miércoles, 30 de julio de 2008

Los homo academicus se agarran del pescuezo

Artículo reeditado a propósito de los dichos de Claudio Bunster, en la revista científica PNAS, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, donde cataloga el sistema universitario chileno de pequeñas uniones soviéticas.
Idealmente el campo ámbito académico y científico se concibe como un espacio positivo –en términos epistemológicos y éticos- libre de los vicios del conocimiento vulgar y del egoísmo característico del comportamiento humano.
Como cualquier otro ámbito de actividad, como un espacio de lucha competitiva en torno a un capital determinado, el sentido básico del campo académico es lograr el control del monopolio de la autoridad científica (junto a los beneficios que eso conlleva) por lo que las pugnas epistemológicas están plagadas de intereses producidos en otros campos sociales.
Contrariamente a lo que podría pensarse, la autoridad científica no está fundamentalmente cimentada en los aportes científicos de ésta, sino en el control que ejerce sobre el capital social acumulado y sedimentado en el mismo campo académico, a través de diversas prácticas e instituciones no científicas, lo que produce la jerarquización entre quienes detentan determinado capital social y aquellos que desean tenerlo.
Los científicos entonces, tienden a legitimar aquello que se reproduce como conocimiento legitimo mediante prácticas y recursos ya instituidos dentro del habitus dominante -como grados académicos, metodologías de investigación y enseñanza hegemónicas- y no mediante la innovación científica como tal.
Se produce entonces la homogeneidad del campo científico que tiende entonces a suprimir la innovación, anquilosando el conocimiento ya instituido en base a un habitus dominante determinado.
La posibilidad de revolución al modo de Kuhn, es entonces acallada por las elites que controlan el campo, que tienden a proteger el statu quo epistemológico, con el propósito de conservar sus posiciones de estatus y poder.
Se constituye entonces una ley de hierro de la elite científica al modo de Michels, donde se constituyen prácticas destinadas a perpetuar el orden científico establecido, colando el acceso al habitus, el capital simbólico y las redes sociales del campo, con el fin perpetuar los paradigmas, conocimientos y símbolos dominantes. Se inhibe totalmente entonces la anarquía científica que Feyerabend proponía, que es la base del avance científico.
Cualquier otra fuente de conocimiento científico, es desechada, no a través de la lógica popperiana de verificación-eliminación, sino que a través de una lógica simbólica y subjetiva de dominación, en base a su concordancia ideológica con el discurso constitutivo del paradigma epistemológico imperante, y el habitus de los sujetos que controlan el campo, marcado por su capital social.
Mediante ésta lógica, la elite científica dominante circunscribe y determina las fronteras de lo que es epistemológicamente válido, en cuanto a problemas, respuestas, metodologías, paradigmas, y sujetos autorizados para su uso, sedimentando en definitiva la inercia intelectual dentro del campo académico y científico.
Queda así determinada a priori la demanda con respecto a determinados conocimientos, prácticas y habilidades, en base al habitus dominante del campo, y cuyo capital social específico genera y reproduce dentro de un marco institucional y simbólico, con el único fin de perpetuar su dominio.
Como los miembros de cualquier ideología, los miembros dominantes del campo científico establecen una serie de símbolos y procedimientos a modo de doctrina, internalizando en su habitus los modos y formas de reproducción, jerarquización y a la vez exclusión del capital social dominante.
No existe entonces “la famosa "neutralidad" (erróneamente igualada a objetividad científica cuando es algo inevitable, es decir, un hecho, que el escapismo es siempre imposible).” (Sobre intelectuales y política, Pierre Bourdieu).

miércoles, 23 de julio de 2008

El Absolutismo de Berlusconi

Silvio Berlusconi, primer ministro italiano, dueño de un número importante de medios de comunicación, ahora ha logrado obtener inmunidad legal, gracias a una ley aprobada por la cámara de diputados y el senado italiano, que no sólo rompe con la igualdad ante la ley , sino que lo coloca en una posición de claro absolutismo.

Berlusconi se salió con la suya, ahora no sólo controla gran parte de los medios de comunicación en Italia, sino que también ahora es inmune ante la justicia de ese país, gracias a la llamada Lodo Alfano, que otorga inmunidad legal al Jefe del Estado, al jefe de Gobierno y los presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado.

La ley, aprobada sólo en 25 días por el parlamento italiano y propiciada por el ministro de Justicia italiano, Angelino Alfano, estipula la suspensión de todos procesos penales contra dichas autoridades, incluidos aquellos cometidos antes de acceder al cargo.

Más allá de los detalles legales que algunos podría enarbolar para defender esta ley, lo claro es que ésta tiene claros indicios de despotismo al más puro estilo del absolutismo monárquico de antaño, que rompen con la igualdad ante la ley y la simetría entre los poderes del Estado.

Lo anterior no sólo es inadmisible en términos éticos, legales y políticos, sino también prácticos, puesto que da la pauta para institucionalizar la corrupción a manos de los máximos gobernantes.

En este sentido, no se debe olvidar que a Berlusconi, estaba en pleno proceso judicial en Milán, por haber ordenado la entrega de 600 mil dólares al abogado inglés David Mills, con el propósito de no revelar como testigo, detalles donde el actual primer ministro italiano parecía estar involucrado en el lavado de dinero.

Otra cosa que llama la atención notoriamente es la baja cobertura que los medios de comunicación a nivel internacional y sobre todo los nacionales han dado al hecho, aún cuando claramente muestra un precedente antidemocrático de proporciones.

Llama la atención que aquellos que alzaron la voz por la libertad de expresión, la democracia y el respeto por la ley y el Estado de Derecho, ante el cierre del canal RCTV por parte del gobierno de Venezuela, hoy guardan silencio absoluto ante una medida que entrega inmunidad judicial al hombre más acaudalado de Italia, con una fortuna de US$ 12.000 millones, que controla el principal grupo de comunicación italiano y el 60% del total de los ingresos publicitarios.

Al parecer, para algunos, la defensa de la libertad y la democracia, dependen sólo de quién la ataque y qué intereses ponga en riesgo.
Lo ocurrido con Berlusconi, nos muestra los riesgos que se corren cuando no se exige una distinción clara y concreta entre Dinero y Política, sobre todo a quienes se dedican a la última.

Ojalá en Chile no lleguemos a tener un Berlusconi, que compre la democracia y el Estado.

martes, 1 de julio de 2008

La vaguedad ante lo corrupto

La corrupción no es sólo actuar al margen del derecho y la legalidad, sino también abusar de ventajas indebidas, por eso, la distinción entre irregularidades y corrupción, que han hecho el alcalde Cornejo y la senadora Matthei, es absolutamente falsa.
El tema de la corrupción en el último tiempo se ha convertido en un elemento muy utilizado para hacer más efectista la oposición política.
En este sentido, el discurso anticorrupción ha sido instrumentalizado esencialmente para obtener futuras divisas políticas de carácter electoral, y no para incentivar prácticas políticas en base a principios éticos.
Debido a esa instrumentalización, quienes se han apropiado del discurso fiscalizador en el campo político, sobre todo en la oposición más dura, en el último tiempo han caído en notorias ambigüedades en torno a qué es la corrupción y sus extensiones.
La corrupción no es sólo actuar al margen del derecho, sino también abusar de la buena fe de los sujetos. Es abusar de las confianzas y posiciones, y a partir de eso generar intercambios ventajosos irregulares (Kindhäuser, 2007).
En definitiva, la corrupción es aprovecharse de situaciones ventajosas donde no corresponde hacerlo, pues existe un deber general.
Por eso, la distinción entre irregularidades y corrupción, que ha hecho el alcalde de Recoleta, el UDI Gonzalo Cornejo, después de ser publicado en informe de Contraloría, y para evitar ser considerado corrompido, es falsa.
Esto, no sólo porque claramente ha actuado contra la transparencia y las lógicas del concurso público al hacer intercambios ventajosos, como contratar a sus propias empresas, sino también porque abusó de las confianzas, al acreditar una venta de acciones con su firma como testigo, aún cuando no podía haberlo hecho porque se encontraba fuera del país.
En este sentido, las “irregularidades administrativas” del alcalde, tienen claro tinte de ilegales y corruptas.
Sin embargo, ante los casos de corrupción en alcaldías de la derecha, tanto el alcalde Cornejo como la senadora Matthei han recalcado que es muy distinto hablar de irregularidades que de corrupción.
Parece que ambos se olvidaron que por irregularidades, su sector llegó a destituir a un ministro de Estado.

