jueves, 28 de agosto de 2008

Las infraestructuras de la Educación se están derrumbando

El derrumbe de una losa en el Liceo de Aplicación, ubicada justo en el pasillo que lleva hasta la oficina del rector, cuando un grupo de alumnos saltaba como protesta por "desórdenes administrativos" y por problemas de infraestructura en la institución educacional es un ejemplo claro que la estructura de la Educación está literalmente debilitada, y ya no es sólo una metáfora.

martes, 26 de agosto de 2008

Rescatando las causas perdidas

La utopía en estos tiempos ha sido relegada al espacio de la irracionalidad, de la fantasía extrema, donde entonces cualquier atisbo de pensamiento ideal o hacia el futuro -en cualquiera de sus vertientes- queda catalogado de causa perdida. Entonces, la resignación con el presente se sedimenta como lo verdaderamente racional, inteligente y bueno.

Las luchas por libertad, igualdad o bienestar, durante siglos constituyeron la objetivación de ideales con miras hacia el futuro, que planteaban cambiar las sociedades desde un punto de vista utópico, considerando el avance hacia una sociedad mejor, más justa, y en definitiva más feliz para todos.

Hoy sin embargo, para muchos esas reivindicaciones se han convertido en causas perdidas, en tabúes discursivos, en signos de absurdo intelectual y falta de pragmatismo. Como si se tratara de una herejía contra la razón y la modernidad, al pensamiento utópico y al idealismo en general, se les acusa de falta de rigor positivista, de escasez de realismo político, y de exacerbar las ansías “irracionales” de las masas. Por lo mismo, se le ha tratado de abolir de los sistemas de pensamiento actuales.

Hoy muchos reniegan de las causas perdidas, ya sea por vergüenza, o conveniencia política y académica. Otros tantos, las atacan despiadadamente, aunque sin decirlo, esencialmente por llevar consigo una visión revolucionaria constante, que plantea ver siempre más allá del orden vigente, y en definitiva de considerar la ruptura constante contra cualquier statu quo imperante y desigualdad en el tiempo.

En definitiva, en tiempos en que la resignación se expande a todos los ámbitos sociales y a todas las dimensiones de los sujetos, y se objetiva en el anquilosamiento electoral, económico, legal y político, las causas perdidas se han vuelto sumamente peligrosas para todos aquellos que desean constituir y mantener intacta la sociedad en base al creciente conformismo, sedimentándolo como el máximo símbolo de consenso, racionalidad y civilización.

Por eso, Slavoj Zizek, en su nuevo libro En Defensa de las Causas Perdidas, aborda la conservación del pensamiento utópico, como la necesidad de revitalizar un sentido de proyección hacia el futuro, como la búsqueda incansable de un propósito humanista perfectible. De ahí que Zizek critique el Fin de la Historia (Fukuyama) y el solapado, aunque a veces estrepitoso discurso de la resignación. ¡El mundo es así!

Zizek reivindica las visiones utópicas de la revolución francesa, bolchevique y cultural sosteniendo que, si acabaron en otras tantas monstruosidades, no fue porque los ideales estuvieran errados, sino más bien porque sus protagonistas no lograron llevarlos a cabo o tomaron vías incorrectas para hacerlo, llegando al terror físico y los totalitarismos conocidos. Es decir, dichos ideales fueron incompletos e incumplidos, pues de no ser así, nadie se habría negado a ser feliz y vivir mejor.

Lo esencial del planteamiento de Zizek, tiene relación con que las causas perdidas, es decir esos ideales máximos de humanismo, como la libertad, igualdad, fraternidad, bienestar social y en definitiva felicidad de los sujetos y la comunidad, aún prevalecen en el mundo de las ideas -si parafraseamos a Popper- y en cada sujeto, y por lo tanto no han sido abolidas del todo, por lo que aún siguen constituyendo potencialmente “un sueño que espera su eventual realización”.

Es decir, aún siguen disponibles para que otras generaciones, los acojan como ideales verdaderos y universales –no sólo significantes vacíos en pro de intereses particulares- y los conviertan en parte constituyente de su ser como sujetos y como miembros de una comunidad, que mira hacia el futuro con optimismo y no sólo con conformidad.

Lo más importante, es que esas causas perdidas, esas utopías, son hoy más que nunca imperiosas para evitar caer en la utopía de creer que el orden vigente, muchas veces desigual e injusto, es lo máximo alcanzado, que es inconmensurable o inalterable en pro de algo mejor.

Seamos realistas, soñemos lo imposible.

martes, 19 de agosto de 2008

El poder por gobernar o el gobierno por el poder

La disyuntiva de la derecha “moderna” en los últimos años, sigue siendo la pugna histórica por el poder para el poder, y no para algo más como gobernar por un proyecto político.

Ese dilema, que parecía saldado cuando Joaquín Lavín fue el candidato único de la derecha, ha vuelto con la fuerza de algo que a presión se mantuvo quieto por un tiempo, pero que ya no aguanta más.

Piñera hace rato parece ser el candidato de la derecha, no sólo porque es el mejor posicionado en las encuestas entre todos los posibles candidatos presidenciales, y está en el inconsciente colectivo de algunos sujetos gracias a una constante auto difusión, sino también porque –aunque en la UDI no lo quieran asumir- no hay otro que compita con él dentro de dicho sector.

Pero al parecer, la lucha intestina por el poder en sí, puede más que las ansías y las posibilidades de gobernar en pro de un proyecto, que probable y necesariamente llevarían a un acuerdo político entre los “dos” sectores de la derecha.

Lo anterior, se ha apreciado con mayor fuerza en las últimas semanas, a través de la batalla verbal que se ha suscitado debido a la intención de RN de proclamar oficialmente, ahora ya, a Piñera como candidato de la derecha.

La UDI ha respondido argumentando que prefiere esperar un momento más oportuno (2009), para evaluar y tomar diversos factores en cuenta a la hora de elegir al candidato.
Sin embargo -y esa es la base de la disyuntiva al interior de la derecha- lo que esperan es el surgimiento, casi espontáneo, de alguna figura desde sus propias filas. Es decir, la derecha parece seguir confiando más en los personalismos y no en los proyectos colectivos y mancomunados entre sus miembros.

Claramente, esa falta de confianza, se expresa en una incapacidad para llevar a cabo acuerdos, elevando los costos de negociar y más aún de generar un proyecto político que vaya más allá de los sujetos de turno.

Lo anterior, fue la mayor fuente de diferencia entre la derecha y la Concertación durante la década de los 90´, pues ésta en sus inicios, tenía mucho de esa confianza y capacidad para elevar pactos, negociarlos y sustentarlos en un proyecto común entre sus integrantes.

Sin embargo, la lógica centrípeta de los personalismos también puede aparecer cuando los proyectos se debilitan con el paso del tiempo y no se renuevan constantemente, yendo en desmedro de la política como actividad en pro del bien común, y fortaleciendo las pugnas individuales sólo por el poder, que tienen como consecuencia el desmantelamiento de principios éticos y fundacionales, escisiones profundas en los partidos, trivialización de la actividad política, anquilosamiento, falta de un proyecto político general, y peor aún, corrupción.

Se pasa irremediablemente, de querer el poder para gobernar y llevar a cabo un proyecto político, a querer el gobierno para conservar el poder simplemente.

