sábado, 11 de octubre de 2008

Los norteamericanos a los que nadie rescata

El presidente Bush estuvo días atrás muy activo, tratando de convencer al Congreso de Estados Unidos para que aprobaran el plan de respuesta a la catástrofe financiera. Su principal argumento era que, de esa manera, se estaban evitando males mayores a las comunidades locales y a los ciudadanos. Lo cierto es que nadie quería comprar los fondos "tóxicos", y la gran operación de rescate trataba de asegurar que fueran los contribuyentes los que lo hicieran.
Pero ese plan no va a resolver los problemas estructurales de fondo que han generado el pánico financiero; tan sólo terminó encontrándose una manera de aprobar los fondos públicos de rescate, apoyar una pistola en la sien de cada congresista: "O votas el plan, o los ciudadanos (tus votantes) van a pasarlo mal, muy mal".
El mensaje era diáfano: las irresponsables aventuras de Wall Street han de ser rescatadas por la gente de Main Street, la Calle Mayor, los ciudadanos de a pie, porque, si no, vamos al caos. Pasamos del laissez faire, laissez passer al laissez nous faire, laissez nous passer.
Mientras, en Nueva York y otras ciudades estadounidenses, hubo concentraciones de personas que respondían a ese acuerdo entre élites económicas y políticas poniendo de relieve el cinismo del sistema. "Hasta hace poco nos decían que 6.000 millones de dólares eran demasiados para proteger la salud de nueve millones de niños estadounidenses que no tienen cobertura sanitaria. Y ahora, lanzan la casa por la ventana para salvar el culo a sus amigos", afirmó Arun Gupta, periodista de Indypendent, un medio de prensa alternativo de Nueva York (www.indypendent.org).

Lo cierto es que el nivel de protección social de la sociedad norteamericana no es precisamente para lanzar las campanas al vuelo, por lo que sorprende aún más que todo el esfuerzo gubernamental se concentre en recomponer el maltrecho sistema financiero, sin reconocer que mucha gente lo está pasando realmente mal en ese país.
El eslogan utilizado en la campaña para la aprobación del plan de Henry Paulson ha sido Reinvest, reimburse and reform (Reinvertir, reembolsar y reformar), lo que de alguna manera recuerda el que se utilizó tras la gran crisis de 1929: Relief, reform and reconstruction (Alivio, reforma y reconstrucción). Pero esta vez el alivio es sólo para unos pocos, los de Wall Street. Socialismo para los bancos, neoliberalismo conservador para la gente.
Es significativo que la mayor organización de defensa de los intereses de las familias con bajos ingresos, ACORN (www.acorn.org), que articula más de 400.000 familias en 110 ciudades en todo EE UU, haya lanzado una campaña con el significativo título de Bail Out Main Street Not just Wall Street (Rescatar a la Calle Mayor, no sólo a Wall Street).

En esa campaña se pide algo tan simple como que cada institución financiera que haya sido beneficiada por el plan de Paulson deba, automáticamente, reducir la carga financiera de las hipotecas que estén a su cargo, favoreciendo así la capacidad de pago de los propietarios hipotecados. Al mismo tiempo, se solicita que las instituciones financieras que no tengan a su cargo hipotecas, se vean obligadas a poner en marcha planes de ayuda para las comunidades más necesitadas. Y, además, se exige que se limiten los sueldos de los ejecutivos, vinculándolos de manera clara a los resultados reales de sus empresas.

Una de las campañas de ACORN que está teniendo más impacto, y a la que se han ido sumando otras organizaciones con sus propias iniciativas, ha sido la relacionada con la defensa de las familias norteamericanas que pueden perder sus casas en los próximos meses, al no poder cumplir sus obligaciones hipotecarias.
Se calcula que más de dos millones de hogares pueden estar en esa situación en breve tiempo, ya que precisamente ése era el objetivo de las hipotecas subprime: convencer a los NINJA (No Income, No Jobs, no Assets; sin rentas, sin trabajos, sin patrimonio) de que ellos podían también acceder a una vivienda.

En 2006 casi el 50% de las hipotecas basura fue a parar a hispanos de bajos ingresos, y son ellos, precisamente, los más vulnerables en esta nueva fase. Medio millón de hispanos han perdido sus empleos en EE UU desde inicios del 2007, y la situación se agrava por momentos. Es evidente que los 12 millones de "sin papeles" de ese país van a ser los primeros en ser despedidos y/o deportados.
En Estados Unidos el salario mínimo por hora era hasta el año pasado de 5,15 dólares hora (3,70 euros). Una resolución del Congreso acordó que, en tres años, ese salario-hora mínimo debería pasar a 7,25 (5,25 euros).
Se calcula que en estos momentos hay 13 millones de norteamericanos que cobran estrictamente ese mínimo. Pero, en 13 Estados de la Unión, el salario mínimo o no está establecido o incluso está por debajo del acuerdo federal.
Los datos apuntan asimismo que la mitad de los trabajadores del país, casi 60 millones, no tienen cubiertos salarialmente los días de enfermedad, y ello provoca muchos problemas de presencia de personas enfermas o con mermas significativas de sus facultades en sus lugares de trabajo.
Es evidente que el tema afecta sobre todo a las personas que trabajan por horas o a los de salarios más bajos.