miércoles, 25 de junio de 2008

Desigualdad sedimentada por la Educación

Una población bien educada es un factor esencial para lograr el desarrollo, sin embargo, es claro también que la educación, sólo en términos de cobertura, no basta para disminuir las desigualdades que entorpecen ese tránsito.
Nuestros índices de distribución de la riqueza, nos sitúan entre los diez países con peor distribución del ingreso en el planeta, y donde el 10% más rico se queda con 35 veces más dinero que el que capta el 10% más pobre.
Esa dicotomía entre distribución y competitividad se vuelve aún más paradójica si consideramos que la cobertura de nuestro sistema educacional, entre los 5 y 14 años, se encuentra cercana a los parámetros establecidos por la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD, en sus siglas en inglés), con el 92% de los niños dentro del sistema educativo.
Sin embargo, vemos que la cobertura no ha bastado, y que la desigualdad social continúa y aumenta.
La educación, sobre todo básica y media, a pesar de su nivel de cobertura, no está garantizando el desarrollo profesional y laboral equitativo de los individuos, sino que está perpetuando las estructuras de desigualdad.
La afirmación no es gratuita si consideramos que la paradoja está en que supuestamente, si un alto porcentaje está recibiendo la misma preparación e instrucción en las primeras etapas del sistema educativo, muchos deberían tener las mismas posibilidades de acceder a la educación superior y posteriormente a elegir trabajos bien remunerados, más allá de su nivel socioeconómico de procedencia y del capital social con que cuenten en principio.
Pero, y siguiendo a Pierre Bourdieu, el sistema educacional chileno, segmentado y estratificado, estaría sedimentando las desigualdades sociales al reforzar el habitus social de cada individuo según su capital social o en otras palabras, según su estrato o clase.
Es decir, cada individuo estaría siendo educado en base a su origen social, al habitus de su clase, y no a su capacidad de aprender.
Por esto, por ejemplo es difícil que alguien consignado en el estrato abc1 estudie en un colegio técnico industrial y es muy probable que lo haga en uno científico humanista.
Lamentablemente, la diferencia entre estudiar ambos tipos de establecimientos educacionales es abismante en cuanto a las expectativas laborales y proyecciones educacionales que de esto se generan.
Peor si agregamos las diferencias entre colegios particulares y municipalizados, si consideramos que, por ejemplo, entre los 200 colegios mejor rankeados del país, sólo 5 son municipalizados.
De este modo, y tal como diría Bourdieu, el colegio no es el lugar en el que se generan las desigualdades sociales sino donde se naturalizan esas desigualdades.
Por lo tanto, el planteamiento que consideraba a la educación como la base del desarrollo –en términos de equidad- tiende a perder sentido.
Más aún, si consideramos que la brecha social sigue aumentando en torno a nuevas fuentes de desigualdad como son el acceso a la tecnología y a los medios de información, muy relacionadas con la educación, el problema se complica.
Estas diferencias se ven acrecentadas debido a que se está produciendo un número no despreciable de profesionales cesantes o trabajando por sueldos muy bajos, en labores para las cuales, no necesariamente están calificados o muchas veces, sobrecalificados.
Es decir, actualmente, ni siquiera la educación superior estaría garantizando un futuro laboral seguro y bien remunerado, por muchos postgrados y estudios que se tengan.
En este sentido, debemos tener claro que la educación superior en Chile se compone de tres niveles: las universidades, los institutos profesionales y los centros de formación técnica.
Los dos últimos, no tienen un sistema de acreditación ni de regulación y tampoco tienen vías de conexión con el primero. Ahí, claramente se produce un foco de diferencia que perpetua las desigualdades en el plano laboral.
Las carreras técnico profesionales tienden a ser vistas, erróneamente, como carreras de segundo orden, como opción para los que no pudieron ingresar a la universidad tradicional.
Por lo mismo, el funcionamiento del mercado tiende a favorecer a estudiantes y profesionales que ya poseen capital económico y social previo, pues las instituciones educativas están estructuradas para favorecer a aquellos que ya lo poseen.
A lo anterior, se suma un fenómeno que viene ocurriendo en los últimos años, y es que la universidad, tanto privada como pública, se ha convertido en un lugar donde se aprenden determinadas técnicas, específicas y muy acotadas, que inhiben el desarrollo integral de los profesionales, y por ende su capacidad innovadora.
El profesional, queda determinado a ciertas tareas específicas, en las cuales sólo puede desempeñarse si cuenta con el capital social previo.
Es muy difícil que alguien sin capital social amplio, pueda acceder a puestos laborales bien remunerados, sobre todo si consideramos que aquel con mayor capital social –entiéndase desde el apellido hasta “pitutos”-, aún siendo el peor alumno, tiene garantizado entre 30 a 40% más de sueldo que el mejor alumno que viene de un sector medio-bajo.
Es decir, la cobertura educacional no bastará para disminuir con la desigualdad, mientras las diferencias en el capital social y económico primen sobre el mérito, el buen desempeño, y la educación siga siendo segmentada desde sus primeras etapas.
Lo anterior, sobre todo si consideramos que esas diferencias estarían siendo fomentadas desde la primera infancia, pues la cobertura en educación preescolar llega a menos de la mitad en nuestro país, y por lo tanto, tendríamos un importante número de ciudadanos que estarán en desventaja desde el inicio de sus vidas, mucho antes de pensar en trabajar.
Artículo reeditado.

martes, 10 de junio de 2008

El mayo del 68 chileno

Un día de mayo de 1968, hace cuarenta años, en Francia se inició una revuelta de estudiantes, que exigían verdadero acceso a los beneficios del crecimiento económico. En Chile, en mayo del 2008, lo mismo están pidiendo escolares y universitarios, aunque las elites no lo quieran asumir.
En diversos aspectos, el movimiento estudiantil chileno tiene varias similitudes con el francés, sobre todo con respecto a su crítica al poder, en especial al de los partidos políticos, y la simultánea exigencia de hacer coherente el sistema democrático, económica y socialmente.
Las movilizaciones estudiantiles en Chile, no se refieren sólo a la LOCE y la LGE, sino que tras éstas hay una crítica profunda a una sociedad marcada por el desequilibrio social, que crea constantes nuevas necesidades, basadas en el deseo de emulación, fomentando el endeudamiento generalizado, en pro de bienes privados y en desmedro de los bienes públicos.
En primer lugar, en ambos casos, los estudiantes exigen verdadera coherencia entre las promesas de mayor justicia social, y una realidad a la que consideran desviada de dicho ideal.

En segundo lugar, las movilizaciones estudiantiles conllevan implícitamente la necesidad de abrir espacios para incorporar a la vida política, a los jóvenes, que decepcionados de las lógicas anquilosadas de la política partidaria, prefieren fortalecer nuevos movimientos sociales desde la propia sociedad civil, exigiendo el reconocimiento de éstos y sus demandas colectivas.

Los estudiantes chilenos están reaccionando ante la incongruencia entre las expectativas económicas de los ciudadanos, originadas a partir de las promesas hechas en torno al modelo económico (marcadas por la confianza en el “chorreo”) y la decepción distributiva existente en la actualidad.

Al igual que los estudiantes del 68, los jóvenes chilenos están indicando que el crecimiento cuantitativo, no ha bastado para alcanzar el desarrollo, que en definitiva permita el acceso a toda la sociedad, de los beneficios económicos generados por el modelo económico.