Actualmente, quizás lo más lamentable para la ciudadanía y la democracia en general, ambas coaliciones parecen estar débiles en ese sentido, e inmersas en batallas intestinas casi irreconciliables. Una claramente aún no tiene un proyecto mancomunado, y la otra necesita urgente reavivar y fortalecer las bases primarias que le dieron origen como una coalición democrática con un propósito político claro.

domingo, 10 de agosto de 2008

Símbolos, redes de relación y movimiento colectivo (Parte I)

Introducción
“En la base de la acción colectiva se encuentran las redes sociales y los símbolos culturales a través de los cuales se estructuran las relaciones sociales. Cuanto más densas sean las primeras y más familiares los segundos, tanto más probable será que los movimientos se generalicen y perduren” Sidney Tarrow, El poder en movimiento.
La afirmación de Tarrow parece ratificar un cuestión clave para entender los movimientos sociales. Estos se componen de un entramado complejo de redes sociales que operan en forma simultánea, a veces fragmentada, que se combinan y recomponen a través del proceso de cambios, pero que esencialmente se van definiendo y articulando en base a aspectos simbólicos.
Pero ¿A qué se refiere Tarrow con redes sociales, que pueden ser densas o frágiles y símbolos culturales familiares?
Esencialmente, se refiere a los aspectos que profieren significado a la realidad, y que operan generando relaciones de igualdad, competencia y antagonismo entre los individuos o grupos.
Debemos entender el simbolismo como parte esencial de la articulación de los movimientos colectivos, pues sólo es a través de esto que la diversidad de demandas de los distintos grupos, que están dispersas en el espectro social y político, logran confluir a alcanzar cierta verticalidad en su actuar, que establezca un consenso determinado.
“Sólo transformando el rojo vivo de la Revolución en el púrpura ceremonial del Imperio se transmutó la vestimenta de la revuelta en el ropaje del consenso, como comprendió Napoleón” (Tarrow, 1997: 208).
Es necesario entender cómo operan esta serie de estructuras simbólicas que transmutan, van definiendo el carácter de una movilización y reestructuran las redes y relaciones sociales de las que habla Tarrow.
Para esto, trataremos de incluir análisis de otros autores, que también plantean la importancia del significado para las movilizaciones y la imposibilidad de articular la acción política de las diversas manifestaciones sociales en forma inmanente, simultánea y de forma paralela, sin la presencia de un liderazgo hegemónico, que se manifiesta mediante expresiones simbólicas.
Símbolos familiares y significante vacío
“La movilización de símbolos es tan importante en los movimientos actuales como lo era hace dos siglos” (Tarrow, 1997: 220). La afirmación no es gratuita si consideramos que diariamente se está recurriendo a diversas significaciones para justificar cualquier tipo de acción de orden colectivo, desde el propio establishment como desde grupos antisistema.
Tanto la denominada “Guerra contra el Terrorismo” hasta el denominado movimiento de los “sin tierra” obedecen a una búsqueda clara de significación para sus acciones.
El establecimiento de símbolos en la acción colectiva, no sólo se debe a que “La construcción simbólica constituye una parte importante de la política” (Tarrow, 1997: 213), sino también, a que ésto tiene diversas finalidades, conscientes e inconscientes, que buscan darle un significado definido a las movilizaciones y una articulación coherente con ciertos objetivos.
Pretende responder a la necesidad de una articulación política, es decir, la existencia de un discurso hegemónico que articule y entregue un significado único e inclusivo a las distintas luchas o demandas sociales en circulación. Mediante esto, se definen antagonismos, redes de cooperación y también la hegemonía de quienes controlan la movilización.
La hegemonía la debemos entender como “la relación por la cual una cierta particularidad asume la representación de una totalidad inconmensurable consigo misma” (Laclau, Democracia, pueblo y representación).
Si consideramos que “los intentos de movilización simbólica acompañan a todo movimiento moderno, desde el uso de simples casacas militares por parte de los comunistas rusos y chinos, al esplendor pagano de los jerarcas fascistas, al simple khadi de los nacionalistas indios y las descuidadas barbas de los guerrilleros latinoamericanos” (Tarrow, 1997: 208), es necesario explicar el por qué de la importancia de está movilización a nivel de las significaciones.
Los diversos grupos que se cruzan e interactúan en un proceso de movilización, no necesariamente comparten fundamentos ideológicos, religiosos o sociales similares.
Tarrow plantea que “Una de las principales tareas de las organizaciones del movimiento es encontrar símbolos que resulten lo suficientemente conocidos como para movilizar a la gente que lo rodea” (Tarrow, 1997:209).
Sin embargo, el simple hecho de establecer símbolos, no genera la movilización en forma espontánea, pues no entrega significado para la “articulación política, es decir, la existencia de un discurso hegemónico que articule y entregue un significado único e inclusivo a las distintas luchas sociales” (Gómez-Arismendi, 2004: 3).
El símbolo o significante, como lo llamaremos de ahora en adelante, debe estar situado por sobre cualquier consideración que pueda generar distanciamiento o una dislocación entre los diversos grupos en medio de la movilización. Esto, porque “la simultaneidad de las demandas sociales no significa que éstas se conjuguen de forma “inmanente”, sino más bien, que llega un momento dado en que se hace necesario darles un significado que englobe todas las particularidades” (Gómez-Arismendi, 2004: 4).
Es por esto, que “La mayoría de los investigadores cree que los significados son construidos” (Tarrow, 1997: 209 ).
Es decir, el uso de significantes o símbolos familiares, como la nación, la libertad, la igualdad, los derechos humanos o civiles y la dignidad, obedece a una simple razón, “los movimientos enmarcan su acción colectiva en torno a símbolos culturales escogidos selectivamente en un baúl de herramientas culturales que los promotores políticos convierten creativamente en marcos para la acción colectiva” (Tarrow, 1997: 209).
Esa selección, busca establecer marcos específicos con los cuales se pretende interpretar la realidad, definiendo valores, hechos, situaciones y costumbres. “Una tarea fundamental de los movimientos sociales es la tarea de “señalar” agravios y construir marcos de significado más amplios que puedan encontrar eco en la predisposición cultural de una población” (Tarrow, 1997: 215).
Es decir, se establece lo que podemos llamar una serie de cadenas de equivalencia, entendidas éstas como el momento en que “un contenido más universal se añade a estos contenidos particulares. Y así se va creando una cadena equivalencial” (Laclau, Democracia, pueblo y representación).
Los contenidos particulares corresponderían a la multiplicidad de demandas, y por ende a diversas significaciones que operan en torno a una movilización social, las cuales sólo serán unificadas mediante el establecimiento de un contenido más universal, que podemos denominar meta-marco (metaframes) o significante vacío, como cuando hablamos de los “derechos”.
Sin embargo, “los potenciadores del movimiento no se limitan a adaptar marcos de significado a partir de símbolos culturales tradicionales. Si lo hicieran, no serían más que un reflejo de sus sociedades, y no podrían cambiarlas” (Tarrow, 1997: 215).
Es necesario que se apropien de éstos mientras les son útiles, los aprehendan como tales y deriven su uso hacia los niveles de acción que pretenden llevar a cabo. “Cuando la organización de un movimiento escoge símbolos con los que enmarcar su mensaje, establece un curso estratégico entre su entorno cultural, sus oponentes políticos y los militantes y ciudadanos de a pie cuyo apoyo necesita” (Tarrow, 1997: 216).
Podríamos establecer cierta similitud con el planteamiento de Mc Adam y su denominada liberación cognitiva, la cual plantea que sólo mediante la toma de conciencia de las problemáticas sociales y el cambio total de las percepciones de la realidad, el movimiento social es posible en sí.
Para Mc Adam, la liberación cognitiva es lo que gatilla el movimiento social, articulándolo y dándole un significado. Es decir, al igual que Tarrow, sólo a partir de las significaciones que la realidad recibe por parte de los grupos e individuos, es posible el desarrollo de un movimiento social.
Así, por ejemplo, la defensa de los derechos humanos en Chile, por parte de la Iglesia Católica, adquiere mayor fuerza esencialmente desde el momento en que algunos de sus miembros se ven afectados por los abusos y su posición como culto mayoritario se ve cuestionada debido a su inercia en los primeros momentos del debacle institucional.
Desde el punto de vista de las significaciones, se vio obligada a definirse de alguna forma, y es en esa búsqueda de definición que los primeros meses del régimen militar adopta un rol importante en la protección de los perseguidos políticos. Es decir, la toma de conciencia de las magnitudes de la situación y de la posición en que se estaba situando la comunidad eclesiástica en torno a eso, generaron una mayor movilización de ese sector o grupo.
Veamos cómo opera el establecimiento de los meta-marcos en la definición de la acción colectiva a nivel latinoamericano.
Un marco, metaframe o significante, tiene la cualidad de transmutar, y a hacerse “heredable” o transferible de un movimiento a otro a través del tiempo. “El marco de la acción colectiva empleado en la campaña de un movimiento es a menudo importado a los mensajes de otros movimientos” (Tarrow, 1997: 228).
Así, vemos que los significantes usados durante la revolución del año 68` tienden a utilizarse nuevamente durante las fases de protestas previas a la segunda invasión a Irak, y entonces las movilizaciones se definen como anti-imperialistas, pro-paz, pro-libertad.
Lo mismo ocurrió durante las fases previas a la instauración del régimen de Mussolini en Italia, donde comunistas y fascistas trataban de definir sus acciones en base al concepto de nación y entonces ambos, a pesar de las diferencias sustanciales, consideraban y definían sus movimientos como esencialmente nacionalistas.
Debemos entender que la transferencia o la apropiación de un símbolo –significante- puede ocurrir de dos formas paralelamente, como en el caso italiano: donde existe una disputa en torno a un significante y la hegemonía sobre éste; o a través del tiempo, mediante una apropiación que es legitimada como una herencia por parte de grupos afines, como es el caso de algunos sectores políticos de la izquierda institucional que buscan reapropiarse de un eventual legado de Salvador Allende.
“Los líderes se apropian los símbolos heredados - la Revolución Francesa, los derechos de los hombres libres ingleses, el derecho de la mujer a controlar sus funciones reproductores - pero de manera consciente y selectiva” (Tarrow, 1997: 216).
Esta fácil transmutación del significado de un significante en medio del juego político es lo que podemos definir como el vaciamiento del significante. Es decir, el símbolo pierde toda sustancialidad en sí, y se hace volátil, adaptable a para cualquier grupo que lo sepa utilizar. “el concepto de autonomía que aparece por primera vez entre los estudiantes y después en la clase trabajadora, se convirtió en un mensaje modular” (Tarrow, 1997: 228).
Si bien esto podría verse como un foco de problemas, también ha beneficiado el desarrollo de la acción colectiva, pues ha permitido la cohesión de una infinitud de organizaciones alrededor del globo, con diversos intereses, demandas y objetivos.
El problema de la articulación, como ya dijimos, se ve resuelto cuando se logran establecer significantes claros, o como dice Tarrow, símbolos familiares. Así explican algunos autores como se ve resuelto el tema de la articulación de los movimientos, “este problema aparece aliviado entre muchos pacifistas y activistas de la justicia global social contemporáneos, por la difusión de metaframes como la diversidad, la inclusión, y la justicia social” (Lance Bennett, 2005 :205).
Veamos como ésta articulación debe estar respaldada por una amplia red de grupos e individuos que sustenten la valoración del significante y su eventual trascendencia.

