partido conservador -el de Margaret Thatcher, acérrima defensora de la libertad económica- le pedía al gobierno que el paquete de rescate incluyera límites en los bonos para los ejecutivos de las entidades financieras. Todo a costa del dinero de las personas comunes y corrientes.
Como indica Monbiot, "los jefes de las empresas farmacéuticas, prospectoras de petróleo, supermercados y bancos se hacen con los fondos que saca el gobierno de los bolsillos de gente mucho más pobre que ellos mismos".
Quizás por eso, y en un paradójico temor, el senador republicano Jeff Sessions declaró –ante la petición de ayuda de las automotrices, que: "Una vez crucemos la frontera entre las instituciones financieras y las grandes empresas entonces ¿quién establecerá un límite?".
Como plantea Michael Hudson, "seguimos esperando una respuesta pública al problema de cómo amortizar las deudas. El interés económico de quién deberá sacrificarse: ¿el de los deudores, como ha venido ocurriendo durante los últimos ocho siglos; o el de los prestamistas, que han luchado para crear una economía neoliberal controlada por el sector financiero?"
Lo cierto y más paradójico es que un informe del Cato Institut -favorito de algunos seudoliberales que niegan estas cosas- y cuyo autor es Stephen Slivinski, "estima que en el año 2006 el gobierno federal se gastó 92.000 millones de dólares en subvenciones al sector de negocios. Buena parte de ello se destinó a importantes empresas como Boeing, IBM y General Electric", como explica el mismo Monbiot.
Así, desde 1991 por ejemplo, IBM, General Electric, Dow Chemical, Caterpillar, Ford, DuPont, General Motors, Chevron y Monsanto han obtenido cientos de millones de dólares del programa de Tecnología Avanzada del gobierno federal estadounidense.
Pero Monbiot nos muestra algo más grave, "un nuevo documento del Institute for Policy Studies norteamericano muestra que a través de una serie de astutas lagunas fiscales y de contabilidad, los Estados Unidos gastan 20.000 millones de dólares al año subvencionando los sueldos de los ejecutivos".
En eso coincide Lester Thurow, quien ante los escándalos del 2002 en EE.UU. ya decía: "La mejor solución es advertir a los pequeños inversores que el juego está arreglado de antemano. Ningún inversor particular, por mejor informado que esté, puede jugar al mismo nivel que los inversores institucionales, las firmas de Wall Street y los ejecutivos corporativos...es fraudulento pretender que se pueden impedir nuevos escándalos financieros".
George Monbiot
Michael Hudson
martes, 18 de noviembre de 2008
La pertinencia de Robert Michels en el actual escenario político chileno
viernes, 14 de noviembre de 2008
La necesidad de un nuevo pacto político y ciudadano ahora
El sistema de dos coaliciones, la Alianza por Chile y la Concertación, parecen encontrarse en un momento crítico. Ambas fuerzas políticas presenten –en mayor o menor medida- fracturas al interior de sus pactos que han atomizado las posiciones de sus actores partidarios e individuales, y que en algunos casos han dado paso al surgimiento de organizaciones fuera de los pactos como el PRI y el MAS.
Lo anterior es el reflejo del agotamiento político, no sólo interno sino también externo, que conlleva el sistema de coaliciones, debido a la cada vez más baja representatividad que generan sus partidos en el electorado y el creciente inmovilismo en cuanto a la aplicación de políticas, al dar éstos prioridad al mantenimiento de los conglomerados, inhibiendo la discusión y el desarrollo de nuevos proyectos políticos importantes.
Así, aunque hace meses está claro quién es el candidato de la derecha, la UDI aún no lo reconoce como candidato de la coalición, a la espera del surgimiento espontáneo de un rostro propio (como José Antonio Kast). Por lo mismo, tampoco existe consenso en cuanto a un proyecto político claro.
Por otro lado, el establishment de la Concertación y las directivas centrales de los partidos se dividen en varios frentes principales y posibles, Lagos, Insulza y Frei, mientras con ello profundizan la distancia con otros de sus sectores que también comienzan a levantar sus propias opciones como Jorge Arrate en el PS, José Antonio Gómez en el PRSD, incluso a riesgo de generar nuevas rupturas, como ocurre actualmente con Alejandro Navarro.
A lo anterior se suma la izquierda extraparlamentaria, que también se divide en varias opciones, como Tomás Hirsch y Guillermo Tellier sin realmente definir una opción política clara.