Por otro lado, hay muchas Main Street en el mundo que ven también con alarma los efectos que sobre sus comunidades va a tener la crisis financiera.
La tradicional tacañería norteamericana en relación a la ONU o a otros organismos de cooperación y ayuda internacional, o su intransigencia en lo concerniente a la deuda externa de los países en desarrollo, se ve ahora dramáticamente en entredicho al comprobar la generosidad con que se abordan los problemas de los classmates, los colegas de los tiempos universitarios.
"El dispendio con Fannie Mae and Freddie Mac", afirma Alex Wilks, director del European Network on Debt and Development, "representa cuatro veces la deuda pública externa de todos los países en vías de desarrollo". Evidentemente, desde esos países el temor es creciente en relación a un futuro en el que Estados Unidos socializa con el mundo sus pérdidas, mientras refuerza los privilegios de sus élites. Ahora entendemos cuáles son las ventajas de la globalización.

En un país que ha visto crecer la desigualdad y la vulnerabilidad en los ocho años de Administración republicana, resulta escandaloso que suenen todas las alarmas sólo cuando los afectados son los sectores más privilegiados del establishment económico-político-financiero. Algunos de los centenares de grupos movilizados en las últimas semanas contra el plan de rescate sólo para algunos, entienden que es precisamente esta escandalosa situación la que va a constituir una importante oportunidad para modificar no sólo el sistema financiero estadounidense, sino también para influir en otra manera de entender la política y sus relaciones y connivencias con las élites económicas.
El problema es que para muchos de los que peor lo pasan las elecciones y el sistema político no han ofrecido hasta ahora esperanza alguna. Si la comunidad hispana con derecho a voto representa el 15% del electorado, sólo el 6,5% usó esa prerrogativa en las últimas elecciones presidenciales.
Quizá para que nos hagan caso y no dejen de nuevo el futuro en manos de los de siempre podríamos recordar las palabras de Adam Smith en su clásico La Riqueza de las Naciones: "Cualquier nueva ley o regulación del comercio que provenga de los directamente beneficiarios de los negocios ha de ser asumida sólo tras larga y cuidadosa comprobación. Provienen de un tipo de personas cuyo interés nunca es el de la gente, y que más bien pretende decepcionar sus esperanzas y seguir oprimiéndola".

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Crisis Mundial, todos los extremos son malos

Con la crisis, ahora mundial, el debate en torno a las causas se ha reducido a si hubo mucha o poca intervención del Estado. En ningún caso se ha considerado que tanto el Mercado como el Estado funcionan imbricadamente y que probablemente el rescate propuesto por Bush es para salvar sus propias acciones en la Bolsa.

Las causas de la crisis económica financiera –al borde del debacle real- han sido muy discutidas en el último tiempo y como era de esperar, las posiciones se han polarizado entre aquellos que reclaman mayores intervenciones del Estado en el mercado, y aquellos que promueven ojalá ninguna intervención gubernamental en las lógicas económicas.

El debate entre los economistas y otros especialistas está que arde y los argumentos a favor y en contra de alguna de estas posiciones siguen apareciendo en diversas publicaciones. También aparecen los discursos deslegitimadores que tienen más carácter ideológico que técnico. Aunque a estas alturas, la técnica parece sobrepasada por una crisis que ya es. La técnica falló en algún punto.

Por otro lado, al debate ahora se suman las eventuales y posibles soluciones al problema, entre las que destacan el plan de rescate del presidente Bush y que aún sigue en negociaciones en el Congreso estadounidense.

Todo gira en torno a aspectos superficiales o netamente económicos del problema, pero nada apunta a un elemento esencial que en la discusión parece no considerarse, la relación entre política y dinero en cuanto al mercado y el estado. Más aún, parecen no considerar como la intervención estatal fue claramente usada para favorecer intereses económicos privados sin tomar en cuenta el paso del tiempo. El tema central es que el Estado no se debe volver un nicho para favorecer intereses corporativos o empresariales, es decir convertir a la sociedad en una plutocracia.
http://www.project-syndicate.org/commentary/stiglitz11/Spanish (Capitalismo Amiguista al Estilo Americano).

En este sentido, para muchos, la intervención estatal es la gran culpable del desastre financiero actual, debido a la promulgación de leyes como la Ley Gramm-Leach-Bliley, firmada en noviembre de 1999 por el presidente Clinton, o la ley federal de 1995, la Community Reinvestment Act (CRA).

Sin embargo, nadie ha tomado en cuenta que dichas resoluciones fueron aprobadas por un congreso y un gobierno, cuyos componentes probablemente también tenían enormes intereses económicos involucrados para estar a favor de dichas leyes.

En este sentido, la primera ley puso fin a la prohibición –o regulación- que tenían los holdings bancarios de poseer otras compañías financieras, y que separaba la banca de inversión de la banca comercial.

Lo anterior, “permitió que una misma entidad desarrollara una banca comercial y de inversión, propiciando fusiones y un crecimiento desmesurado de muchas entidades” (http://www.elobservatodo.cl/admin/render/noticia/11818).
Nadie -de los beneficiados en ese momento- se quejó de la intervención estatal, que en definitiva permitió la ampliación de sus mercados. Y también de sus ganancias.

Sin embargo con ello también se abrió la puerta para el surgimiento de gigantes financieros proclives al monopolio y al alto riesgo financiero, pues surgieron los incentivos para que “fondos privados de inversión (hedge funds) inyectaran grandes cantidades de dinero sin tener que pasar por el ojo de un ente regulador (ellos no están obligados a hacer pública la información financiera relevante).
Mucha vs. Poca Regulación (http://xavierserbia.com/b2evolution/blogs/index.php?blog=1&p=114&more=1&c=1&tb=1&pb=1)

Probablemente más de algún senador tenía intereses creados en alguna entidad financiera, que favorecieron la aprobación de dicha ley, que parece tiene un claro carácter de una intervención que desrregula.