miércoles, 30 de julio de 2008

Los homo academicus se agarran del pescuezo

Artículo reeditado a propósito de los dichos de Claudio Bunster, en la revista científica PNAS, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, donde cataloga el sistema universitario chileno de pequeñas uniones soviéticas.
Idealmente el campo ámbito académico y científico se concibe como un espacio positivo –en términos epistemológicos y éticos- libre de los vicios del conocimiento vulgar y del egoísmo característico del comportamiento humano.
Como cualquier otro ámbito de actividad, como un espacio de lucha competitiva en torno a un capital determinado, el sentido básico del campo académico es lograr el control del monopolio de la autoridad científica (junto a los beneficios que eso conlleva) por lo que las pugnas epistemológicas están plagadas de intereses producidos en otros campos sociales.
Contrariamente a lo que podría pensarse, la autoridad científica no está fundamentalmente cimentada en los aportes científicos de ésta, sino en el control que ejerce sobre el capital social acumulado y sedimentado en el mismo campo académico, a través de diversas prácticas e instituciones no científicas, lo que produce la jerarquización entre quienes detentan determinado capital social y aquellos que desean tenerlo.
Los científicos entonces, tienden a legitimar aquello que se reproduce como conocimiento legitimo mediante prácticas y recursos ya instituidos dentro del habitus dominante -como grados académicos, metodologías de investigación y enseñanza hegemónicas- y no mediante la innovación científica como tal.
Se produce entonces la homogeneidad del campo científico que tiende entonces a suprimir la innovación, anquilosando el conocimiento ya instituido en base a un habitus dominante determinado.
La posibilidad de revolución al modo de Kuhn, es entonces acallada por las elites que controlan el campo, que tienden a proteger el statu quo epistemológico, con el propósito de conservar sus posiciones de estatus y poder.
Se constituye entonces una ley de hierro de la elite científica al modo de Michels, donde se constituyen prácticas destinadas a perpetuar el orden científico establecido, colando el acceso al habitus, el capital simbólico y las redes sociales del campo, con el fin perpetuar los paradigmas, conocimientos y símbolos dominantes. Se inhibe totalmente entonces la anarquía científica que Feyerabend proponía, que es la base del avance científico.
Cualquier otra fuente de conocimiento científico, es desechada, no a través de la lógica popperiana de verificación-eliminación, sino que a través de una lógica simbólica y subjetiva de dominación, en base a su concordancia ideológica con el discurso constitutivo del paradigma epistemológico imperante, y el habitus de los sujetos que controlan el campo, marcado por su capital social.
Mediante ésta lógica, la elite científica dominante circunscribe y determina las fronteras de lo que es epistemológicamente válido, en cuanto a problemas, respuestas, metodologías, paradigmas, y sujetos autorizados para su uso, sedimentando en definitiva la inercia intelectual dentro del campo académico y científico.
Queda así determinada a priori la demanda con respecto a determinados conocimientos, prácticas y habilidades, en base al habitus dominante del campo, y cuyo capital social específico genera y reproduce dentro de un marco institucional y simbólico, con el único fin de perpetuar su dominio.
Como los miembros de cualquier ideología, los miembros dominantes del campo científico establecen una serie de símbolos y procedimientos a modo de doctrina, internalizando en su habitus los modos y formas de reproducción, jerarquización y a la vez exclusión del capital social dominante.
No existe entonces “la famosa "neutralidad" (erróneamente igualada a objetividad científica cuando es algo inevitable, es decir, un hecho, que el escapismo es siempre imposible).” (Sobre intelectuales y política, Pierre Bourdieu).

miércoles, 23 de julio de 2008

El Absolutismo de Berlusconi

Silvio Berlusconi, primer ministro italiano, dueño de un número importante de medios de comunicación, ahora ha logrado obtener inmunidad legal, gracias a una ley aprobada por la cámara de diputados y el senado italiano, que no sólo rompe con la igualdad ante la ley , sino que lo coloca en una posición de claro absolutismo.

Berlusconi se salió con la suya, ahora no sólo controla gran parte de los medios de comunicación en Italia, sino que también ahora es inmune ante la justicia de ese país, gracias a la llamada Lodo Alfano, que otorga inmunidad legal al Jefe del Estado, al jefe de Gobierno y los presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado.

La ley, aprobada sólo en 25 días por el parlamento italiano y propiciada por el ministro de Justicia italiano, Angelino Alfano, estipula la suspensión de todos procesos penales contra dichas autoridades, incluidos aquellos cometidos antes de acceder al cargo.

Más allá de los detalles legales que algunos podría enarbolar para defender esta ley, lo claro es que ésta tiene claros indicios de despotismo al más puro estilo del absolutismo monárquico de antaño, que rompen con la igualdad ante la ley y la simetría entre los poderes del Estado.

Lo anterior no sólo es inadmisible en términos éticos, legales y políticos, sino también prácticos, puesto que da la pauta para institucionalizar la corrupción a manos de los máximos gobernantes.

En este sentido, no se debe olvidar que a Berlusconi, estaba en pleno proceso judicial en Milán, por haber ordenado la entrega de 600 mil dólares al abogado inglés David Mills, con el propósito de no revelar como testigo, detalles donde el actual primer ministro italiano parecía estar involucrado en el lavado de dinero.

Otra cosa que llama la atención notoriamente es la baja cobertura que los medios de comunicación a nivel internacional y sobre todo los nacionales han dado al hecho, aún cuando claramente muestra un precedente antidemocrático de proporciones.

Llama la atención que aquellos que alzaron la voz por la libertad de expresión, la democracia y el respeto por la ley y el Estado de Derecho, ante el cierre del canal RCTV por parte del gobierno de Venezuela, hoy guardan silencio absoluto ante una medida que entrega inmunidad judicial al hombre más acaudalado de Italia, con una fortuna de US$ 12.000 millones, que controla el principal grupo de comunicación italiano y el 60% del total de los ingresos publicitarios.

Al parecer, para algunos, la defensa de la libertad y la democracia, dependen sólo de quién la ataque y qué intereses ponga en riesgo.
Lo ocurrido con Berlusconi, nos muestra los riesgos que se corren cuando no se exige una distinción clara y concreta entre Dinero y Política, sobre todo a quienes se dedican a la última.