Este escenario de creciente atomización y donde las coaliciones hegemónicas y sus sectores dominantes parecen dividirse sin un rumbo ni un proyecto político claros, mientras agudizan sus tendencias oligárquicas, se vuelve favorable para propiciar el surgimiento de un nuevo pacto político, democrático y ciudadano transversal. Es decir, crear una hegemonía alternativa desde la sociedad civil, desde las bases.
Un acuerdo que aune las fuerzas e intereses de diversas sectores, corrientes políticas y actores sociales, a través de las cuales se constituya un proyecto político modernizador y de desarrollo de largo alcance, inclusivo, democrático, respetuoso de la democracia y los derechos humanos, tolerante, a favor de las libertades, derechos y bienestar de todos los ciudadanos, cuyo primer objetivo debería ser cambiar la actual Constitución política y constituir una nueva carta magna hecha por todos los chilenos.
viernes, 7 de noviembre de 2008
Yes, We can
viernes, 24 de octubre de 2008
El derrumbe de otro dogma
viernes, 17 de octubre de 2008
El inicio de una crisis permanente
La crisis actual parece dar luces y validez a este planteamiento, pues el Estado ha sido utilizado como un elemento de equilibrio para organizar los desajustes generados por las corporaciones financieras en una economía caracterizada por crecientes estructuras oligopólicas.
Algunos teóricos de la Escuela de Frankfurt, entre ellos Jurgen Habermas, planteaban que en un momento de su desarrollo, el capitalismo tardío, debido a sus irremediables tendencias a la crisis, necesitaría introducir la regulación estatal para asegurar su continuidad, adjudicando los beneficios económicas al mercado y las pérdidas al Estado, que se vuelve “agente planificador del “capital monopólico” unificado. (Habermas, Problemas De Legitimación En El Capitalismo Tardío).
Es decir, desde este punto de vista, la crisis actual estaría marcando el inicio de una posible crisis permanente del sistema capitalista, debido a la gradual incapacidad de éste para responder a las progresivas y diversas necesidades de la creciente población y la imposibilidad de ésta última, para adaptarse a los cambios de la economía globalizada.
Lo anterior se vería acentuado por el “reacoplamiento del sistema económico al sistema político, que repolitiza en cierto modo las relaciones de producción” (Habermas, Problemas De Legitimación En El Capitalismo Tardío), que en definitiva constituiría el paso de un capitalismo competitivo a un capitalismo monopólico.
En este sentido, el capital financiero estaría yendo en contra de la lógica del antiguo capitalismo industrial, puesto que “el sistema financiero de los EE.UU., al engrasar las ruedas de la economía real, ha estado absorbiendo un asombroso 30 por ciento de los beneficios empresariales y el 10 por ciento de los salarios. Así, pues, a diferencia de lo sucedido en el decenio de 1930, los EE.UU. afrontan un sistema financiero hipertrofiado.” Kenneth Rogoff (Profesor de Economía y Política Pública en la Universidad de Harvard y fue economista jefe del FMI).
En este sentido, no es menor considerar que la crisis actual está enmarcada por grandes índices de desigualdad económica, que parecen indicar que los sistemas financieros han sido ineficientes pues han dejado de promover el crecimiento en la economía real, y que “tampoco el capitalismo liberal el mercado cumplió por sí solo las funciones de la socialización en el sentido de la integración social” (Habermas, Problemas De Legitimación en El Capitalismo Tardío), dando paso a la actual fase de capitalismo monopólico.
Se produciría entonces una falencia en cuanto a “la adaptación del individuo no sólo en su integración social, sino especialmente en su integración sistémica” (Blanca Muñoz, Teoría de la Crisis). Es decir, la crisis permanente tiene la potencialidad de convertirse en un conflicto existencial, no sólo de cada individuo, sino del sistema mismo.
La crisis permanente, se sedimenta en base a lo que Habermas llama desplazamiento, de la crisis económica al sistema político, y a todos los campos de la sociedad. “El desplazamiento hacia lo político es la lógica consecuencia de la imposibilidad de solucionar la crisis económica con medios de carácter económico ya que no es posible transformar el sistema de apropiación privada del beneficio” Blanca Muñoz, Teoría de la Crisis).