Por otro lado, la segunda ley establecía la prohibición a bancos y otras entidades, de otorgar créditos sólo a los más acomodados en el mercado, sino que los obligaba a ofrecerlos a todos los grupos sociales. Es decir, se promovía –aunque “obligadamente”- ampliar el espectro del mercado y también –aunque nadie lo dice- se obligaba al endeudamiento a quienes en realidad no podían endeudarse. Probablemente a muchos racionales les dijeron: ¿Eres idiota o qué, por qué no tienes casa?

Por lo mismo, con la segunda ley no tardaron en aparecer “organizaciones sin fines de lucro con poder político que reciben miles de millones de dólares por parte de la banca privada para llevar financiamiento a potenciales dueños de casa y dueños de pequeños negocios.” (http://xavierserbia.com/b2evolution/blogs/index.php?blog=1&p=114&more=1&c=1&tb=1&pb=1).

En este caso, claramente los intereses económicos corporativos se imbricaron con los políticos. Todos estaban ganando y nadie se quejaba en ese momento. El Estado y el Mercado eran una sola entidad. Eso no debe ocurrir jamás, porque entonces estamos ante una plutocracia.

Es en este punto donde juegan un rol clave las hipotecas de empresas con garantía estatal (government sponsored enterprises) como Fannie Mae y Freddie Mac. Cualquier empresa querría tener como aval las arcas del Estado, más aún el estadounidense.

En este caso, tampoco nadie se quejó de la intervención, menos cuando existían ganancias cuantiosas para dichas empresas y sus ejecutivos.

Probablemente ahora, si interviene el gobierno de Bush con su plan de rescate a Wall Street, tampoco se quejen aquellos que se lleven grandes indemnizaciones a costa de los ciudadanos que sin embargo, seguirán endeudados.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Leche china: no podemos dejar todo a manos del mercado

El caso de las leches chinas, es una clara muestra de que dejar todo a manos de las lógicas de la oferta y la demanda, en muchos casos puede ser tan riesgoso, e incluso mortal. Como planteaba Keynes, en la espera de que los mercados se regulen, a la larga todos estaremos muertos.
La venta de leche en polvo adulterada con melamina en China ha afectado a 52.857 niños, de los que 13.000 bebés han tenido que ser hospitalizados, y algunos han fallecido, según las cifras hechas públicas ayer por las autoridades chinas.
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han instado a todos los países del mundo a reforzar sus sistemas de inocuidad alimentaria y a adoptar medidas de vigilancia más rigurosas para evitar incidentes como el ocurrido.
La adulteración se ha detectado en 69 marcas de leche producidas por 22 compañías chinas diferentes, de las cuales muchas exportan sus productos. A nuestro país también llegaron productos lácteos chinos.
¿Qué pasaría si en este caso dejáramos que la lógica de la oferta y la demanda castigue los malos productos como plantean aquellos que tienen como fetiche al mercado desrregulado?
Probablemente tendrían que morir muchos más niños antes que todos los consumidores adquieran la información correspondiente (relacionar la leche con las muertes por ejemplo, sin considerarla sólo un mito) para que castiguen realmente el producto no consumiéndolo.
Es claro en este sentido, que el actuar de agencias u organismos es importante en cuanto al control de lo que se vende, produce y tranza en los mercados, para así facilitar la elección correcta de los consumidores.
Es decir, debido a que los consumidores en muchos casos y por diversas razones, no cuentan de forma inmediata con toda la información como para hacer elecciones racionales con respecto a los productos que consumen y tranzan en un mercado, se hace necesaria la previa fiscalización por parte de algún otro organismo.
La misma necesidad se vio durante las Fiestas Patrias, con las múltiples ofertas de carnes y productos derivados (muchos de extraña procedencia o fabricación), que sin el control de un organismo, probablemente habrían sido tranzados en los mercados, y también habrían generado problemas de salud a algunos consumidores, sin darles chance de castigar el producto.
En este sentido, no se trata de dejar el control total en manos de los organismos, sino de que éstos faciliten el flujo de información previa hacia los consumidores, quienes en definitiva son los principales fiscalizadores.
El Minsal ha decomisado más de 92 mil tarros de leche condensada china, leche evaporada y leche condensada de Malasia, para que el castigo a los productos contaminados -si es que lo están- no sea a costa de la vida de más niños.
Con la misma prontitud eso sí, debió haber requisado todas las leches ADN, que estaban circulando en el mercado y que lentamente mataron a varios niños chilenos. Ojalá también, los culpables paguen con cárcel.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Animal Político