Contrariamente a lo que se piensa, los estudiantes movilizados, en su mayoría provienen de sectores en pleno ascenso social, al igual que los jóvenes del 68, exigen más libertad en un sentido profundo y amplio, donde la igualdad -en este caso en la educación- permitiría mayor ejercicio de la libertad para muchos más sobre su propio destino –por ejemplo, al poder acceder a más bienes-.
La rebelión estudiantil, no pretende destruir el sistema, sino que hacerlo realmente funcional a las expectativas sociales de los ciudadanos, entre las cuales se encuentra el acceso equitativo a educación y a bienes.
Como John Kenneth Galbraith planteaba en La Sociedad Opulenta, se produce un desequilibrio entre la opulencia privada y la miseria pública.

miércoles, 14 de mayo de 2008

La Democracia chilena sigue tutelada

La inscripción automática y el voto voluntario, fueron rechazados por la oposición, aludiendo que un porcentaje importante de los potenciales electores votaría a favor de la izquierda, lo que demuestra que la “democracia” chilena y la decisión política de las personas, siguen siendo tuteladas y cooptadas por sectores de clara raigambre autoritaria y elitista.

La desafección electoral entre los jóvenes en Chile es bastante alta, debido esencialmente a dos factores: a que la política partidaria no logra convencerlos al no tener proyectos ni programas claros, y a que los mecanismos institucionales para ejercer el derecho a voto son demasiado engorrosos y desincentivan su ejercicio.

La inscripción automática y el voto voluntario buscan disminuir los costos de ejercer el derecho a voto, permitiendo a los sujetos, acceder al derecho, sin tener que hacer el trámite de inscripción, y por otro lado, permitiendo al ciudadano ejercer libremente el derecho, sin obligación de hacerlo cuando no lo estime. Es decir, ambas medidas, permiten mayor libertad de acción para los electores.

El informe aprobado por la comisión política de la UDI, estima que la población electora joven, por ser eventualmente más proclive a sectores de centro-izquierda e izquierda, no deberían ser impulsados a incluirse en los registros electorales a través de la inscripción automática apenas cumplan la mayoría de edad, pues electoralmente es probable que no voten por la derecha.

Es decir, la oposición está excluyendo a un número de potenciales electores, basados en el argumento de que potencialmente éstos no votarían a favor de la derecha.

El derecho a voto de algunos ciudadanos entonces es negado, aunque no explícitamente, mediante un claro mecanismo de tutelaje (la elite decide quiénes votan y quiénes no), que además tiene implícita una lógica de exclusión arbitraria y absolutamente antidemocrática (faltó decir que no deben votar por ser agnósticos o ateos, o por vivir en tales sectores, o no estudiar en tal universidad, etc.), que prohibe un derecho.

La paradoja –aunque ni tanto- es que un partido cuyo discurso, desde el nombre en adelante, plantea renovar la política, acabar con la rotación de rostros, y aboga por la libertad política, aplica sin reparos un mecanismo claramente elitista, donde prohiben un derecho, basándose en criterios de exclusión, donde la libertad de elegir de los ciudadanos, queda supeditada a la evaluación de las elites, según la conveniencia de éstas.

El informe de la UDI, y su oposición a la inscripción automática, demuestran que en ciertos sectores aún existen tendencias a la vieja usanza autoritaria, donde la “democracia” se concibe como tutelada por los supuestos “elegidos”, donde los patricios que saben mejor que nadie, lo que el pueblo quiere y necesita. Lo mismo ocurre en otras dimensiones como la sexualidad por ejemplo.

Lo que en definitiva queda demostrado, es que algunas elites políticas siguen desconfiando de los ciudadanos, aún cuando no dudan en apelar a éstas para que las mantengan en el poder.

jueves, 8 de mayo de 2008

El gobierno de las Conciencias

En el debate en torno a la Pastilla del Día después, lo que se ha discutido esencialmente no es el carácter abortivo de la píldora, ni la legitimidad o no del aborto, ni el valor de la vida. Lo que está en disputa es la hegemonía sobre el gobierno de los sujetos, sobre todo de sus conciencias.

Diversas aristas filosóficas, éticas, ideológicas, legales y clínicas se han abordado en torno a la discusión sobre la distribución de la PDD.
Sin duda, las que han primado en los argumentos a favor y en contra, han sido las de carácter ideológico, legal y clínico. Las tres enmarcan dimensiones esenciales para la constitución del gobierno de los sujetos, tanto a nivel físico como de conciencia.

El sustrato ideológico, que incluye a las religiones, define las cosmovisiones de los sujetos, y por ende sus posturas filosóficas, éticas y políticas.
La dimensión legal, constituida a partir del sustrato ideológico, define los marcos institucionales, donde el actuar de los sujetos queda circunscrito en la práctica, y también el estatus del individuo.
Los aspectos clínicos, sirven como sustento desde el punto de vista positivista, para justificar, mediante una supuesta verdad científica, el sustrato legal, que en definitiva impone y hegemoniza la dimensión ideológica del gobierno de los sujetos, a partir del dominio de sus cuerpos, y finalmente de sus conciencias.

La pugna esencial se produce entre dos formas totalizantes e individualizantes de poder y dominación.
Entre una ética religiosa, que pretende fortalecer sus modos de gobierno sobre los sujetos, y basados en aspectos ideológicos - antiguamente dominantes, pero debilitados por los procesos de cambio social, económico y político- y una ética neutral del Estado, que busca establecer un gobierno de los sujetos basado en el derecho.

En otras palabras, el conflicto es en torno a definir los límites y espacios de lo secular y religioso, donde la dimensión más codiciada, y que en definitiva otorga la total legitimidad a una forma de dominación determinada, es la conciencia de los sujetos. No la colectiva, sino la individual.

La apelación camuflada a las conciencias ha sido constante en esta pugna, primero desde el punto de vista ideológico, por un lado, recurriendo a construcciones religiosas del sujeto donde el placer es castigado, y donde lo sexual y sus resultados, tienen el riesgo constante de lo ilícito, y de hacer en definitiva al sujeto un ente lujurioso, irresponsable e inmoral; o por otro, apelando a la máxima libertad de acción y decisión, en una lógica individualizante y totalizante a la vez.

Ambas formas de dominación, la ideológica religiosa y la racional-legal, dan por ende distintos significados a la idea de sujeto; la primera lo concibe como sometido a otro por control y dependencia (ya sea a Dios o el líder religioso); la segunda lo idea como limitado a su propia identidad, a la conciencia individual.

Los fundamentos para argumentar cualquiera de las dos posturas, se sustentan desde un punto de vista legal y clínico, y han entrelazado las legitimidades legales con las afirmaciones de verdad, basadas en criterios científicos o clínicos. Aunque esto último ha derivado en una serie contradicciones en torno a lo insano, lo legal, lo científico, y lo moral.

En definitiva, la pugna entre el poder pastoral y el estatal, ha sido objetivizada, materializada y circunscrita a la discusión acerca del uso de la PDD, donde lo que está en juego finalmente es quién impondrá su control sobre las conciencias de los sujetos.

miércoles, 30 de abril de 2008

Representantes de los ciudadanos o los partidos

El proyecto de modificación a la ley de Partidos Políticos, incluye un aspecto polémico, “la orden de partido”, que claramente coarta la democracia interna de los partidos, y pone en riesgo la soberanía de los electores en cuanto a sus representantes, dejando la actividad legislativa en manos de las directivas de los partidos y no de los ciudadanos.

Considerado como parte del plan de modernización propuesto por Pérez Yoma, el proyecto contempla diversas medidas, algunas convenientes para mejorar el funcionamiento de la política partidaria, como transparentar el gasto electoral y terminar con la exclusión del binominal.

Sin embargo, lo más probable es que la discusión política se centre en los la posibilidad que daría la modificación, de dictar órdenes de partido en asuntos en que se encuentren directamente comprometidos los principios, el programa o la línea política partidista, y de establecer regulaciones –castigos- para los parlamentarios con indisciplina partidaria.

Como si fueran escolares, los legisladores díscolos, podrían ser rehabilitados en su pensamiento, ser reencausados por “el buen camino” de la disciplina, para no disentir de sus directivas y del resto de sus compañeritos.

El problema, es que determinar cuándo, dónde y cómo se ven comprometidos los principios, programas y líneas políticas de un partido, es algo en extremo complicado. No sólo porque dichos límites son generalmente contextuales, es decir dependen de la directiva de turno, del momento político, electoral e histórico que vive la organización, sino también de la coyuntura externa.