Es probable entonces que, desde el punto de vista de los planteamos frankfurtianos, se produzcan crisis de legitimidad en el sistema social en general. Tomando en cuenta lo planteado por Habermas, se produce entonces un cuestionamiento a la estructura del sistema de la que habla Claus Offe, y que tiene su origen en la dificultad de establecer una clara separación del sistema económico con respecto al sistema político.
jueves, 16 de octubre de 2008
Siempre negativa, nunca positiva
Entre los nuevos increyentes (por no hablar de los creyentes "cultos") la excepcional estatura intelectual de Benedicto XVI se ha convertido en un acrisolado dogma de fe. Su reciente visita oficial a Francia ha provocado rendidos ejercicios de admiración.
Sin embargo, para los laicos -creyentes o "increyentes", tanto da- el verdadero problema no es el papa Ratzinger, que dice y hace aquello para lo que fue elegido, sino el presidente Sarkozy. Hace tiempo leí a un historiador que, hablando de los primeros cristianos, decía: "Esperaban la llegada inminente del Mesías y llegó la Iglesia".
Entre otros se lo recuerda Jean Baubérot, que es profesor emérito de historia y sociología de la laicidad en la Escuela Práctica de Altos Estudios (no, no es ateo sino protestante), en un libro interesante y divertido: La laicidad explicada al Sr. Sarkozy... y a quienes le escriben los discursos (ed. Albin Michel).
La laicidad (que en buen castellano se llama laicismo) no necesita apellidos que la desvirtúen: "laicidad positiva" pertenece a la misma escuela que "sindicatos verticales" o "democracia orgánica".
Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense
sábado, 11 de octubre de 2008
Los norteamericanos a los que nadie rescata
Lo cierto es que el nivel de protección social de la sociedad norteamericana no es precisamente para lanzar las campanas al vuelo, por lo que sorprende aún más que todo el esfuerzo gubernamental se concentre en recomponer el maltrecho sistema financiero, sin reconocer que mucha gente lo está pasando realmente mal en ese país.
En esa campaña se pide algo tan simple como que cada institución financiera que haya sido beneficiada por el plan de Paulson deba, automáticamente, reducir la carga financiera de las hipotecas que estén a su cargo, favoreciendo así la capacidad de pago de los propietarios hipotecados. Al mismo tiempo, se solicita que las instituciones financieras que no tengan a su cargo hipotecas, se vean obligadas a poner en marcha planes de ayuda para las comunidades más necesitadas. Y, además, se exige que se limiten los sueldos de los ejecutivos, vinculándolos de manera clara a los resultados reales de sus empresas.
Una de las campañas de ACORN que está teniendo más impacto, y a la que se han ido sumando otras organizaciones con sus propias iniciativas, ha sido la relacionada con la defensa de las familias norteamericanas que pueden perder sus casas en los próximos meses, al no poder cumplir sus obligaciones hipotecarias.
En 2006 casi el 50% de las hipotecas basura fue a parar a hispanos de bajos ingresos, y son ellos, precisamente, los más vulnerables en esta nueva fase. Medio millón de hispanos han perdido sus empleos en EE UU desde inicios del 2007, y la situación se agrava por momentos. Es evidente que los 12 millones de "sin papeles" de ese país van a ser los primeros en ser despedidos y/o deportados.
En Estados Unidos el salario mínimo por hora era hasta el año pasado de 5,15 dólares hora (3,70 euros). Una resolución del Congreso acordó que, en tres años, ese salario-hora mínimo debería pasar a 7,25 (5,25 euros).
Por otro lado, hay muchas Main Street en el mundo que ven también con alarma los efectos que sobre sus comunidades va a tener la crisis financiera.
En un país que ha visto crecer la desigualdad y la vulnerabilidad en los ocho años de Administración republicana, resulta escandaloso que suenen todas las alarmas sólo cuando los afectados son los sectores más privilegiados del establishment económico-político-financiero. Algunos de los centenares de grupos movilizados en las últimas semanas contra el plan de rescate sólo para algunos, entienden que es precisamente esta escandalosa situación la que va a constituir una importante oportunidad para modificar no sólo el sistema financiero estadounidense, sino también para influir en otra manera de entender la política y sus relaciones y connivencias con las élites económicas.
Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB.
miércoles, 1 de octubre de 2008
Crisis Mundial, todos los extremos son malos
Las causas de la crisis económica financiera –al borde del debacle real- han sido muy discutidas en el último tiempo y como era de esperar, las posiciones se han polarizado entre aquellos que reclaman mayores intervenciones del Estado en el mercado, y aquellos que promueven ojalá ninguna intervención gubernamental en las lógicas económicas.