Pata Aristóteles, el hombre está compuesto de alma y cuerpo, y es racional, por lo tanto tiene la voluntad para guiar su vida hacia su plenitud natural.
“Las virtudes dianoéticas fundamentales son el nous, la episteme, la sofía, la téjne y la frónesis. Las tres primeras son virtudes puramente teoréticas. Están volcadas completamente a la theoría. La frónesis está volcada a la praxis, y la téjne a la poíesis” (Dri, 2000).
Así, se establece la distinción entre ciencia teórica, poética y práctica, está última referida a la frónesis, donde “Aristóteles plantea la distinción entre razón práctica y razón teórica hasta entonces confundidas en la frónesis” (Dri, 2000).
Así, para cada uso de la razón, existe un modelo de hombre, el filósofo (teórico), el artesano (poético) y el político (práctico).
El político queda en el aspecto práctico pues el conoce para obrar bien, ese es su fin último, el bien común de la polis. Por lo tanto, debe hacerse bueno a él mismo. Es decir, desarrolla la razón práctica, se construye a si mismo, pero ejerce su poder en forma racional sobre la polis, ordenándola mediante el gobierno de los virtuosos. “El mejor régimen político es aquel que se toma en serio la jerarquía natural de las personas, si diferente virtud y se articula en un sistema político aristocrático” (Vallespín, 2003: 373).
Aquí, se plantea claramente el uso de la razón para la organización humana, no como una forma de apreciar la organización humana, sino como un instrumento para mantenerla o mejorarla mediante la acción.
Mediante la razón, el gobernante está determinado a actuar de cierta forma en pro del bien común –teléia-, según su apetito recto, relacionado con las virtudes humanas.
“Poder se dice también de la facultad de hacer bien alguna cosa o de hacerla en virtud de su voluntad” (Aristóteles, 2000: 149).
De esta forma, Aristóteles justifica el poder ejercido por los aristócratas políticos, quienes serían los más virtuosos de la polis, a la vez magníficos y magnánimos, los únicos capaces de obrar según la virtud, el bien obrar, y las virtudes máximas, la templanza, la fortaleza, la justicia y la prudencia.
Todas estás condiciones se desarrollan desde y en uno mismo, y no se deben al conocimiento teórico, ni lo podemos obtener mediante la fabricación o creación de objetos externos a nuestro ser -poiésis-.
Más bien, son cualidades que operan sólo dentro de nosotros y se desarrollan sólo a través de su ejercicio. Yo me hago bondadoso en la medida en que soy bondadoso y actúo de forma bondadosa, es decir, práctico la bondad. Así, quien legisla y gobierna debe volcar su virtud, su conocimiento hacía la praxis, para ser un buen ciudadano y generar el bien común.
Por esto, quien conoce, quien se educa, debe ser virtuoso. “el objeto de la ciencia política es lo noble y lo justo. La investigación de este campo parte de la praxis de la vida y se ocupa de ella” (Hennis, s.a: 47).
La política debe ser conocida por quienes practican apetitos rectos, deben tener ética, que es parte de la filosofía práctica, junto a la política y la economía. Entonces, la filosofía política clásica, como ciencia práctica, se centra en el desarrollo a través de la praxis de las virtudes humanas, en normar la forma del deber ser del político, el cual debe querer ejercer la acción de gobernar.
Se relaciona con todo el desarrollo del fin último del hombre, la felicidad, traducida en la felicidad de la polis. “se refiere a la felicidad exterior e interior del hombre” (Hennis, s.a: 36).
Por otro lado, para Santo Tomás, como explica Rubén Dri, “ser particular, persona individual, es al mismo tiempo ser social y político. Debe buscar tanto el bien individual como el bien común” (Wilhelm, s.a: 47). Esto coincide claramente con la visión aristotélica de que el hombre es por naturaleza un animal político, lo que ratifica que la política sea vista como una ciencia práctica, en cierta forma porque Santo Tomás es seguidor del pensamiento de Aristóteles.
En este sentido, según Dri (2000), el filósofo medieval da continuidad al pensamiento de Aristóteles, pues toma la cosmovisión aristotélica y la acomoda a la concepción de dios, colocándolo como causa primera de todo, “pero deja obrar a las “causas segundas”.
Así, los hombres tienen la posibilidad de desarrollar y tomar las riendas de la existencia en la tierra. “Esto es fundamental, pues deja lugar para que en el orden práctico se desarrolle con relativa autonomía todo el ámbito político y el orden teórico, tanto la filosofía como las ciencias.” (Dri, 2000).
Es decir, el ámbito político permanece en el plano de la praxis. Hasta el surgimiento y desarrollo del cartesianismo, la sociología política permaneció siempre en la esfera de las ciencias prácticas. “Hasta los fines del siglo XVIII la política sigue siendo una disciplina en el marco de la philosophia practica sive moralis con todos los presupuestos y consecuencias ligados a ello.” (Dri, 2000).
Sólo a partir del establecimiento del empirismo cartesiano, la política y la praxis política comienzan a ser vistas como objetos, sin considerarse en ellas las incidencias éticas o morales, es decir, las virtudes que implica su ejercicio.
-Aristóteles. (2000) La Metafísica. Colección Austral, Madrid.
-Dri, R. (2000). Filosofía política aristotélica. En La filosofía política clásica. De la Antigüedad al Renacimiento. Comp. Boron, Atilio A. Colección CLACSO - EUDEBA, CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Disponible en: http://168.96.200.17/ar/libros/clasicos/dri.rtf.
-Hennis W. (s.a) Política y Filosofía práctica. Editorial Sur. Argentina.
-Vallespín, F. (1993). Historia de la Teoría Política. Alianza Ed. Madrid.

martes, 2 de septiembre de 2008

El verdadero camino de servidumbre es la vuelta hacia un orden feudal bajo la ideología del libre mercado

La crisis financiera mundial en ciernes, parece no sólo reflejar la utópica infalibilidad de los mercados irregulados, sino también deja al descubierto la falsedad del consenso entre los economistas –más bien inventado por la ideología neoliberal- en torno al mercado desrregulado como ideal máximo de bienestar social.

Diversos economistas, como Joseph Stiglitz, Michael Hudson y Kenneth Rogoff, e incluso algunos empresarios connotados como George Soros, en los últimos meses han expresado fuertes críticas a la ideología neoliberal del libre mercado, y sus supuestos utópicos de autorregulación, competencia equitativa y racionalidad absoluta en las decisiones.

Hudson, ex economista de Wall Street y del FMI, ha sido claro en declarar que “los inversores extranjeros estaban tan obnubilados por la retórica del libre mercado, que terminaron creyéndose las fantasías de la “autorregulación” y de los mercados autorregulados tendentes al equilibrio, sin percatarse de la manifiesta tendencia del mundo realmente existente a la polarización económica y financiera.”