Lo anterior, haría impracticable establecer criterios para determinar cuando es posible la orden de partido, y cuando es necesario respetar la libertad y capacidad de discreción de cada representante.

El problema central, es que la ley de partido, y la aplicación de disciplina más allá del propio partido y extrapolada a la acción legislativa, terminará por posicionar los intereses de los partidos, por sobre los intereses de los ciudadanos a través de sus representantes electos.

Lo que se podría producir es un poder legislativo de directivas partidarias, y no de representantes ciudadanos, donde en definitiva se legislaría a través de los partidos, por los partidos y para los partidos.

De hecho, se busca fortalecer la política partidaria, controlada y hecha por los partidos.

Coherente con esa idea, se disminuye de 8 a 5 el número de regiones que se deben acreditar para constituir un partido político, y también el requisito para mantenerlo se rebaja a 0,2% en la última elección.

La medida, aunque no explicita, busca fortalecer la cuestionada política partidaria, ampliando el aparataje institucional partidario y su capacidad de cooptar distintas fuentes, dándole más capacidad de discreción y presión a sus directivas al interior del poder legislativo desde un punto de vista formal, en desmedro de la capacidad y libertad de los sujetos individuales y la sociedad civil en general de participar en la política.

viernes, 18 de abril de 2008

Los valores comunes del Papa y Bush

lLa visita de Benedicto XVI a los Estados Unidos es quizás una de las visitas papales con más aspectos político-ideológicos que religiosos del último tiempo. No sólo por los escándalos que envuelven a sacerdotes, y la cercanía de las elecciones en dicha nación, sin también por la clara promoción de un discurso religioso anti-secular y etnocéntrico común, al mismo tiempo que se crítica el fundamentalismo en Medio Oriente.

Apenas el Papa piso suelo estadounidense, George W. Bush declaró sin ningún resquemor, que entre él y Benedicto XVI existe la misma idea con respecto una política inspirada en valores.

Pero ¿Qué tipo de política inspirada en valores? Más aún ¿Qué valores comunes son esos?

Es claro que la referencia a una política inspirada en valores, hace alusión a una idea no secular del Estado y una concepción religiosa etnocéntrica, muy arraigada en el discurso del actual presidente estadounidense.

Es decir, George y Benedicto comparten un discurso anti-secular de la Política, y además una visión etnocéntrica de la religión a nivel mundial.

De esa base discursiva se desprende muchos de los preceptos desarrollados por la administración Bush, en cuanto al Derecho Internacional, la Guerra al Terrorismo, hasta las políticas de seguridad, medioambientales, de inmigración y de ayuda internacional.

Por esa misma idea no secular del Estado, la mayor parte de la ayuda que Washington entregó en el último tiempo a otros países para la lucha contra el SIDA, dependía de que la promoción de la abstención, sin permitir el uso de fondos para la compra de condones.

Por lo mismo, la visita del Papa a USA, a sólo meses de las próximas elecciones en los Estados Unidos, se ha convertido en una jugada política de proporciones, considerando que los dos precandidatos demócratas con más posibilidades de vencer en éstas, Barack Obama y Hillary Clinton, están a favor del aborto.

Lo anterior, sobre todo considerando que Ratinzger, siendo obispo, dijo que los políticos a favor de leyes pro aborto o pro eutanasia, no deberían recibir la comunión.

Sin embargo, ese discurso no secular y etnocéntrico, que también se autodenomina en muchos casos provida o conservador, en muchos casos, presenta claros indicios de contradicción y dualidad, en torno a diversos temas, como la libertad religiosa, personal, la vida y los derechos.

La dualidad del discurso anti-secular y etnocéntrico-religioso, es apreciable en dos dimensiones principalmente: en cuanto a la protección de la vida y en cuanto a la libertad religiosa.

En cuanto a la protección de la vida, el discurso se centra esencialmente en aspectos relacionados con los que Freud llamaría el patrimonio lujurioso de los sujetos, la sexualidad. Es a partir de esto, que desarrolla sus modos de control. En ningún caso, se centra en la protección de la vida de refugiados, prisioneros y víctimas de guerra, secuestrados, etc.

En cuanto a la libertad religiosa, el discurso anti-secular y etnocéntrico-religioso en forma coherente a su etnocentrismo, apela constantemente a la protección contra el secularismo occidental y las mayorías religiosas, pero sólo en cuanto a su caso particular, pues simultáneamente promueve la secularización en diversos otros lugares, con el propósito de descomponer y en definitiva eliminar cualquier otro discurso religioso-ideológico que le haga contrapeso.

Es decir, a través de un discurso contra las mayorías religiosas, pretende posicionarse como la única mayoría religiosa, capaz de discriminara a los sectores minoritarios, y también de incidir en la Política.

lunes, 7 de abril de 2008

La necesidad de cambiar la constitucionalidad para modernizar la Democracia

El marco institucional formal en que se sustenta nuestro país, la Constitución Política y sus organismos derivados, se ha hecho cada vez más estrecho, obtuso y retrogrado; y eso se ha visto reflejado con claridad en diversos ámbitos del acontecer nacional, como determinar si se permite o no el uso de una píldora por parte de las personas.
La institucionalidad a veces parecer ser un concepto ambiguo para muchas personas, y en la mayoría de los casos, se la confunde con los organismos que operan dentro de ésta. Sin embargo, la institucionalidad es algo más amplio y global que incluye todas las prácticas, procedimientos, rituales y símbolos, formales e informales que estructuran la interacción entre los sujetos, individuales y colectivos, en una sociedad o grupo determinado. En definitiva, es la que determina las reglas del juego en las que actuamos.
En relación a lo anterior, parece ser que nuestra institucionalidad formal, sustentada esencialmente en la Constitución Política de 1980 como forma de dominación racional-legal, se vuelve cada vez más anacrónica en relación a la institucionalidad informal en diversos aspectos, como la solución de conflictos políticos o los sistemas de valores y criterios de decisión, de los sujetos que están sometidos a ésta.
Dicha situación tiene relación con los profundos cambios que ha sufrido la sociedad chilena en diversos aspectos informales y también formales, en términos de consumo, acceso a información, distribución del trabajo y estructura de relaciones.
Éstos factores se contraponen a la génesis constitucional, que más allá de validaciones y posiciones ideológicas o contextuales, conlleva una profunda impronta autoritaria y paternalista, marcada por un momento político y social determinado -aún cuando algunos ilusos digan que se trata de una Constitución Liberal-.
En este sentido, el creciente acceso a información diversa, el ingreso de las mujeres al trabajo y la mayor noción de los derechos individuales, ha determinado una transformación y diversificación de los sistemas de valores, aumentando el sentido de autonomía y decisión individual de los sujetos en determinados campos informales, sin sometimiento ni del Estado ni de las Iglesias, ni de grupos corporativos, y de ninguna clase de poder, sobre todo en cuanto a lo que se denomina "vida privada".
En otras palabras, se ha hecho concreta la imposibilidad de la que hablaba Freud, de establecer métodos de control únicos sobre el patrimonio libidinoso de los sujetos. Se ha producido un desfase tremendo entre los criterios formales establecidos por la legalidad y los criterios informales dispersos y variables de los sujetos.
Las diversas reacciones frente a la decisión del Tribunal Constitucional con respecto a la PDD, refleja que en diversos aspectos sociales, como la planificación familiar y la sexualidad, aún no hay consenso en cuanto a ciertas prácticas.
Por lo mismo, ante la resolución, hay personas que apoyan el fallo y otras que quieren decidir por sí mismas sus sistemas de valores y marcos de acción, sin la supervisión de un organismo colegiado como el TC.
Para ambos casos, sea cual sea la decisión adoptada -ya sea a favor o en contra- ésta parece contraponerse a la libertad de unos y otros en cuanto a decidir sobre su propio actuar. En ambos casos, parece imponerse un criterio valórico determinado y no un criterio neutral.
Lo anterior, demuestra que el actual marco institucional formal, la Constitución, no logra resolver las disyuntivas generadas entre diversas institucionalidades informales, pues no ofrece marcos de acción que disminuyan los costos de negociación entre los actores o que permitan considerar la diversa opinión ciudadana, para consensuar las posiciones con respecto a issues controvertidos.
Incluso, en muchos casos parece imponer un criterio valórico único por sobre otro, pero sin haber considerado esas diferencias. Por lo mismo, el plebiscito no es una práctica habitual en nuestro país.
Cambiar la Constitución no implica eliminar el imperio de la ley para ordenar y regular la interacción social de los sujetos, sino más bien de generar procedimientos y prácticas acordes a los tiempos, que permitan hacer contemporáneos los planteamientos constitucionales que definen esa relación, con respecto a la transformación de los sistemas de creencia, que también definen marcos de acción para las personas, y que cada vez son más diversos, variables, contrapuestos o contradictorios.
Lo que se debe evitar es hacer que la legalidad convierta ciertos tópicos en juegos de suma cero entre los ciudadanos, donde todo se gana o se pierde, lo que irremediablemente conlleva a una polarización de las posiciones de los actores, ya sean políticas o valóricas, elevando los costos de negociar para llegar a acuerdos.