Ojalá en Chile no lleguemos a tener un Berlusconi, que compre la democracia y el Estado.

martes, 1 de julio de 2008

La vaguedad ante lo corrupto

La corrupción no es sólo actuar al margen del derecho y la legalidad, sino también abusar de ventajas indebidas, por eso, la distinción entre irregularidades y corrupción, que han hecho el alcalde Cornejo y la senadora Matthei, es absolutamente falsa.
El tema de la corrupción en el último tiempo se ha convertido en un elemento muy utilizado para hacer más efectista la oposición política.
En este sentido, el discurso anticorrupción ha sido instrumentalizado esencialmente para obtener futuras divisas políticas de carácter electoral, y no para incentivar prácticas políticas en base a principios éticos.
Debido a esa instrumentalización, quienes se han apropiado del discurso fiscalizador en el campo político, sobre todo en la oposición más dura, en el último tiempo han caído en notorias ambigüedades en torno a qué es la corrupción y sus extensiones.
La corrupción no es sólo actuar al margen del derecho, sino también abusar de la buena fe de los sujetos. Es abusar de las confianzas y posiciones, y a partir de eso generar intercambios ventajosos irregulares (Kindhäuser, 2007).
En definitiva, la corrupción es aprovecharse de situaciones ventajosas donde no corresponde hacerlo, pues existe un deber general.
Por eso, la distinción entre irregularidades y corrupción, que ha hecho el alcalde de Recoleta, el UDI Gonzalo Cornejo, después de ser publicado en informe de Contraloría, y para evitar ser considerado corrompido, es falsa.
Esto, no sólo porque claramente ha actuado contra la transparencia y las lógicas del concurso público al hacer intercambios ventajosos, como contratar a sus propias empresas, sino también porque abusó de las confianzas, al acreditar una venta de acciones con su firma como testigo, aún cuando no podía haberlo hecho porque se encontraba fuera del país.
En este sentido, las “irregularidades administrativas” del alcalde, tienen claro tinte de ilegales y corruptas.
Sin embargo, ante los casos de corrupción en alcaldías de la derecha, tanto el alcalde Cornejo como la senadora Matthei han recalcado que es muy distinto hablar de irregularidades que de corrupción.
Parece que ambos se olvidaron que por irregularidades, su sector llegó a destituir a un ministro de Estado.

miércoles, 25 de junio de 2008

Desigualdad sedimentada por la Educación

Una población bien educada es un factor esencial para lograr el desarrollo, sin embargo, es claro también que la educación, sólo en términos de cobertura, no basta para disminuir las desigualdades que entorpecen ese tránsito.
Nuestros índices de distribución de la riqueza, nos sitúan entre los diez países con peor distribución del ingreso en el planeta, y donde el 10% más rico se queda con 35 veces más dinero que el que capta el 10% más pobre.
Esa dicotomía entre distribución y competitividad se vuelve aún más paradójica si consideramos que la cobertura de nuestro sistema educacional, entre los 5 y 14 años, se encuentra cercana a los parámetros establecidos por la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD, en sus siglas en inglés), con el 92% de los niños dentro del sistema educativo.
Sin embargo, vemos que la cobertura no ha bastado, y que la desigualdad social continúa y aumenta.
La educación, sobre todo básica y media, a pesar de su nivel de cobertura, no está garantizando el desarrollo profesional y laboral equitativo de los individuos, sino que está perpetuando las estructuras de desigualdad.
La afirmación no es gratuita si consideramos que la paradoja está en que supuestamente, si un alto porcentaje está recibiendo la misma preparación e instrucción en las primeras etapas del sistema educativo, muchos deberían tener las mismas posibilidades de acceder a la educación superior y posteriormente a elegir trabajos bien remunerados, más allá de su nivel socioeconómico de procedencia y del capital social con que cuenten en principio.
Pero, y siguiendo a Pierre Bourdieu, el sistema educacional chileno, segmentado y estratificado, estaría sedimentando las desigualdades sociales al reforzar el habitus social de cada individuo según su capital social o en otras palabras, según su estrato o clase.
Es decir, cada individuo estaría siendo educado en base a su origen social, al habitus de su clase, y no a su capacidad de aprender.
Por esto, por ejemplo es difícil que alguien consignado en el estrato abc1 estudie en un colegio técnico industrial y es muy probable que lo haga en uno científico humanista.
Lamentablemente, la diferencia entre estudiar ambos tipos de establecimientos educacionales es abismante en cuanto a las expectativas laborales y proyecciones educacionales que de esto se generan.
Peor si agregamos las diferencias entre colegios particulares y municipalizados, si consideramos que, por ejemplo, entre los 200 colegios mejor rankeados del país, sólo 5 son municipalizados.
De este modo, y tal como diría Bourdieu, el colegio no es el lugar en el que se generan las desigualdades sociales sino donde se naturalizan esas desigualdades.
Por lo tanto, el planteamiento que consideraba a la educación como la base del desarrollo –en términos de equidad- tiende a perder sentido.
Más aún, si consideramos que la brecha social sigue aumentando en torno a nuevas fuentes de desigualdad como son el acceso a la tecnología y a los medios de información, muy relacionadas con la educación, el problema se complica.
Estas diferencias se ven acrecentadas debido a que se está produciendo un número no despreciable de profesionales cesantes o trabajando por sueldos muy bajos, en labores para las cuales, no necesariamente están calificados o muchas veces, sobrecalificados.
Es decir, actualmente, ni siquiera la educación superior estaría garantizando un futuro laboral seguro y bien remunerado, por muchos postgrados y estudios que se tengan.
En este sentido, debemos tener claro que la educación superior en Chile se compone de tres niveles: las universidades, los institutos profesionales y los centros de formación técnica.
Los dos últimos, no tienen un sistema de acreditación ni de regulación y tampoco tienen vías de conexión con el primero. Ahí, claramente se produce un foco de diferencia que perpetua las desigualdades en el plano laboral.
Las carreras técnico profesionales tienden a ser vistas, erróneamente, como carreras de segundo orden, como opción para los que no pudieron ingresar a la universidad tradicional.
Por lo mismo, el funcionamiento del mercado tiende a favorecer a estudiantes y profesionales que ya poseen capital económico y social previo, pues las instituciones educativas están estructuradas para favorecer a aquellos que ya lo poseen.
A lo anterior, se suma un fenómeno que viene ocurriendo en los últimos años, y es que la universidad, tanto privada como pública, se ha convertido en un lugar donde se aprenden determinadas técnicas, específicas y muy acotadas, que inhiben el desarrollo integral de los profesionales, y por ende su capacidad innovadora.
El profesional, queda determinado a ciertas tareas específicas, en las cuales sólo puede desempeñarse si cuenta con el capital social previo.
Es muy difícil que alguien sin capital social amplio, pueda acceder a puestos laborales bien remunerados, sobre todo si consideramos que aquel con mayor capital social –entiéndase desde el apellido hasta “pitutos”-, aún siendo el peor alumno, tiene garantizado entre 30 a 40% más de sueldo que el mejor alumno que viene de un sector medio-bajo.
Es decir, la cobertura educacional no bastará para disminuir con la desigualdad, mientras las diferencias en el capital social y económico primen sobre el mérito, el buen desempeño, y la educación siga siendo segmentada desde sus primeras etapas.
Lo anterior, sobre todo si consideramos que esas diferencias estarían siendo fomentadas desde la primera infancia, pues la cobertura en educación preescolar llega a menos de la mitad en nuestro país, y por lo tanto, tendríamos un importante número de ciudadanos que estarán en desventaja desde el inicio de sus vidas, mucho antes de pensar en trabajar.
Artículo reeditado.

martes, 10 de junio de 2008

El mayo del 68 chileno

Un día de mayo de 1968, hace cuarenta años, en Francia se inició una revuelta de estudiantes, que exigían verdadero acceso a los beneficios del crecimiento económico. En Chile, en mayo del 2008, lo mismo están pidiendo escolares y universitarios, aunque las elites no lo quieran asumir.
En diversos aspectos, el movimiento estudiantil chileno tiene varias similitudes con el francés, sobre todo con respecto a su crítica al poder, en especial al de los partidos políticos, y la simultánea exigencia de hacer coherente el sistema democrático, económica y socialmente.
Las movilizaciones estudiantiles en Chile, no se refieren sólo a la LOCE y la LGE, sino que tras éstas hay una crítica profunda a una sociedad marcada por el desequilibrio social, que crea constantes nuevas necesidades, basadas en el deseo de emulación, fomentando el endeudamiento generalizado, en pro de bienes privados y en desmedro de los bienes públicos.
En primer lugar, en ambos casos, los estudiantes exigen verdadera coherencia entre las promesas de mayor justicia social, y una realidad a la que consideran desviada de dicho ideal.

En segundo lugar, las movilizaciones estudiantiles conllevan implícitamente la necesidad de abrir espacios para incorporar a la vida política, a los jóvenes, que decepcionados de las lógicas anquilosadas de la política partidaria, prefieren fortalecer nuevos movimientos sociales desde la propia sociedad civil, exigiendo el reconocimiento de éstos y sus demandas colectivas.