En ese diagnóstico incluso coincide George Soros, que plantea que debido a dichas ilusiones, “Reagan llegó a hablar de la magia del mercado. Ni qué decir tiene que muchos lo consideran una especie de santo. Pero los tan alabados mercados empezaron a cometer toda clase de excesos que ya no podían ser controlados. Los tipos de interés eran tan bajos en Estados Unidos que los bancos animaban a los ciudadanos a que cada vez pidieran más dinero prestado. Es algo sorprendente, casi irresponsable.”

Quizás por lo anterior, Kenneth Rogoff, profesor de Economía y Políticas públicas en la Universidad de Harvard, y quien fue economista en jefe del FMI, ha planteado que “el mundo como un todo necesita una política monetaria y fiscal más estricta. Es el momento de aplicar los frenos a este tren desbocado, antes de que sea demasiado tarde”.

Joseph Stiglitz va más allá y de forma irónica hace una crítica a la falta de consideración -y ejemplo de irracionalidad- de muchos ideólogos del libre mercado en cuanto a su propia mortalidad a la hora de defender la mano invisible, pues dice “los mercados sin trabas no funcionan bien por cuenta propia -una conclusión reforzada por la actual debacle financiera-. Los defensores de los mercados a veces admiten que fallan, incluso de manera desastrosa, pero sostienen que los mercados se autocorrigen. Durante la Gran Depresión, se escuchaban argumentos similares: el gobierno no necesitaba hacer nada, porque los mercados, a la larga, llevarían a la economía de nuevo al pleno empleo. Pero, como dijo John Maynard Keynes, a la larga todos estamos muertos”.

Pero las críticas no sólo apuntan a las fantasías de los neoliberales acérrimos en cuanto a la autorregulación, sino también a otra quimera, como la de creer que los mercados no regulados avanzan hacia un bien colectivo máximo. En esto es claro Michael Hudson, al decir que –por ejemplo, en relación a las políticas económicas adoptadas por Alan Greenspan- “su ideología le llevó al ideario de libre mercado, según el cual el sector financiero se autorregularía, y así, se comportaría honradamente. Pero lo que hizo fue abrir las compuertas de los diques de contención a los granujas financieros”.

Con lo anterior coincide Gabriel Jackson, historiador estadounidense, quien también plantea que “el mercado, si no se regula, es completamente amoral” y agrega que, “la actual crisis económica de Estados Unidos, que ahora está extendiéndose (esperemos que con menos gravedad) a Europa y los países de la costa del Pacífico, es en gran parte resultado de la desregulación llevada a cabo desde 1970”.

Quizás por lo mismo, Soros en cuanto a la actual crisis generalizada dice, “lo que estamos viviendo ahora: el final de un súper boom, el fracaso de una ideología equivocada”.

En relación a eso, Stiglitz es claro en decir que aunque “los defensores del fundamentalismo del mercado quieren atribuir la culpa del fracaso del mercado a un fracaso del gobierno”, lo cierto es que les faltó un mínimo de rigor intelectual pues olvidaron que aunque “Smith reconocía el poder de los mercados, también reconocía sus límites”.

John Cavanagh y Chuck Collins, investigadores del Institute for Policy Studies en la John Hopkins University, coinciden en esto y son claros en decir que la ideología neoliberal es “una fe ciega en el mercado como elixir mágico para resolver cualquier problema”.

El nuevo dominio Feudal Neoliberal: “La economía está retrocediendo por un camino que lleva a la servidumbre por deudas” (Hudson)
Desde el punto de vista político-social, las críticas plantean cuan peligrosa para las libertades y la democracia se está convirtiendo la ideología del libre mercado, que en el fondo parece esconder la pretensión –no sabemos si real o supuesta- de establecer un nuevo orden económico de explotación masivo.

Cavanagh y Collins, son muy directos al plantear que “durante las tres últimas décadas, los políticos adoradores del mercado y sus apoyos corporativos han ingeniado la más colosal redistribución de la riqueza de la historia mundial moderna, una redistribución de abajo arriba, de la población trabajadora a una minúscula elite global”.

Con lo anterior coincide Hudson al decir que “el modelo financiero ha sido un gran éxito desde el punto de vista de quienes se hallan en la cúspide de la pirámide (…). La economía se ha polarizado a punto tal, que el 10% más rico de la población posee el 85% de la riqueza nacional. Nunca antes el 90% de la población restante había estado tan endeudada, nunca antes había dependido tanto de los ricos”.
Eso sólo en Estados Unidos, en el resto del mundo, y comparando los países ricos con los países en desarrollo, debe ser peor.

Pero Michael Hudson es más osado aún y remata diciendo: “El poder de éstos sobrepasa con mucho al que hayan tenido en cualquier época de la que quede constancia estadística. Tiene usted que darse cuenta de que lo que ellos de verdad pretenden es arrasar la Ilustración, terminar con la filosofía moral y los valores sociales de la economía política clásica, que culminaron en la legislación de la Era Progresista, así como en las instituciones del New Deal. No pretenden que la economía sea más igualitaria, y no pretenden compartir poder. La codicia de la elite rica es (como bien observó Aristóteles) infinita”.

Para Gabriel Jackson, lo que se pretende tras la ideología neoliberal es desmantelar todo lo hecho durante la época en que el gobierno de Estados Unidos, “consciente de que el mercado era amoral, aprobó diversas leyes que exigían transparencia y libertad de información en las actividades de banca e inversiones, e impuestos progresivos sobre la renta y las plusvalías para sufragar los servicios sociales y limitar hasta qué punto los ricos se hacían cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres bajo el capitalismo descontrolado”.