El debate entre los economistas y otros especialistas está que arde y los argumentos a favor y en contra de alguna de estas posiciones siguen apareciendo en diversas publicaciones. También aparecen los discursos deslegitimadores que tienen más carácter ideológico que técnico. Aunque a estas alturas, la técnica parece sobrepasada por una crisis que ya es. La técnica falló en algún punto.
Por otro lado, al debate ahora se suman las eventuales y posibles soluciones al problema, entre las que destacan el plan de rescate del presidente Bush y que aún sigue en negociaciones en el Congreso estadounidense.
Todo gira en torno a aspectos superficiales o netamente económicos del problema, pero nada apunta a un elemento esencial que en la discusión parece no considerarse, la relación entre política y dinero en cuanto al mercado y el estado. Más aún, parecen no considerar como la intervención estatal fue claramente usada para favorecer intereses económicos privados sin tomar en cuenta el paso del tiempo. El tema central es que el Estado no se debe volver un nicho para favorecer intereses corporativos o empresariales, es decir convertir a la sociedad en una plutocracia.
En este sentido, para muchos, la intervención estatal es la gran culpable del desastre financiero actual, debido a la promulgación de leyes como la Ley Gramm-Leach-Bliley, firmada en noviembre de 1999 por el presidente Clinton, o la ley federal de 1995, la Community Reinvestment Act (CRA).
Sin embargo, nadie ha tomado en cuenta que dichas resoluciones fueron aprobadas por un congreso y un gobierno, cuyos componentes probablemente también tenían enormes intereses económicos involucrados para estar a favor de dichas leyes.
En este sentido, la primera ley puso fin a la prohibición –o regulación- que tenían los holdings bancarios de poseer otras compañías financieras, y que separaba la banca de inversión de la banca comercial.
Lo anterior, “permitió que una misma entidad desarrollara una banca comercial y de inversión, propiciando fusiones y un crecimiento desmesurado de muchas entidades” (http://www.elobservatodo.cl/admin/render/noticia/11818).
Nadie -de los beneficiados en ese momento- se quejó de la intervención estatal, que en definitiva permitió la ampliación de sus mercados. Y también de sus ganancias.
Sin embargo con ello también se abrió la puerta para el surgimiento de gigantes financieros proclives al monopolio y al alto riesgo financiero, pues surgieron los incentivos para que “fondos privados de inversión (hedge funds) inyectaran grandes cantidades de dinero sin tener que pasar por el ojo de un ente regulador (ellos no están obligados a hacer pública la información financiera relevante).
Mucha vs. Poca Regulación (http://xavierserbia.com/b2evolution/blogs/index.php?blog=1&p=114&more=1&c=1&tb=1&pb=1)
Probablemente más de algún senador tenía intereses creados en alguna entidad financiera, que favorecieron la aprobación de dicha ley, que parece tiene un claro carácter de una intervención que desrregula.
Por otro lado, la segunda ley establecía la prohibición a bancos y otras entidades, de otorgar créditos sólo a los más acomodados en el mercado, sino que los obligaba a ofrecerlos a todos los grupos sociales. Es decir, se promovía –aunque “obligadamente”- ampliar el espectro del mercado y también –aunque nadie lo dice- se obligaba al endeudamiento a quienes en realidad no podían endeudarse. Probablemente a muchos racionales les dijeron: ¿Eres idiota o qué, por qué no tienes casa?
Por lo mismo, con la segunda ley no tardaron en aparecer “organizaciones sin fines de lucro con poder político que reciben miles de millones de dólares por parte de la banca privada para llevar financiamiento a potenciales dueños de casa y dueños de pequeños negocios.” (http://xavierserbia.com/b2evolution/blogs/index.php?blog=1&p=114&more=1&c=1&tb=1&pb=1).
En este caso, claramente los intereses económicos corporativos se imbricaron con los políticos. Todos estaban ganando y nadie se quejaba en ese momento. El Estado y el Mercado eran una sola entidad. Eso no debe ocurrir jamás, porque entonces estamos ante una plutocracia.
Es en este punto donde juegan un rol clave las hipotecas de empresas con garantía estatal (government sponsored enterprises) como Fannie Mae y Freddie Mac. Cualquier empresa querría tener como aval las arcas del Estado, más aún el estadounidense.
En este caso, tampoco nadie se quejó de la intervención, menos cuando existían ganancias cuantiosas para dichas empresas y sus ejecutivos.
Probablemente ahora, si interviene el gobierno de Bush con su plan de rescate a Wall Street, tampoco se quejen aquellos que se lleven grandes indemnizaciones a costa de los ciudadanos que sin embargo, seguirán endeudados.