martes, 1 de abril de 2008

Los verdaderos Liberales son como los Grunges

La postura grunge, contrariamente a la idea habitual con que se relaciona el movimiento –de simple inconformismo y nihilismo reflejado en sus letras de apatía y desencanto- tiene una fuerte impronta comunitarista, cercana a lo que podría considerarse una izquierda liberal.

El origen de algunos de sus exponentes, provenientes de las clases medias bajas trabajadoras de los Estados Unidos, los posicionó como opuestos y contrarios al discurso del American Dream, que se pretendía difundir a través del cine, la televisión y la música, con imágenes de suburbios atestados de adolescentes al estilo del video Baby, One more time de Britney Spears.

El carácter contestatario y descontento de su música, originado a partir de las reminiscencias del hardrock, el folk y sobre todo el punk, se plantea con una fuerte crítica social, que aborda en forma global la problemática de una sociedad que parece cada vez más desigual, estratificada, segregada, clasista, en exceso individualista, y a la vez pacata, a la que consideran alienada.

Lo esencial del Grunge, es que como contracultura, se plantea con una postura que considera que la libertad del sujeto no puede ser ejercida realmente, si existe la coerción psicológica, política, racial, económica o religiosa.

La idea central es que la libertad individual se compone de dos dimensiones; una física y material, y otra psicológica y metafísica, que operan en conjunto y no separadamente como elementos constitutivos de la verdadera libertad.

El mismo nombre Nirvana simboliza está visión, donde ante el dominio del mundo material, el único refugio parece ser el mundo metafísico a través de la libertad espiritual. Pero también simboliza la libertad religiosa, no sólo en cuanto a creer, sino también en relación a doctrina, donde el Budismo es quizás la más liberal de las religiones.

De esto se desprende el discurso anti clasista y anti homofóbico que primaba en Nirvana.

La misma idea parece primar en el concepto de Alice in Chains, aunque en un sentido pesimista, donde una clara alusión a Alicia en el país de las Maravillas, muestra la existencia entre un mundo de ensueños y una realidad algo más ingrata, que mediados por las drogas, terminan convirtiendo a algunos en esclavos físicos y espirituales.

Si bien el nivel introspectivo de la paradoja libertad-esclavitud parece primar en algunos grupos, como los casos de Alice in Chains y Nirvana, haciendo que parezcan bandas sin discurso político y cuya opción es más bien alienarse, éste no es hegemónico como podemos ver al considerar otras bandas como Pearl Jam o Soundgarden.

Ambas agrupaciones han estado frecuentemente involucradas en campañas a favor de la libertad de expresión, la sociedad civil, la profundización de la democracia, y en contra del abuso empresarial o corporativo y las políticas del gobierno en diversos ámbitos como el ambiental, el político, el internacional.

En este sentido, la banda que mejor refleja la postura Liberal Comunitaria es la que lidera Eddie Vedder, la cual no sólo logra armonizar ambos aspectos de la libertad –material y espiritual- sino que los sintetiza a través de sus canciones, en un claro discurso político, ambientalista, antirracista, anticonsumista, democrático y social.

Pearl Jam constante y simultáneamente nos habla de libertad espiritual y material, y como la sociedad actual opera en desmedro de una o de la otra, donde por ejemplo, el mendigo de Even Flow, que prisionero de sus condiciones materiales debe usar la vereda como almohada, pronto será libre al morir congelado.

O el caso de Jeremy, en su mundo material saturado pero a la vez vacío es prisionero de las estructuras familiares falsas y desechas, y en su mundo interno trata de ser libre en sus colinas donde es el rey. La falta de equilibrio termina por acabar con el muchacho. Es la misma crítica que posteriormente hace Moore en Bowling for Columbine.

Actualmente el discurso Liberal Comunitario de Pearl Jam es más claro aún y cada vez va más allá de sus canciones. Lo que se inició en una batalla contra el monopolio de las ventas de entradas, derivó en una cruzada contra los monopolios empresariales en general, la guerra y actualmente los tiene enfrascados en una campaña contra la ley -propuesta por las grandes empresas estadounidenses- que busca poner fina a la net neutrality, que es la que garantiza que todos los contenidos de Internet tengan el mismo tratamiento.

La propuesta quiere establecer un sistema de pagos donde se tasen los sitios para determinar su presencia y velocidad on line, lo que iría en desmedro de los sitios pequeños creados por ciudadanos, pero sobre todo en contra de la libertad de expresión.

jueves, 27 de marzo de 2008

Corrupción en la Alianza, Cazadores cazados

Las eventuales irregularidades en el municipio de Huechuraba y de la empresa Gestión Municipal Avanzada (GMA), han demostrado que donde se mide la consecuencia contra la corrupción es cuando sujetos afines a nuestras ideas o creencias, miembros de nuestros partidos o iglesias, son los corrompidos.
Más importante, han demostrado que algunos enérgicos fiscalizadores de la Alianza, en este caso están demasiado silenciosos.
Los casos de corrupción no son de exclusividad de un sistema económico o de un régimen político, tampoco de una ideología, religión, partido, agrupación, creencia, raza, tendencia sexual o nacionalidad, por lo que su combate requiere de una fuerte determinación a terminarla, y una enorme carga de consecuencia, porque siempre existe la probabilidad que alguno de nosotros, "de los nuestros", incurra en prácticas corruptas.
Es en estos casos, cuando son sujetos afines a nuestras ideas o creencias los corrompidos, donde se mide realmente la verdadera posición contra la corrupción, ya sea política, económica, moral o de cualquier índole.
Juzgar con la misma fuerza el acto corrupto, sin importar la relación existente con el enjuiciado, es lo que nos hace realmente incorruptibles e intachables frente al resto.
Si hacemos oídos sordos, miramos para el lado, minimizamos el acto o preferimos guardar silencio, entonces somos cómplices por omisión, y parte constitutiva de la corrupción.
Los últimos hechos han demostrado que la corrupción jamás debe ser usada como argumento y recurso político, si realmente la queremos combatir, porque es probable que esa evidencia, como un significante vacío, se nos vuelva en contra en un momento determinado.
Entonces, aquellos que levantaban la voz contra la corrupción, más por un uso político que por una cuestión ética, hoy guardan silencio y se muestran cautelosos cuando algunos de sus miembros parecen estar envueltos en ésta.
Quienes juzgan con fuerza la corrupción en unos casos y en otros le bajan el perfil, están contribuyendo a fortalecerla, al subjetivizarla según criterios contextuales, políticos, ideológicos, de relación, creencia, etc.
Debe quedar claro, que la corrupción es un problema que afecta a toda la sociedad, que no surge de un día para otro y que es una práctica que se va sedimentando y naturalizando debido a la acción de las propias personas, sean gobernantes y no gobernantes, corruptos y no corruptos.
Entonces, la idea al fin y al cabo, es evitar que una mayoría tenga la percepción en que todos lleguen a decir: ¿Si todos roban, por qué yo no?

martes, 18 de marzo de 2008

La ética actual es la de la no-ética

La ética, como razonamiento del actuar y lo moral, paulatinamente ha ido siendo abandonada en la formación y construcción de los sujetos, en la constitución de las prácticas sociales, y en la sedimentación de las estructuras de relaciones humanas.