Por lo mismo, Hudson plantea que “el camino de servidumbre no es el progreso económico públicamente patrocinado y estimulado; es, al revés, el desmantelamiento de la economía pública y del Estado, la disolución de las agencias reguladoras, a fin de crear una nueva elite de tipo feudal”.

Ese propósito, sería a nivel mundial, por lo mismo Stiglitz también es enfático en la necesidad de mostrar que “los países que aplicaron políticas neoliberales no sólo perdieron la apuesta del crecimiento, sino que, además, cuando sí que crecieron, los beneficios fueron a parar desproporcionadamente a quienes se encuentran en la cumbre de la sociedad”. En muchos casos, incluso esos dividendos fueron a parar a capitales extranjeros.

Hudson va más allá e indica que -y aunque a muchos les parezca descabellado- “la antigua Unión Soviética suministra un modelo de lo que los neoliberales querrían crear. No sólo en Rusia, sino también en los Estados bálticos y en otras antiguas repúblicas soviéticas, lo que se hizo fue crear cleptocracias locales, al estilo de Pinochet. En Rusia, los cleptócratas fundaron un partido local explícitamente pinochestista, el Partido de las Fuerzas de Derecha”.

Hay mucho material no difundido sobre como surgió la “cleptocracia” en Chile durante la dictadura de Pinochet gracias al sustento de la ideología neoliberal. Quizás sería bueno tomar en cuenta lo que plantea Hudson: “Imagine qué podría hacerse si los fondos de pensiones hubieran invertido su dinero en construir vivienda para sus contribuyentes, en vez de colocarlo en el mercado de valores para comprar y hacer pujas por las acciones que los altos ejecutivos y otros con información privilegiada vendían.”

Por lo mismo, Stiglitz ha planteado que “el fundamentalismo neoliberal del mercado ha sido siempre una doctrina política al servicio de ciertos intereses. Nunca ha recibido una corroboración de la teoría económica, como tampoco –ahora ha de quedar claro- de la experiencia histórica”.


Fuentes:
-¿El fin del neoliberalismo?
Joseph E. Stiglitz. Project Syndicate

-“El modelo financiero ha sido un gran éxito desde el punto de vista de quienes se hallan en la cúspide de la pirámide"
Entrevista a Michael Hudson en Counterpounch.

-El tren desbocado de la economía mundial
Kenneth Rogoff. Project Syndicate.

-Los ricos, el resto de los mortales y la democracia
John Cavanagh y Chuck Collins. The Nation.

-Si busca crecimiento, gire a la izquierda
Joseph E. Stiglitz. Project Syndicate.

-"Sin reglas, el capitalismo se destruirá"
Entrevista George Soros. ABC.

-Sobre la moral y el mercado
Gabriel Jackson. El País.

jueves, 28 de agosto de 2008

Las infraestructuras de la Educación se están derrumbando

El derrumbe de una losa en el Liceo de Aplicación, ubicada justo en el pasillo que lleva hasta la oficina del rector, cuando un grupo de alumnos saltaba como protesta por "desórdenes administrativos" y por problemas de infraestructura en la institución educacional es un ejemplo claro que la estructura de la Educación está literalmente debilitada, y ya no es sólo una metáfora.

martes, 26 de agosto de 2008

Rescatando las causas perdidas

La utopía en estos tiempos ha sido relegada al espacio de la irracionalidad, de la fantasía extrema, donde entonces cualquier atisbo de pensamiento ideal o hacia el futuro -en cualquiera de sus vertientes- queda catalogado de causa perdida. Entonces, la resignación con el presente se sedimenta como lo verdaderamente racional, inteligente y bueno.

Las luchas por libertad, igualdad o bienestar, durante siglos constituyeron la objetivación de ideales con miras hacia el futuro, que planteaban cambiar las sociedades desde un punto de vista utópico, considerando el avance hacia una sociedad mejor, más justa, y en definitiva más feliz para todos.

Hoy sin embargo, para muchos esas reivindicaciones se han convertido en causas perdidas, en tabúes discursivos, en signos de absurdo intelectual y falta de pragmatismo. Como si se tratara de una herejía contra la razón y la modernidad, al pensamiento utópico y al idealismo en general, se les acusa de falta de rigor positivista, de escasez de realismo político, y de exacerbar las ansías “irracionales” de las masas. Por lo mismo, se le ha tratado de abolir de los sistemas de pensamiento actuales.

Hoy muchos reniegan de las causas perdidas, ya sea por vergüenza, o conveniencia política y académica. Otros tantos, las atacan despiadadamente, aunque sin decirlo, esencialmente por llevar consigo una visión revolucionaria constante, que plantea ver siempre más allá del orden vigente, y en definitiva de considerar la ruptura constante contra cualquier statu quo imperante y desigualdad en el tiempo.

En definitiva, en tiempos en que la resignación se expande a todos los ámbitos sociales y a todas las dimensiones de los sujetos, y se objetiva en el anquilosamiento electoral, económico, legal y político, las causas perdidas se han vuelto sumamente peligrosas para todos aquellos que desean constituir y mantener intacta la sociedad en base al creciente conformismo, sedimentándolo como el máximo símbolo de consenso, racionalidad y civilización.

Por eso, Slavoj Zizek, en su nuevo libro En Defensa de las Causas Perdidas, aborda la conservación del pensamiento utópico, como la necesidad de revitalizar un sentido de proyección hacia el futuro, como la búsqueda incansable de un propósito humanista perfectible. De ahí que Zizek critique el Fin de la Historia (Fukuyama) y el solapado, aunque a veces estrepitoso discurso de la resignación. ¡El mundo es así!