Los estudiantes chilenos están reaccionando ante la incongruencia entre las expectativas económicas de los ciudadanos, originadas a partir de las promesas hechas en torno al modelo económico (marcadas por la confianza en el “chorreo”) y la decepción distributiva existente en la actualidad.

Al igual que los estudiantes del 68, los jóvenes chilenos están indicando que el crecimiento cuantitativo, no ha bastado para alcanzar el desarrollo, que en definitiva permita el acceso a toda la sociedad, de los beneficios económicos generados por el modelo económico.

Contrariamente a lo que se piensa, los estudiantes movilizados, en su mayoría provienen de sectores en pleno ascenso social, al igual que los jóvenes del 68, exigen más libertad en un sentido profundo y amplio, donde la igualdad -en este caso en la educación- permitiría mayor ejercicio de la libertad para muchos más sobre su propio destino –por ejemplo, al poder acceder a más bienes-.
La rebelión estudiantil, no pretende destruir el sistema, sino que hacerlo realmente funcional a las expectativas sociales de los ciudadanos, entre las cuales se encuentra el acceso equitativo a educación y a bienes.
Como John Kenneth Galbraith planteaba en La Sociedad Opulenta, se produce un desequilibrio entre la opulencia privada y la miseria pública.

miércoles, 14 de mayo de 2008

La Democracia chilena sigue tutelada

La inscripción automática y el voto voluntario, fueron rechazados por la oposición, aludiendo que un porcentaje importante de los potenciales electores votaría a favor de la izquierda, lo que demuestra que la “democracia” chilena y la decisión política de las personas, siguen siendo tuteladas y cooptadas por sectores de clara raigambre autoritaria y elitista.

La desafección electoral entre los jóvenes en Chile es bastante alta, debido esencialmente a dos factores: a que la política partidaria no logra convencerlos al no tener proyectos ni programas claros, y a que los mecanismos institucionales para ejercer el derecho a voto son demasiado engorrosos y desincentivan su ejercicio.

La inscripción automática y el voto voluntario buscan disminuir los costos de ejercer el derecho a voto, permitiendo a los sujetos, acceder al derecho, sin tener que hacer el trámite de inscripción, y por otro lado, permitiendo al ciudadano ejercer libremente el derecho, sin obligación de hacerlo cuando no lo estime. Es decir, ambas medidas, permiten mayor libertad de acción para los electores.

El informe aprobado por la comisión política de la UDI, estima que la población electora joven, por ser eventualmente más proclive a sectores de centro-izquierda e izquierda, no deberían ser impulsados a incluirse en los registros electorales a través de la inscripción automática apenas cumplan la mayoría de edad, pues electoralmente es probable que no voten por la derecha.

Es decir, la oposición está excluyendo a un número de potenciales electores, basados en el argumento de que potencialmente éstos no votarían a favor de la derecha.

El derecho a voto de algunos ciudadanos entonces es negado, aunque no explícitamente, mediante un claro mecanismo de tutelaje (la elite decide quiénes votan y quiénes no), que además tiene implícita una lógica de exclusión arbitraria y absolutamente antidemocrática (faltó decir que no deben votar por ser agnósticos o ateos, o por vivir en tales sectores, o no estudiar en tal universidad, etc.), que prohibe un derecho.

La paradoja –aunque ni tanto- es que un partido cuyo discurso, desde el nombre en adelante, plantea renovar la política, acabar con la rotación de rostros, y aboga por la libertad política, aplica sin reparos un mecanismo claramente elitista, donde prohiben un derecho, basándose en criterios de exclusión, donde la libertad de elegir de los ciudadanos, queda supeditada a la evaluación de las elites, según la conveniencia de éstas.

El informe de la UDI, y su oposición a la inscripción automática, demuestran que en ciertos sectores aún existen tendencias a la vieja usanza autoritaria, donde la “democracia” se concibe como tutelada por los supuestos “elegidos”, donde los patricios que saben mejor que nadie, lo que el pueblo quiere y necesita. Lo mismo ocurre en otras dimensiones como la sexualidad por ejemplo.

Lo que en definitiva queda demostrado, es que algunas elites políticas siguen desconfiando de los ciudadanos, aún cuando no dudan en apelar a éstas para que las mantengan en el poder.

jueves, 8 de mayo de 2008

El gobierno de las Conciencias

En el debate en torno a la Pastilla del Día después, lo que se ha discutido esencialmente no es el carácter abortivo de la píldora, ni la legitimidad o no del aborto, ni el valor de la vida. Lo que está en disputa es la hegemonía sobre el gobierno de los sujetos, sobre todo de sus conciencias.

Diversas aristas filosóficas, éticas, ideológicas, legales y clínicas se han abordado en torno a la discusión sobre la distribución de la PDD.
Sin duda, las que han primado en los argumentos a favor y en contra, han sido las de carácter ideológico, legal y clínico. Las tres enmarcan dimensiones esenciales para la constitución del gobierno de los sujetos, tanto a nivel físico como de conciencia.

El sustrato ideológico, que incluye a las religiones, define las cosmovisiones de los sujetos, y por ende sus posturas filosóficas, éticas y políticas.
La dimensión legal, constituida a partir del sustrato ideológico, define los marcos institucionales, donde el actuar de los sujetos queda circunscrito en la práctica, y también el estatus del individuo.
Los aspectos clínicos, sirven como sustento desde el punto de vista positivista, para justificar, mediante una supuesta verdad científica, el sustrato legal, que en definitiva impone y hegemoniza la dimensión ideológica del gobierno de los sujetos, a partir del dominio de sus cuerpos, y finalmente de sus conciencias.

La pugna esencial se produce entre dos formas totalizantes e individualizantes de poder y dominación.
Entre una ética religiosa, que pretende fortalecer sus modos de gobierno sobre los sujetos, y basados en aspectos ideológicos - antiguamente dominantes, pero debilitados por los procesos de cambio social, económico y político- y una ética neutral del Estado, que busca establecer un gobierno de los sujetos basado en el derecho.

En otras palabras, el conflicto es en torno a definir los límites y espacios de lo secular y religioso, donde la dimensión más codiciada, y que en definitiva otorga la total legitimidad a una forma de dominación determinada, es la conciencia de los sujetos. No la colectiva, sino la individual.

La apelación camuflada a las conciencias ha sido constante en esta pugna, primero desde el punto de vista ideológico, por un lado, recurriendo a construcciones religiosas del sujeto donde el placer es castigado, y donde lo sexual y sus resultados, tienen el riesgo constante de lo ilícito, y de hacer en definitiva al sujeto un ente lujurioso, irresponsable e inmoral; o por otro, apelando a la máxima libertad de acción y decisión, en una lógica individualizante y totalizante a la vez.

Ambas formas de dominación, la ideológica religiosa y la racional-legal, dan por ende distintos significados a la idea de sujeto; la primera lo concibe como sometido a otro por control y dependencia (ya sea a Dios o el líder religioso); la segunda lo idea como limitado a su propia identidad, a la conciencia individual.

Los fundamentos para argumentar cualquiera de las dos posturas, se sustentan desde un punto de vista legal y clínico, y han entrelazado las legitimidades legales con las afirmaciones de verdad, basadas en criterios científicos o clínicos. Aunque esto último ha derivado en una serie contradicciones en torno a lo insano, lo legal, lo científico, y lo moral.

En definitiva, la pugna entre el poder pastoral y el estatal, ha sido objetivizada, materializada y circunscrita a la discusión acerca del uso de la PDD, donde lo que está en juego finalmente es quién impondrá su control sobre las conciencias de los sujetos.

miércoles, 30 de abril de 2008

Representantes de los ciudadanos o los partidos

El proyecto de modificación a la ley de Partidos Políticos, incluye un aspecto polémico, “la orden de partido”, que claramente coarta la democracia interna de los partidos, y pone en riesgo la soberanía de los electores en cuanto a sus representantes, dejando la actividad legislativa en manos de las directivas de los partidos y no de los ciudadanos.

Considerado como parte del plan de modernización propuesto por Pérez Yoma, el proyecto contempla diversas medidas, algunas convenientes para mejorar el funcionamiento de la política partidaria, como transparentar el gasto electoral y terminar con la exclusión del binominal.

Sin embargo, lo más probable es que la discusión política se centre en los la posibilidad que daría la modificación, de dictar órdenes de partido en asuntos en que se encuentren directamente comprometidos los principios, el programa o la línea política partidista, y de establecer regulaciones –castigos- para los parlamentarios con indisciplina partidaria.