Para dar cuenta de este fenómeno, podemos analizar diversos aspectos y dimensiones de la vida social actual.
No es el objeto de esto, hacer un tratado de ética, sino más bien deconstruir la actual ética que se naturaliza desde los primeros años de educación, para finalmente constituir profesionales que parecen funcionar en total anomia.

Al modo weberiano del estudio de la ética protestante y la ética capitalista, hablaremos del paso de la ética productiva a la no-ética consumista.
Se produce el fin de la conjunción entre la ética de principios y la de resultados; y el inicio de la hegemonía de la última como única, totalizante y absolutamente excluyente de la otra.

Lo anterior, porque de la producción para la sobrevivencia, se pasa a la producción por la complacencia, marcada por una división del trabajo más bien atomizante, que determina la transformación de las nociones éticas de las formas y modos de producción, que se vuelven basales de la sociedad actual.

Este cambio es apreciable a nivel de la formación de los profesionales, cuya formación es cada vez más reducida -aunque llamada especializada- menos integral y por ende menos ética, en base a las nuevas lógicas de división del trabajo.

Los profesionales saben muy bien, o relativamente bien acerca de sus prácticas y procedimientos específicos, sobre todo aquellos aspectos técnicos que les competen, pero carecen de toda noción ética en cuanto a éstos, sus efectos y resultados, y su rol social propio, como sujetos sociales y políticos.

Carecen entonces de la capacidad de discernir racionalmente –y por ende éticamente- cuándo la aplicación de su conocimiento específico puede ser contrario a una ética o bien común determinado.

La mayor "especialización" ha reducido al profesional -que ya no es íntegro en términos éticos- a un ejecutor de técnicas específicas y aisladas, en términos de reflexión sobre su propia actividad como parte de una entidad social.

Entonces, la irracionalidad reflexiva –pero traducida en eficiencia sistemática-marca la pauta para la construcción de una ética sin ésta, basada en resultados y no principios de acción.

El habitus de algunas profesiones como ingenieros, abogados, médicos y periodistas, operan bajo la ética no ética, pues su actuar profesional ha sido sistematizado, al modo de una línea de producción industrial, y donde han sido eliminadas la capacidad de decisión, discernimiento, actitud crítica y acción colectiva.

Se produce, a nivel de praxis, la anomia individual, que es sometida a la norma técnico-productiva, como norma grupal e individual. La libertad del sujeto de discernir su propio actuar en base a sus acciones y las del resto, se ve suprimida en su actuar profesional.

Entonces, irremediablemente se produce la atomizacón total del sujeto, tanto de su propia concepción como ente individual, como social.

martes, 19 de febrero de 2008

Festival de Viña, analizado a base de Homo Videns y Sobre la Televisión

Esta semana, los medios han estado monopolizados o han monopolizado, una sola realidad, el Festival de Viña del Mar, demostrando que la Televisión es reduccionista, deforma la realidad y desalienta el ejercicio de pensar. En definitiva es cada vez una caja más idiota.
Esta semana, los medios han estado monopolizados o han monopolizado, una sola realidad, el Festival de Viña del Mar, demostrando que la Televisión es reduccionista, deforma la realidad y desalienta el ejercicio de pensar. En definitiva es cada vez una caja más idiota.

En sus orígenes, la Televisión fue concebida en términos positivos, como un instrumento de socialización y educación eficaz, que elevaría el nivel cultural de todos los tele-espectadores.

En la actualidad, parece ser que esa nivelación se produce en sentido negativo, pues la Televisión parece estar desculturizando y atomizando a los sujetos, y sobre todo anulando su capacidad de reflexión, alienándolos.
Lejos de ser un medio cultural y de información, se ha convertido en un instrumento de subinformación y desinformación (Sartori) a base de un manejo de la información a favor de lo escandaloso o sensacionalista (Bourdieu).

La televisión, impulsada por la competitividad, simplifica el contexto y la realidad sociales, con el único fin de acrecentar sus audiencias, a base de la eliminación de cualquier noción de conflicto o polémica en cuanto relaciones sociales, en desmedro de cualquier intento de análisis de la realidad social compleja. Es decir, despolitiza el contenido de la información y con ello a los sujetos, eliminando la reflexión de éstos acerca de la sociedad.

Se genera entonces una parcialización de la realidad, donde sólo es objeto de interés de los medios, aquello que resulta promisorio en cuanto a obtener altos niveles de audiencia.
Entonces, se eliminan, censuran o tergiversan de la emisión, la información y de la mente del espectador, partes importantes de la realidad social.
Por lo mismo, Sartori y Bourdieu coinciden en que la televisión actual se caracteriza por anular la capacidad de reflexión del ser humano y desalentar el ejercicio de pensar, debido a que simplifica la realidad, privilegiando la imagen sobre el contenido y la emoción sobre el raciocinio.
La Televisión entonces, entra en la lógica que señaló McLuhan, en la que los medios de comunicación, buscarían lo trivial como forma "neutral" para poder ampliar sus audiencias.

Es decir, la televisión se convertiría en una poderosa maquinaria de banalizar la realidad para poder ponerla al alcance de todos, a base del atontamiento de los sujetos.

Actualmente, se ha constituido claramente como un medio de desinformación, que deforma la realidad social, simplificándola, deformándola y reduciéndola, en pro de las modelos que son convenientes para generar audiencias masivas y crearles nuevas necesidades rentables.

Bienvenidos a la Sociedad del Espectáculo

martes, 5 de febrero de 2008

La oligarquía de la Ciencia

Idealmente el campo ámbito científico se concibe como espacio positivo –en términos epistemológicos y éticos- libre de los vicios del conocimiento vulgar y del egoísmo característico del comportamiento humano. Bajo este precepto, tanto las Ciencias mismas como los científicos, son vistos erradamente como personas elevadas, cuyo único y principal propósito es el alcanzar la Verdad del conocimiento.

Sin embargo, como cualquier otro ámbito de actividad, como un espacio de lucha competitiva en torno a un capital determinado, el sentido básico del campo científico es lograr el control del monopolio de la autoridad científica (junto a los beneficios que eso conlleva) por lo que las pugnas epistemológicas están plagadas de intereses producidos en otros campos sociales.

Contrariamente a lo que podría pensarse, la autoridad científica no está fundamentalmente cimentada en los aportes científicos de ésta, sino en el control que ejerce sobre el capital social acumulado y sedimentado en el mismo campo, a través de diversas prácticas e instituciones no científicas, lo que produce la jerarquización entre quienes detentan determinado capital social y aquellos que desean tenerlo.

Los científicos entonces, tienden a legitimar aquello que se reproduce como conocimiento legitimo mediante prácticas y recursos ya instituidos dentro del habitus dominante -como grados académicos, metodologías de investigación y enseñanza hegemónicas- y no mediante la innovación científica como tal.

Se produce entonces la homogeneidad del campo científico que tiende entonces a suprimir la innovación, anquilosando el conocimiento ya instituido en base a un habitus determinado. La posibilidad de revolución al modo de Kuhn, es entonces acallada por las elites que controlan el campo, que tienden a proteger el statu quo epistemológico, con el propósito de conservar sus posiciones de estatus y poder.

Se constituye entonces una ley de hierro de la elite científica al modo de Michels, donde se constituyen prácticas destinadas a perpetuar el orden científico establecido, colando el acceso al habitus, el capital simbólico y las redes sociales del campo, con el fin perpetuar los paradigmas, conocimientos, y símbolos dominantes.

Cualquier otra fuente de conocimiento científico, es desechada no a través de la lógica popperiana de verificación-eliminación, sino que a través de una lógica simbólica y subjetiva de dominación, en base a su concordancia ideológica con el discurso constitutivo del paradigma epistemológico imperante, y el habitus de los sujetos que controlan el campo, marcado por su capital social.