Zizek reivindica las visiones utópicas de la revolución francesa, bolchevique y cultural sosteniendo que, si acabaron en otras tantas monstruosidades, no fue porque los ideales estuvieran errados, sino más bien porque sus protagonistas no lograron llevarlos a cabo o tomaron vías incorrectas para hacerlo, llegando al terror físico y los totalitarismos conocidos. Es decir, dichos ideales fueron incompletos e incumplidos, pues de no ser así, nadie se habría negado a ser feliz y vivir mejor.

Lo esencial del planteamiento de Zizek, tiene relación con que las causas perdidas, es decir esos ideales máximos de humanismo, como la libertad, igualdad, fraternidad, bienestar social y en definitiva felicidad de los sujetos y la comunidad, aún prevalecen en el mundo de las ideas -si parafraseamos a Popper- y en cada sujeto, y por lo tanto no han sido abolidas del todo, por lo que aún siguen constituyendo potencialmente “un sueño que espera su eventual realización”.

Es decir, aún siguen disponibles para que otras generaciones, los acojan como ideales verdaderos y universales –no sólo significantes vacíos en pro de intereses particulares- y los conviertan en parte constituyente de su ser como sujetos y como miembros de una comunidad, que mira hacia el futuro con optimismo y no sólo con conformidad.

Lo más importante, es que esas causas perdidas, esas utopías, son hoy más que nunca imperiosas para evitar caer en la utopía de creer que el orden vigente, muchas veces desigual e injusto, es lo máximo alcanzado, que es inconmensurable o inalterable en pro de algo mejor.

Seamos realistas, soñemos lo imposible.

martes, 19 de agosto de 2008

El poder por gobernar o el gobierno por el poder

La disyuntiva de la derecha “moderna” en los últimos años, sigue siendo la pugna histórica por el poder para el poder, y no para algo más como gobernar por un proyecto político.

Ese dilema, que parecía saldado cuando Joaquín Lavín fue el candidato único de la derecha, ha vuelto con la fuerza de algo que a presión se mantuvo quieto por un tiempo, pero que ya no aguanta más.

Piñera hace rato parece ser el candidato de la derecha, no sólo porque es el mejor posicionado en las encuestas entre todos los posibles candidatos presidenciales, y está en el inconsciente colectivo de algunos sujetos gracias a una constante auto difusión, sino también porque –aunque en la UDI no lo quieran asumir- no hay otro que compita con él dentro de dicho sector.

Pero al parecer, la lucha intestina por el poder en sí, puede más que las ansías y las posibilidades de gobernar en pro de un proyecto, que probable y necesariamente llevarían a un acuerdo político entre los “dos” sectores de la derecha.

Lo anterior, se ha apreciado con mayor fuerza en las últimas semanas, a través de la batalla verbal que se ha suscitado debido a la intención de RN de proclamar oficialmente, ahora ya, a Piñera como candidato de la derecha.

La UDI ha respondido argumentando que prefiere esperar un momento más oportuno (2009), para evaluar y tomar diversos factores en cuenta a la hora de elegir al candidato.
Sin embargo -y esa es la base de la disyuntiva al interior de la derecha- lo que esperan es el surgimiento, casi espontáneo, de alguna figura desde sus propias filas. Es decir, la derecha parece seguir confiando más en los personalismos y no en los proyectos colectivos y mancomunados entre sus miembros.

Claramente, esa falta de confianza, se expresa en una incapacidad para llevar a cabo acuerdos, elevando los costos de negociar y más aún de generar un proyecto político que vaya más allá de los sujetos de turno.

Lo anterior, fue la mayor fuente de diferencia entre la derecha y la Concertación durante la década de los 90´, pues ésta en sus inicios, tenía mucho de esa confianza y capacidad para elevar pactos, negociarlos y sustentarlos en un proyecto común entre sus integrantes.

Sin embargo, la lógica centrípeta de los personalismos también puede aparecer cuando los proyectos se debilitan con el paso del tiempo y no se renuevan constantemente, yendo en desmedro de la política como actividad en pro del bien común, y fortaleciendo las pugnas individuales sólo por el poder, que tienen como consecuencia el desmantelamiento de principios éticos y fundacionales, escisiones profundas en los partidos, trivialización de la actividad política, anquilosamiento, falta de un proyecto político general, y peor aún, corrupción.

Se pasa irremediablemente, de querer el poder para gobernar y llevar a cabo un proyecto político, a querer el gobierno para conservar el poder simplemente.

Actualmente, quizás lo más lamentable para la ciudadanía y la democracia en general, ambas coaliciones parecen estar débiles en ese sentido, e inmersas en batallas intestinas casi irreconciliables. Una claramente aún no tiene un proyecto mancomunado, y la otra necesita urgente reavivar y fortalecer las bases primarias que le dieron origen como una coalición democrática con un propósito político claro.

domingo, 10 de agosto de 2008

Símbolos, redes de relación y movimiento colectivo (Parte I)