Como si fueran escolares, los legisladores díscolos, podrían ser rehabilitados en su pensamiento, ser reencausados por “el buen camino” de la disciplina, para no disentir de sus directivas y del resto de sus compañeritos.

El problema, es que determinar cuándo, dónde y cómo se ven comprometidos los principios, programas y líneas políticas de un partido, es algo en extremo complicado. No sólo porque dichos límites son generalmente contextuales, es decir dependen de la directiva de turno, del momento político, electoral e histórico que vive la organización, sino también de la coyuntura externa.

Lo anterior, haría impracticable establecer criterios para determinar cuando es posible la orden de partido, y cuando es necesario respetar la libertad y capacidad de discreción de cada representante.

El problema central, es que la ley de partido, y la aplicación de disciplina más allá del propio partido y extrapolada a la acción legislativa, terminará por posicionar los intereses de los partidos, por sobre los intereses de los ciudadanos a través de sus representantes electos.

Lo que se podría producir es un poder legislativo de directivas partidarias, y no de representantes ciudadanos, donde en definitiva se legislaría a través de los partidos, por los partidos y para los partidos.

De hecho, se busca fortalecer la política partidaria, controlada y hecha por los partidos.

Coherente con esa idea, se disminuye de 8 a 5 el número de regiones que se deben acreditar para constituir un partido político, y también el requisito para mantenerlo se rebaja a 0,2% en la última elección.

La medida, aunque no explicita, busca fortalecer la cuestionada política partidaria, ampliando el aparataje institucional partidario y su capacidad de cooptar distintas fuentes, dándole más capacidad de discreción y presión a sus directivas al interior del poder legislativo desde un punto de vista formal, en desmedro de la capacidad y libertad de los sujetos individuales y la sociedad civil en general de participar en la política.

viernes, 18 de abril de 2008

Los valores comunes del Papa y Bush

lLa visita de Benedicto XVI a los Estados Unidos es quizás una de las visitas papales con más aspectos político-ideológicos que religiosos del último tiempo. No sólo por los escándalos que envuelven a sacerdotes, y la cercanía de las elecciones en dicha nación, sin también por la clara promoción de un discurso religioso anti-secular y etnocéntrico común, al mismo tiempo que se crítica el fundamentalismo en Medio Oriente.

Apenas el Papa piso suelo estadounidense, George W. Bush declaró sin ningún resquemor, que entre él y Benedicto XVI existe la misma idea con respecto una política inspirada en valores.

Pero ¿Qué tipo de política inspirada en valores? Más aún ¿Qué valores comunes son esos?

Es claro que la referencia a una política inspirada en valores, hace alusión a una idea no secular del Estado y una concepción religiosa etnocéntrica, muy arraigada en el discurso del actual presidente estadounidense.

Es decir, George y Benedicto comparten un discurso anti-secular de la Política, y además una visión etnocéntrica de la religión a nivel mundial.

De esa base discursiva se desprende muchos de los preceptos desarrollados por la administración Bush, en cuanto al Derecho Internacional, la Guerra al Terrorismo, hasta las políticas de seguridad, medioambientales, de inmigración y de ayuda internacional.

Por esa misma idea no secular del Estado, la mayor parte de la ayuda que Washington entregó en el último tiempo a otros países para la lucha contra el SIDA, dependía de que la promoción de la abstención, sin permitir el uso de fondos para la compra de condones.

Por lo mismo, la visita del Papa a USA, a sólo meses de las próximas elecciones en los Estados Unidos, se ha convertido en una jugada política de proporciones, considerando que los dos precandidatos demócratas con más posibilidades de vencer en éstas, Barack Obama y Hillary Clinton, están a favor del aborto.

Lo anterior, sobre todo considerando que Ratinzger, siendo obispo, dijo que los políticos a favor de leyes pro aborto o pro eutanasia, no deberían recibir la comunión.

Sin embargo, ese discurso no secular y etnocéntrico, que también se autodenomina en muchos casos provida o conservador, en muchos casos, presenta claros indicios de contradicción y dualidad, en torno a diversos temas, como la libertad religiosa, personal, la vida y los derechos.

La dualidad del discurso anti-secular y etnocéntrico-religioso, es apreciable en dos dimensiones principalmente: en cuanto a la protección de la vida y en cuanto a la libertad religiosa.

En cuanto a la protección de la vida, el discurso se centra esencialmente en aspectos relacionados con los que Freud llamaría el patrimonio lujurioso de los sujetos, la sexualidad. Es a partir de esto, que desarrolla sus modos de control. En ningún caso, se centra en la protección de la vida de refugiados, prisioneros y víctimas de guerra, secuestrados, etc.

En cuanto a la libertad religiosa, el discurso anti-secular y etnocéntrico-religioso en forma coherente a su etnocentrismo, apela constantemente a la protección contra el secularismo occidental y las mayorías religiosas, pero sólo en cuanto a su caso particular, pues simultáneamente promueve la secularización en diversos otros lugares, con el propósito de descomponer y en definitiva eliminar cualquier otro discurso religioso-ideológico que le haga contrapeso.

Es decir, a través de un discurso contra las mayorías religiosas, pretende posicionarse como la única mayoría religiosa, capaz de discriminara a los sectores minoritarios, y también de incidir en la Política.

lunes, 7 de abril de 2008

La necesidad de cambiar la constitucionalidad para modernizar la Democracia

El marco institucional formal en que se sustenta nuestro país, la Constitución Política y sus organismos derivados, se ha hecho cada vez más estrecho, obtuso y retrogrado; y eso se ha visto reflejado con claridad en diversos ámbitos del acontecer nacional, como determinar si se permite o no el uso de una píldora por parte de las personas.
La institucionalidad a veces parecer ser un concepto ambiguo para muchas personas, y en la mayoría de los casos, se la confunde con los organismos que operan dentro de ésta. Sin embargo, la institucionalidad es algo más amplio y global que incluye todas las prácticas, procedimientos, rituales y símbolos, formales e informales que estructuran la interacción entre los sujetos, individuales y colectivos, en una sociedad o grupo determinado. En definitiva, es la que determina las reglas del juego en las que actuamos.
En relación a lo anterior, parece ser que nuestra institucionalidad formal, sustentada esencialmente en la Constitución Política de 1980 como forma de dominación racional-legal, se vuelve cada vez más anacrónica en relación a la institucionalidad informal en diversos aspectos, como la solución de conflictos políticos o los sistemas de valores y criterios de decisión, de los sujetos que están sometidos a ésta.
Dicha situación tiene relación con los profundos cambios que ha sufrido la sociedad chilena en diversos aspectos informales y también formales, en términos de consumo, acceso a información, distribución del trabajo y estructura de relaciones.
Éstos factores se contraponen a la génesis constitucional, que más allá de validaciones y posiciones ideológicas o contextuales, conlleva una profunda impronta autoritaria y paternalista, marcada por un momento político y social determinado -aún cuando algunos ilusos digan que se trata de una Constitución Liberal-.
En este sentido, el creciente acceso a información diversa, el ingreso de las mujeres al trabajo y la mayor noción de los derechos individuales, ha determinado una transformación y diversificación de los sistemas de valores, aumentando el sentido de autonomía y decisión individual de los sujetos en determinados campos informales, sin sometimiento ni del Estado ni de las Iglesias, ni de grupos corporativos, y de ninguna clase de poder, sobre todo en cuanto a lo que se denomina "vida privada".
En otras palabras, se ha hecho concreta la imposibilidad de la que hablaba Freud, de establecer métodos de control únicos sobre el patrimonio libidinoso de los sujetos. Se ha producido un desfase tremendo entre los criterios formales establecidos por la legalidad y los criterios informales dispersos y variables de los sujetos.
Las diversas reacciones frente a la decisión del Tribunal Constitucional con respecto a la PDD, refleja que en diversos aspectos sociales, como la planificación familiar y la sexualidad, aún no hay consenso en cuanto a ciertas prácticas.
Por lo mismo, ante la resolución, hay personas que apoyan el fallo y otras que quieren decidir por sí mismas sus sistemas de valores y marcos de acción, sin la supervisión de un organismo colegiado como el TC.
Para ambos casos, sea cual sea la decisión adoptada -ya sea a favor o en contra- ésta parece contraponerse a la libertad de unos y otros en cuanto a decidir sobre su propio actuar. En ambos casos, parece imponerse un criterio valórico determinado y no un criterio neutral.
Lo anterior, demuestra que el actual marco institucional formal, la Constitución, no logra resolver las disyuntivas generadas entre diversas institucionalidades informales, pues no ofrece marcos de acción que disminuyan los costos de negociación entre los actores o que permitan considerar la diversa opinión ciudadana, para consensuar las posiciones con respecto a issues controvertidos.
Incluso, en muchos casos parece imponer un criterio valórico único por sobre otro, pero sin haber considerado esas diferencias. Por lo mismo, el plebiscito no es una práctica habitual en nuestro país.
Cambiar la Constitución no implica eliminar el imperio de la ley para ordenar y regular la interacción social de los sujetos, sino más bien de generar procedimientos y prácticas acordes a los tiempos, que permitan hacer contemporáneos los planteamientos constitucionales que definen esa relación, con respecto a la transformación de los sistemas de creencia, que también definen marcos de acción para las personas, y que cada vez son más diversos, variables, contrapuestos o contradictorios.
Lo que se debe evitar es hacer que la legalidad convierta ciertos tópicos en juegos de suma cero entre los ciudadanos, donde todo se gana o se pierde, lo que irremediablemente conlleva a una polarización de las posiciones de los actores, ya sean políticas o valóricas, elevando los costos de negociar para llegar a acuerdos.