Mediante ésta lógica, la elite científica dominante circunscribe y determina las fronteras de lo que es epistemológicamente válido, en cuanto a problemas, respuestas, metodologías, paradigmas, y sujetos autorizados para su uso, sedimentando en definitiva la inercia intelectual dentro del campo científico.

Queda así determinada a priori la demanda con respecto a determinados conocimientos, prácticas y habilidades, en base al habitus dominante del campo, y cuyo capital social específico genera y reproduce dentro de un marco institucional y simbólico, con el único fin de perpetuar su dominio.

Como los miembros de cualquier ideología, los miembros dominantes del campo científico establecen una serie de símbolos y procedimientos a modo de doctrina, internalizando en su habitus los modos y formas de reproducción, jerarquización y a la vez exclusión del capital social dominante.

No existe entonces “la famosa "neutralidad" (erróneamente igualada a objetividad científica cuando es algo inevitable, es decir, un hecho, que el escapismo es siempre imposible).” (Sobre intelectuales y política, Pierre Bourdieu).

martes, 29 de enero de 2008

Homo Alienatum, el nuevo Habitus del Periodista

La actividad periodística, como un trabajo más, no pudo escapar a las lógicas de transformación que se produjeron, en cuanto a las formas de división del trabajo, lo que indefectiblemente llevó a la profesionalización del periodismo.
Para ser más exactos, deberíamos decir, la academización o tecnificación de éste. Es decir, el paso desde una actividad de carácter vocacional a una carrera universitaria –con prácticas y técnicas determinadas muy limitadas-.
Esto, irremediablemente produjo un profundo cambio en el habitus que hasta esos momentos, habían tenido los periodistas en el mundo.

El nuevo habitus, surgido a partir del paso de oficio a profesión, es apreciable a nivel de dos dimensiones; en su relación entre ellos y con la información, en base a una nueva valoración de ésta última; y en el cómo perciben su rol social.
La percepción con respecto a la información, que ha cambiado desde una noción normativa a una económica, ha generado dos efectos; una atomización en las estructuras de relación entre los mismos periodistas, que ya no se perciben como compañeros, sino como competidores, y la alienación de todos estos, con respecto a la información en sí.

En cuanto a cómo perciben su rol social, los periodistas han abandonado la noción de rol social relacionado con el de fiscalización y liberación cognitiva -en cuanto grupo independiente y fiscalizador del poder- y han adoptado otra, relacionada más con el campo del marketing y la publicidad, donde la función del periodista se reduce a la de un mero transmisor de información, sin filtrarla ni evaluarla en cuanto a su utilidad social.

Como tal función es en extremo simple, se vuelve fácilmente reemplazable y el valor de su trabajo pierde toda importancia, puesto que el poco valor que se le atribuye socialmente, también lo asume el público, que se informa menos, mal o simplemente no lo hace, porque no cree, o considera de poca importancia la información que entrega la prensa. El nuevo habitus genera una disminución del sentido y valor de la prensa como campo.

El periodista, y su trabajo, en muchos casos se vuelve un instrumento entrópico –hablando en términos de comunicación- entre el público y la información que entrega, ya que en muchos casos generan más ruido que datos útiles para el primero, contribuyendo innegablemente a los altos niveles de despolitización y desinformación que en general caracterizan al público actual.
De una actividad concebida como emancipatoria, el Periodismo pasa a convertirse en una actividad alienante, tanto para el mismo periodista como para el público.

Así, el poder político y económico entonces, tienen más espacios para hacer uso de la Prensa, en pro de intereses particulares y no públicos, inhibiendo la existencia de medios independientes, el acceso a información, a través del desvío, minimización o incluso el claro ocultamiento de asuntos públicos importantes. Lo anterior, no con la prohibición, sino que con la entropía, a través de la entrega sistemática de información irrelevante, lo que en Chile se conoce como la farandulización de la prensa.

Parece producirse entonces una invasión total de los temas de la llamada Prensa Rosa sobre otros campos, como la política, el deporte y la cultura.
El más importante de ellos, el Político, comienza a perder su primacía en los asuntos sociales y públicos, y queda imbuido por las lógicas marketeras de la información y los medios.

Los actores del campo político entonces, también tienden a adaptar su habitus, hacia una lógica mediática, que genera una sobrevaloración de acciones que pueden ser catalogadas de populistas y en extremo inútiles, en términos de Bienes y Políticas Públicas, pero muy eficaces en cuánto a Marketing Político.
El capital simbólico a nivel del campo político, se transforma y entonces, la actividad política misma, pierde su sentido primario como actividad donde se toman decisiones para el Bien Común.

Las personas entonces, ya no asumen lo político como actividad relativa a los asuntos públicos y ciudadanos de todos, sino como un campo en extremo cerrado, aislado de los ciudadanos y con el que sólo tienen relación en períodos eleccionarios. Eso se traduce, irremediablemente en desafección política –no en términos ideológicos- sino en cuanto a considerar los asuntos públicos como tales.

Los asuntos públicos, pasan a ser vistos por la ciudadanía como discusiones lejanas, hechas a cuatro paredes, en sedes partidarias y sin ninguna incidencia sobre sus propias vidas. Se produce entonces la enajenación ciudadana con respecto a lo político.
En este punto, juega un rol fundamental la concepción de la información bajo una noción económica y no normativa. La verdad ya no está en los hechos, sino en lo que puede alcanzar alto rating.

El periodista entonces se ve alienado de la información que entrega, puesto que el valor de ésta no tiene relación con su veracidad, sino que con su capacidad de impacto.
Por lo tanto, la exigencia de rigor se ve, en muchos casos, inhibida por la inmediatez que exige la competencia, y por la necesidad de lograr constantes primicias noticiosas.
Lo anterior incide en los niveles de cooperación entre los periodistas, que establecen relaciones de competencia, en muchos casos, en extremo poco éticas, pues todo es válido con tal de alcanzar la primacía informativa.

No es extraño entonces, que escuchemos en forma cada vez más frecuentemente, a periodistas tener que retractarse de sus dichos o publicaciones, debido a que eran erradas o simplemente falsas.
Así, el nuevo habitus del periodista tiende a inhibir su capacidad crítica, y lo obliga a someter su criterio a información banal, en muchos casos tendenciosa, y lo vuelve en extremo competitivo, poco criterioso y falto de rigor. Lo vuelve, un Homo Alienatum, entrenado para crear otros Homo Alienatum.

Jorge Gómez Arismendi
Periodista Universidad Santo Tomás
Magíster (c) Ciencia Política Universidad de Chile

miércoles, 2 de enero de 2008

El discurso navideño, entre el consumo y la espiritualidad

La celebración de la Navidad, como componente ritual de la religiosidad cristiano-occidental, surgió en base a dos claves discursivas esenciales: el nacimiento del Mesías en el pesebre y la llegada de los Reyes Magos como representantes del poder terreno.

La primera clave, que corresponde a la dimensión espiritual del mensaje, plantea el tema de la humildad, austeridad y escasez material en que habría nacido Cristo.
La segunda, envuelve la dimensión material de lo existente y su subordinación a la espiritualidad y que se encarna en la entrega de regalos por parte de los reyes magos al Mesías, simbolizando su respeto al mismo.

Más allá de los aspectos esencialmente religiosos que la enmarcan, como hecho simbólico y discursivo, la Navidad anteponía la esencia espiritual de los sujetos, por sobre el contexto material de éstos, como base de la felicidad.
Simbolizaba entonces, la aceptación del dominio del espíritu sobre la materia. En definitiva el dominio del mundo de Dios sobre la Tierra de los hombres.

Durante siglos, esa premisa permitió que como celebración y ritual, la Navidad se expandiera más allá de las fronteras geográficas y de la propia fe cristiana, situándose como un símbolo de esperanza y fe en la fraternidad y bondad entre los seres humanos, y celebrado por muchas personas cada año, sin importar el credo de éstas.

En esto no había hipocresía, puesto que lo que terminaba valorándose con fuerza era el mensaje central de la filosofía cristiana, amarse unos a otros como así mismos.