martes, 1 de abril de 2008

Los verdaderos Liberales son como los Grunges

La postura grunge, contrariamente a la idea habitual con que se relaciona el movimiento –de simple inconformismo y nihilismo reflejado en sus letras de apatía y desencanto- tiene una fuerte impronta comunitarista, cercana a lo que podría considerarse una izquierda liberal.

El origen de algunos de sus exponentes, provenientes de las clases medias bajas trabajadoras de los Estados Unidos, los posicionó como opuestos y contrarios al discurso del American Dream, que se pretendía difundir a través del cine, la televisión y la música, con imágenes de suburbios atestados de adolescentes al estilo del video Baby, One more time de Britney Spears.

El carácter contestatario y descontento de su música, originado a partir de las reminiscencias del hardrock, el folk y sobre todo el punk, se plantea con una fuerte crítica social, que aborda en forma global la problemática de una sociedad que parece cada vez más desigual, estratificada, segregada, clasista, en exceso individualista, y a la vez pacata, a la que consideran alienada.

Lo esencial del Grunge, es que como contracultura, se plantea con una postura que considera que la libertad del sujeto no puede ser ejercida realmente, si existe la coerción psicológica, política, racial, económica o religiosa.

La idea central es que la libertad individual se compone de dos dimensiones; una física y material, y otra psicológica y metafísica, que operan en conjunto y no separadamente como elementos constitutivos de la verdadera libertad.

El mismo nombre Nirvana simboliza está visión, donde ante el dominio del mundo material, el único refugio parece ser el mundo metafísico a través de la libertad espiritual. Pero también simboliza la libertad religiosa, no sólo en cuanto a creer, sino también en relación a doctrina, donde el Budismo es quizás la más liberal de las religiones.

De esto se desprende el discurso anti clasista y anti homofóbico que primaba en Nirvana.

La misma idea parece primar en el concepto de Alice in Chains, aunque en un sentido pesimista, donde una clara alusión a Alicia en el país de las Maravillas, muestra la existencia entre un mundo de ensueños y una realidad algo más ingrata, que mediados por las drogas, terminan convirtiendo a algunos en esclavos físicos y espirituales.

Si bien el nivel introspectivo de la paradoja libertad-esclavitud parece primar en algunos grupos, como los casos de Alice in Chains y Nirvana, haciendo que parezcan bandas sin discurso político y cuya opción es más bien alienarse, éste no es hegemónico como podemos ver al considerar otras bandas como Pearl Jam o Soundgarden.

Ambas agrupaciones han estado frecuentemente involucradas en campañas a favor de la libertad de expresión, la sociedad civil, la profundización de la democracia, y en contra del abuso empresarial o corporativo y las políticas del gobierno en diversos ámbitos como el ambiental, el político, el internacional.

En este sentido, la banda que mejor refleja la postura Liberal Comunitaria es la que lidera Eddie Vedder, la cual no sólo logra armonizar ambos aspectos de la libertad –material y espiritual- sino que los sintetiza a través de sus canciones, en un claro discurso político, ambientalista, antirracista, anticonsumista, democrático y social.

Pearl Jam constante y simultáneamente nos habla de libertad espiritual y material, y como la sociedad actual opera en desmedro de una o de la otra, donde por ejemplo, el mendigo de Even Flow, que prisionero de sus condiciones materiales debe usar la vereda como almohada, pronto será libre al morir congelado.

O el caso de Jeremy, en su mundo material saturado pero a la vez vacío es prisionero de las estructuras familiares falsas y desechas, y en su mundo interno trata de ser libre en sus colinas donde es el rey. La falta de equilibrio termina por acabar con el muchacho. Es la misma crítica que posteriormente hace Moore en Bowling for Columbine.

Actualmente el discurso Liberal Comunitario de Pearl Jam es más claro aún y cada vez va más allá de sus canciones. Lo que se inició en una batalla contra el monopolio de las ventas de entradas, derivó en una cruzada contra los monopolios empresariales en general, la guerra y actualmente los tiene enfrascados en una campaña contra la ley -propuesta por las grandes empresas estadounidenses- que busca poner fina a la net neutrality, que es la que garantiza que todos los contenidos de Internet tengan el mismo tratamiento.

La propuesta quiere establecer un sistema de pagos donde se tasen los sitios para determinar su presencia y velocidad on line, lo que iría en desmedro de los sitios pequeños creados por ciudadanos, pero sobre todo en contra de la libertad de expresión.

jueves, 27 de marzo de 2008

Corrupción en la Alianza, Cazadores cazados

Las eventuales irregularidades en el municipio de Huechuraba y de la empresa Gestión Municipal Avanzada (GMA), han demostrado que donde se mide la consecuencia contra la corrupción es cuando sujetos afines a nuestras ideas o creencias, miembros de nuestros partidos o iglesias, son los corrompidos.
Más importante, han demostrado que algunos enérgicos fiscalizadores de la Alianza, en este caso están demasiado silenciosos.
Los casos de corrupción no son de exclusividad de un sistema económico o de un régimen político, tampoco de una ideología, religión, partido, agrupación, creencia, raza, tendencia sexual o nacionalidad, por lo que su combate requiere de una fuerte determinación a terminarla, y una enorme carga de consecuencia, porque siempre existe la probabilidad que alguno de nosotros, "de los nuestros", incurra en prácticas corruptas.
Es en estos casos, cuando son sujetos afines a nuestras ideas o creencias los corrompidos, donde se mide realmente la verdadera posición contra la corrupción, ya sea política, económica, moral o de cualquier índole.
Juzgar con la misma fuerza el acto corrupto, sin importar la relación existente con el enjuiciado, es lo que nos hace realmente incorruptibles e intachables frente al resto.
Si hacemos oídos sordos, miramos para el lado, minimizamos el acto o preferimos guardar silencio, entonces somos cómplices por omisión, y parte constitutiva de la corrupción.
Los últimos hechos han demostrado que la corrupción jamás debe ser usada como argumento y recurso político, si realmente la queremos combatir, porque es probable que esa evidencia, como un significante vacío, se nos vuelva en contra en un momento determinado.
Entonces, aquellos que levantaban la voz contra la corrupción, más por un uso político que por una cuestión ética, hoy guardan silencio y se muestran cautelosos cuando algunos de sus miembros parecen estar envueltos en ésta.
Quienes juzgan con fuerza la corrupción en unos casos y en otros le bajan el perfil, están contribuyendo a fortalecerla, al subjetivizarla según criterios contextuales, políticos, ideológicos, de relación, creencia, etc.
Debe quedar claro, que la corrupción es un problema que afecta a toda la sociedad, que no surge de un día para otro y que es una práctica que se va sedimentando y naturalizando debido a la acción de las propias personas, sean gobernantes y no gobernantes, corruptos y no corruptos.
Entonces, la idea al fin y al cabo, es evitar que una mayoría tenga la percepción en que todos lleguen a decir: ¿Si todos roban, por qué yo no?

martes, 18 de marzo de 2008

La ética actual es la de la no-ética

La ética, como razonamiento del actuar y lo moral, paulatinamente ha ido siendo abandonada en la formación y construcción de los sujetos, en la constitución de las prácticas sociales, y en la sedimentación de las estructuras de relaciones humanas.

Para dar cuenta de este fenómeno, podemos analizar diversos aspectos y dimensiones de la vida social actual.
No es el objeto de esto, hacer un tratado de ética, sino más bien deconstruir la actual ética que se naturaliza desde los primeros años de educación, para finalmente constituir profesionales que parecen funcionar en total anomia.

Al modo weberiano del estudio de la ética protestante y la ética capitalista, hablaremos del paso de la ética productiva a la no-ética consumista.
Se produce el fin de la conjunción entre la ética de principios y la de resultados; y el inicio de la hegemonía de la última como única, totalizante y absolutamente excluyente de la otra.

Lo anterior, porque de la producción para la sobrevivencia, se pasa a la producción por la complacencia, marcada por una división del trabajo más bien atomizante, que determina la transformación de las nociones éticas de las formas y modos de producción, que se vuelven basales de la sociedad actual.

Este cambio es apreciable a nivel de la formación de los profesionales, cuya formación es cada vez más reducida -aunque llamada especializada- menos integral y por ende menos ética, en base a las nuevas lógicas de división del trabajo.

Los profesionales saben muy bien, o relativamente bien acerca de sus prácticas y procedimientos específicos, sobre todo aquellos aspectos técnicos que les competen, pero carecen de toda noción ética en cuanto a éstos, sus efectos y resultados, y su rol social propio, como sujetos sociales y políticos.

Carecen entonces de la capacidad de discernir racionalmente –y por ende éticamente- cuándo la aplicación de su conocimiento específico puede ser contrario a una ética o bien común determinado.

La mayor "especialización" ha reducido al profesional -que ya no es íntegro en términos éticos- a un ejecutor de técnicas específicas y aisladas, en términos de reflexión sobre su propia actividad como parte de una entidad social.

Entonces, la irracionalidad reflexiva –pero traducida en eficiencia sistemática-marca la pauta para la construcción de una ética sin ésta, basada en resultados y no principios de acción.

El habitus de algunas profesiones como ingenieros, abogados, médicos y periodistas, operan bajo la ética no ética, pues su actuar profesional ha sido sistematizado, al modo de una línea de producción industrial, y donde han sido eliminadas la capacidad de decisión, discernimiento, actitud crítica y acción colectiva.

Se produce, a nivel de praxis, la anomia individual, que es sometida a la norma técnico-productiva, como norma grupal e individual. La libertad del sujeto de discernir su propio actuar en base a sus acciones y las del resto, se ve suprimida en su actuar profesional.

Entonces, irremediablemente se produce la atomizacón total del sujeto, tanto de su propia concepción como ente individual, como social.

martes, 19 de febrero de 2008

Festival de Viña, analizado a base de Homo Videns y Sobre la Televisión

Esta semana, los medios han estado monopolizados o han monopolizado, una sola realidad, el Festival de Viña del Mar, demostrando que la Televisión es reduccionista, deforma la realidad y desalienta el ejercicio de pensar. En definitiva es cada vez una caja más idiota.
Esta semana, los medios han estado monopolizados o han monopolizado, una sola realidad, el Festival de Viña del Mar, demostrando que la Televisión es reduccionista, deforma la realidad y desalienta el ejercicio de pensar. En definitiva es cada vez una caja más idiota.

En sus orígenes, la Televisión fue concebida en términos positivos, como un instrumento de socialización y educación eficaz, que elevaría el nivel cultural de todos los tele-espectadores.

En la actualidad, parece ser que esa nivelación se produce en sentido negativo, pues la Televisión parece estar desculturizando y atomizando a los sujetos, y sobre todo anulando su capacidad de reflexión, alienándolos.
Lejos de ser un medio cultural y de información, se ha convertido en un instrumento de subinformación y desinformación (Sartori) a base de un manejo de la información a favor de lo escandaloso o sensacionalista (Bourdieu).

La televisión, impulsada por la competitividad, simplifica el contexto y la realidad sociales, con el único fin de acrecentar sus audiencias, a base de la eliminación de cualquier noción de conflicto o polémica en cuanto relaciones sociales, en desmedro de cualquier intento de análisis de la realidad social compleja. Es decir, despolitiza el contenido de la información y con ello a los sujetos, eliminando la reflexión de éstos acerca de la sociedad.

Se genera entonces una parcialización de la realidad, donde sólo es objeto de interés de los medios, aquello que resulta promisorio en cuanto a obtener altos niveles de audiencia.
Entonces, se eliminan, censuran o tergiversan de la emisión, la información y de la mente del espectador, partes importantes de la realidad social.
Por lo mismo, Sartori y Bourdieu coinciden en que la televisión actual se caracteriza por anular la capacidad de reflexión del ser humano y desalentar el ejercicio de pensar, debido a que simplifica la realidad, privilegiando la imagen sobre el contenido y la emoción sobre el raciocinio.
La Televisión entonces, entra en la lógica que señaló McLuhan, en la que los medios de comunicación, buscarían lo trivial como forma "neutral" para poder ampliar sus audiencias.

Es decir, la televisión se convertiría en una poderosa maquinaria de banalizar la realidad para poder ponerla al alcance de todos, a base del atontamiento de los sujetos.

Actualmente, se ha constituido claramente como un medio de desinformación, que deforma la realidad social, simplificándola, deformándola y reduciéndola, en pro de las modelos que son convenientes para generar audiencias masivas y crearles nuevas necesidades rentables.

Bienvenidos a la Sociedad del Espectáculo

martes, 5 de febrero de 2008

La oligarquía de la Ciencia

Idealmente el campo ámbito científico se concibe como espacio positivo –en términos epistemológicos y éticos- libre de los vicios del conocimiento vulgar y del egoísmo característico del comportamiento humano. Bajo este precepto, tanto las Ciencias mismas como los científicos, son vistos erradamente como personas elevadas, cuyo único y principal propósito es el alcanzar la Verdad del conocimiento.

Sin embargo, como cualquier otro ámbito de actividad, como un espacio de lucha competitiva en torno a un capital determinado, el sentido básico del campo científico es lograr el control del monopolio de la autoridad científica (junto a los beneficios que eso conlleva) por lo que las pugnas epistemológicas están plagadas de intereses producidos en otros campos sociales.

Contrariamente a lo que podría pensarse, la autoridad científica no está fundamentalmente cimentada en los aportes científicos de ésta, sino en el control que ejerce sobre el capital social acumulado y sedimentado en el mismo campo, a través de diversas prácticas e instituciones no científicas, lo que produce la jerarquización entre quienes detentan determinado capital social y aquellos que desean tenerlo.

Los científicos entonces, tienden a legitimar aquello que se reproduce como conocimiento legitimo mediante prácticas y recursos ya instituidos dentro del habitus dominante -como grados académicos, metodologías de investigación y enseñanza hegemónicas- y no mediante la innovación científica como tal.

Se produce entonces la homogeneidad del campo científico que tiende entonces a suprimir la innovación, anquilosando el conocimiento ya instituido en base a un habitus determinado. La posibilidad de revolución al modo de Kuhn, es entonces acallada por las elites que controlan el campo, que tienden a proteger el statu quo epistemológico, con el propósito de conservar sus posiciones de estatus y poder.

Se constituye entonces una ley de hierro de la elite científica al modo de Michels, donde se constituyen prácticas destinadas a perpetuar el orden científico establecido, colando el acceso al habitus, el capital simbólico y las redes sociales del campo, con el fin perpetuar los paradigmas, conocimientos, y símbolos dominantes.

Cualquier otra fuente de conocimiento científico, es desechada no a través de la lógica popperiana de verificación-eliminación, sino que a través de una lógica simbólica y subjetiva de dominación, en base a su concordancia ideológica con el discurso constitutivo del paradigma epistemológico imperante, y el habitus de los sujetos que controlan el campo, marcado por su capital social.

Mediante ésta lógica, la elite científica dominante circunscribe y determina las fronteras de lo que es epistemológicamente válido, en cuanto a problemas, respuestas, metodologías, paradigmas, y sujetos autorizados para su uso, sedimentando en definitiva la inercia intelectual dentro del campo científico.

Queda así determinada a priori la demanda con respecto a determinados conocimientos, prácticas y habilidades, en base al habitus dominante del campo, y cuyo capital social específico genera y reproduce dentro de un marco institucional y simbólico, con el único fin de perpetuar su dominio.

Como los miembros de cualquier ideología, los miembros dominantes del campo científico establecen una serie de símbolos y procedimientos a modo de doctrina, internalizando en su habitus los modos y formas de reproducción, jerarquización y a la vez exclusión del capital social dominante.

No existe entonces “la famosa "neutralidad" (erróneamente igualada a objetividad científica cuando es algo inevitable, es decir, un hecho, que el escapismo es siempre imposible).” (Sobre intelectuales y política, Pierre Bourdieu).