La Navidad en este sentido, terminó por simbolizar la buena fe en los seres humanos, marcada por la posibilidad que tiene cada sujeto de realizar actos de amor con respecto a otros, aún sin importa en qué crea. Ejemplos de esta visión son las múltiples personalidades atribuidas a la cualidad de ser bondadoso, como Santa Claus, Papa Noel, San Nicolás, el Viejo Pascuero, etc.
Otro ejemplo de está estructura discursiva es la obra de Charles Dickens, ambientada en la era victoriana, llamada Canción de Navidad.

En dicha historia, los espíritus de las navidades pasadas, presentes y futuras visitan a un ateo total, Ebenezer Scrooge, que no la celebra y que tiene una actitud avara y poco fraterna con su único empleado Bob Cratchit, que a pesar de su pobreza y la enfermedad de su hijo Tim, sí celebra la navidad.

Al final del cuento, se produce la “redención” de Scrooge y surgen sus actos de bondad, como símbolo del triunfo de la buena fe.
Así, la espiritualidad, simbolizada en la bondad, se antepone a la materialidad como valor universal, más allá de los aspectos religiosos, sociales o contextuales.

La brújula de Santa Claus
Actualmente, sin embargo, existe una reestructuración de dicha disposición discursiva, lo que algunos entienden como la perdida de el “sentido” de la Navidad ante el excesivo consumismo y la publicidad, que se antepone ante el sentido de buena fe –desplegado como potencial de espiritualidad de los sujetos-.

La Navidad, en términos publicitarios, comerciales y sociales, se ha convertido en un ritual de consumo naturalizado, donde sus claves, como la austeridad, la bondad y la fraternidad han quedado relegadas a un plano simbólico y no práctico.
En otras palabras, se prioriza el criterio de consumo por sobre el criterio simbólico de ésta.

La paradoja esencial de todo esto, es que se produce una dualidad en cuanto a dicho sentido –la espiritualidad por sobre los bienes materiales- según el nivel de acceso a bienes materiales y el supuesto nivel de espiritualidad de los sujetos.
Así, constantemente se cuestiona el nivel de espiritualidad y valores de los menos pudientes que quieren acceder a bienes suntuarios a base de endeudamiento a largo plazo.

Pero, en ningún caso se cuestiona el nivel de espiritualidad y los valores de aquellos que teniendo grandes recursos económicos y a la vez un discurso “espiritual” también acceden a esos bienes suntuarios y practican una actitud poco bondadosa con sus congéneres en estas fechas y todo el resto del año.
En base a la capacidad de consumo, a algunos se les perdona su falta de espiritualidad y a otros se les condena. Esa es la paradoja principal.

martes, 11 de diciembre de 2007

De vuelta a la Matrix - Contrariando a Slavoj Zizek

El título de la obra de Slavoj Zizek, Bienvenidos al Desierto de lo Real, una clara alusión a la película Matrix, y el momento en que Neo, una vez despertado y fuera de la Matrix –la estructura mental en la que vivía su mente- aprecia la realidad material en la que vive su cuerpo, busca mostrar como nuestras sociedades se han constituido y cimentado dualmente a base de una realidad virtual que se superpone y dominaría a la material.

Lo anterior se vería reflejado en el pánico y temor existentes en los días previos al denominado Bug Millenium (la falla del 00), que auguraba desastres y descalabros en los mercados, la política, el abastecimiento y la seguridad, nunca antes vistos, pero que finalmente nunca ocurrieron. Es decir, la Matrix se mantuvo intacta sin alterar la realidad material.

El planteamiento de Zizek se puede enmarcar dentro del viejo dilema entre la posición que considera a las ideas como constitutivas de la realidad y aquella que considera que es la realidad la que funda las ideas. La pugna entre Realismo e Idealismo.
Zizek nos muestra que estamos en un sistema dual similar al mostrado en Matrix, donde los sujetos viven, sienten y estructuran su vida en base a un marco virtual, donde el orden material depende de dicho marco.
Por lo mismo, algo tan virtual como la falla del 00 era tan temida, pues podía desbaratar a nivel material, el carácter de la propiedad, de nuestras identidades, nuestras calificaciones, nuestras cuentas bancarias o deudas. En otras palabras, podría dejarnos en el desierto de lo real sin esa información.

Sin embargo, Zizek más bien considera sólo una parte constitutiva de la Matrix, pero no nos indica, ni nos muestra cuál es ésta. Nos muestra sólo el instrumento con el cual dicha estructura inmaterial se constituye, pero no cómo está se reproduce como un sistema de dominación. Como Morfeo a Neo, nos despertó, pero no nos dice de qué.

Si fueramos Neo entonces, tendríamos que volver a la Matrix, para saber cómo es realmente aquella estructura inmaterial que sin embargo -y tal como lo hace una Ideología- desde nuestras mentes, condiciona y rige toda nuestra vida material, gobierna nuestros cuerpos, nuestro tiempo, nuestras relaciones, legitimando racionalmente el orden existente.

Hegel planteaba tres ejes claves existentes en toda Ideología: como doctrina, es decir como un complejo de ideas, teorías y procedimientos; como creencia, cuando lo primero es asumido como verdad única y como certeza manifiesta; y como ritual, cuando se internalizan prácticas y procedimientos en las dimensiones de la vida, que se hacen parte de la “experiencia espontánea” de los sujetos, y que se convierten en los mecanismos que la reproducen.

La Matrix de Neo es claramente una forma de poder y dominación en dos sentidos:
Individualizante –cada cuerpo es una batería de energía dispuesta para seguir alimentando el sistema, pero separadamente una de la otra; y Totalizante, donde la estructura de la Matrix es el todo existente, real, verdadero, que envuelve cada dimensión de la vida de los sujetos.

¿Qué discurso imperante se ajusta mejor a la premisa de la Matrix, como estructura inmaterial que rige y controla las mentes, gobernando así los cuerpos y condicionando la realidad material?

Una forma de dominación con pretensión individualizante y totalizante a la vez fue claramente la Ideología del Estado Moderno. Sin embargo, ésta no logró ser absolutamente totalizante como la Matrix de Neo, y las fisuras en cuanto a su poder constitutivo impidieron generar su base esencial a nivel individualizante. Es decir, no logró penetrar en la mente y en las prácticas de todos los sujetos.
Pero existe otra forma de dominación totalizante e individualizante, que parece estarse asemejando cada vez más a la Matrix de los hermanos Wachowski; la Ideología del Mercado (o su no ideología).

Como la Matrix, la ideología del Mercado –no el mercado, sino su ideología- se torna hegemónica y tiende a someter cada aspecto de nuestras vidas; incluso aquellas dimensiones que quizás nunca deberían medirse por la competencia o la racionalidad mercantil.
Tal y como cualquier ideología lo hace, con sus símbolos discursivos claves –no exclusivos- como la competencia, la eficiencia, eficacia y racionalidad, va imponiendo prácticas y constituyendo sujetos que la retroalimentan con ellas.

Cualquier atisbo contrario a esta Matrix, queda como un signo de irracionalidad, marcado como expresión del vandalismo y salvajismo poco aséptico, que entorpece y ensucia su perfección, reproducción y desarrollo.

Tal como en la película Matrix, y a diferencia de la ideología del Estado, la del Mercado ha hecho a nivel mental, lo que ninguna otra ideología había logrado hacer:
Primero, en su fase totalizante, ha comenzado a dominar totalmente cada aspecto de la vida humana, insertando sus lógicas, incluso en nuestras relaciones personales, amorosas, en nuestra biología, nuestra sangre, nuestra muerte.

Segundo, en su fase individualizante, ha puesto en las mentes de todos o la mayoría, la noción de que son libres, que su acción, ya sea comprando o vendiendo, es totalmente libre, racional e independiente de cualquier forma de cooptación o coerción.

La realidad mental, la Matrix misma, se ha constituido tan bien, que los ha hecho razonar en forma tan concreta y simple, que sólo aquello que captan físicamente, puede ser objeto de consideración como elemento de coerción.
Al igual que en la película, nuestra Matrix ha eliminado la noción psicofísica del ser humano. Ha terminado por alienar definitivamente al individuo, primero de su trabajo, luego de la comunicación y ahora, de su propia consciencia en el espacio-tiempo.