Introducción
“En la base de la acción colectiva se encuentran las redes sociales y los símbolos culturales a través de los cuales se estructuran las relaciones sociales. Cuanto más densas sean las primeras y más familiares los segundos, tanto más probable será que los movimientos se generalicen y perduren” Sidney Tarrow, El poder en movimiento.
La afirmación de Tarrow parece ratificar un cuestión clave para entender los movimientos sociales. Estos se componen de un entramado complejo de redes sociales que operan en forma simultánea, a veces fragmentada, que se combinan y recomponen a través del proceso de cambios, pero que esencialmente se van definiendo y articulando en base a aspectos simbólicos.
Pero ¿A qué se refiere Tarrow con redes sociales, que pueden ser densas o frágiles y símbolos culturales familiares?
Esencialmente, se refiere a los aspectos que profieren significado a la realidad, y que operan generando relaciones de igualdad, competencia y antagonismo entre los individuos o grupos.
Debemos entender el simbolismo como parte esencial de la articulación de los movimientos colectivos, pues sólo es a través de esto que la diversidad de demandas de los distintos grupos, que están dispersas en el espectro social y político, logran confluir a alcanzar cierta verticalidad en su actuar, que establezca un consenso determinado.
“Sólo transformando el rojo vivo de la Revolución en el púrpura ceremonial del Imperio se transmutó la vestimenta de la revuelta en el ropaje del consenso, como comprendió Napoleón” (Tarrow, 1997: 208).
Es necesario entender cómo operan esta serie de estructuras simbólicas que transmutan, van definiendo el carácter de una movilización y reestructuran las redes y relaciones sociales de las que habla Tarrow.
Para esto, trataremos de incluir análisis de otros autores, que también plantean la importancia del significado para las movilizaciones y la imposibilidad de articular la acción política de las diversas manifestaciones sociales en forma inmanente, simultánea y de forma paralela, sin la presencia de un liderazgo hegemónico, que se manifiesta mediante expresiones simbólicas.
Símbolos familiares y significante vacío
“La movilización de símbolos es tan importante en los movimientos actuales como lo era hace dos siglos” (Tarrow, 1997: 220). La afirmación no es gratuita si consideramos que diariamente se está recurriendo a diversas significaciones para justificar cualquier tipo de acción de orden colectivo, desde el propio establishment como desde grupos antisistema.
Tanto la denominada “Guerra contra el Terrorismo” hasta el denominado movimiento de los “sin tierra” obedecen a una búsqueda clara de significación para sus acciones.
El establecimiento de símbolos en la acción colectiva, no sólo se debe a que “La construcción simbólica constituye una parte importante de la política” (Tarrow, 1997: 213), sino también, a que ésto tiene diversas finalidades, conscientes e inconscientes, que buscan darle un significado definido a las movilizaciones y una articulación coherente con ciertos objetivos.
Pretende responder a la necesidad de una articulación política, es decir, la existencia de un discurso hegemónico que articule y entregue un significado único e inclusivo a las distintas luchas o demandas sociales en circulación. Mediante esto, se definen antagonismos, redes de cooperación y también la hegemonía de quienes controlan la movilización.
La hegemonía la debemos entender como “la relación por la cual una cierta particularidad asume la representación de una totalidad inconmensurable consigo misma” (Laclau, Democracia, pueblo y representación).
Si consideramos que “los intentos de movilización simbólica acompañan a todo movimiento moderno, desde el uso de simples casacas militares por parte de los comunistas rusos y chinos, al esplendor pagano de los jerarcas fascistas, al simple khadi de los nacionalistas indios y las descuidadas barbas de los guerrilleros latinoamericanos” (Tarrow, 1997: 208), es necesario explicar el por qué de la importancia de está movilización a nivel de las significaciones.
Los diversos grupos que se cruzan e interactúan en un proceso de movilización, no necesariamente comparten fundamentos ideológicos, religiosos o sociales similares.
Tarrow plantea que “Una de las principales tareas de las organizaciones del movimiento es encontrar símbolos que resulten lo suficientemente conocidos como para movilizar a la gente que lo rodea” (Tarrow, 1997:209).
Sin embargo, el simple hecho de establecer símbolos, no genera la movilización en forma espontánea, pues no entrega significado para la “articulación política, es decir, la existencia de un discurso hegemónico que articule y entregue un significado único e inclusivo a las distintas luchas sociales” (Gómez-Arismendi, 2004: 3).
El símbolo o significante, como lo llamaremos de ahora en adelante, debe estar situado por sobre cualquier consideración que pueda generar distanciamiento o una dislocación entre los diversos grupos en medio de la movilización. Esto, porque “la simultaneidad de las demandas sociales no significa que éstas se conjuguen de forma “inmanente”, sino más bien, que llega un momento dado en que se hace necesario darles un significado que englobe todas las particularidades” (Gómez-Arismendi, 2004: 4).
Es por esto, que “La mayoría de los investigadores cree que los significados son construidos” (Tarrow, 1997: 209 ).
Es decir, el uso de significantes o símbolos familiares, como la nación, la libertad, la igualdad, los derechos humanos o civiles y la dignidad, obedece a una simple razón, “los movimientos enmarcan su acción colectiva en torno a símbolos culturales escogidos selectivamente en un baúl de herramientas culturales que los promotores políticos convierten creativamente en marcos para la acción colectiva” (Tarrow, 1997: 209).
Esa selección, busca establecer marcos específicos con los cuales se pretende interpretar la realidad, definiendo valores, hechos, situaciones y costumbres. “Una tarea fundamental de los movimientos sociales es la tarea de “señalar” agravios y construir marcos de significado más amplios que puedan encontrar eco en la predisposición cultural de una población” (Tarrow, 1997: 215).
Es decir, se establece lo que podemos llamar una serie de cadenas de equivalencia, entendidas éstas como el momento en que “un contenido más universal se añade a estos contenidos particulares. Y así se va creando una cadena equivalencial” (Laclau, Democracia, pueblo y representación).
Los contenidos particulares corresponderían a la multiplicidad de demandas, y por ende a diversas significaciones que operan en torno a una movilización social, las cuales sólo serán unificadas mediante el establecimiento de un contenido más universal, que podemos denominar meta-marco (metaframes) o significante vacío, como cuando hablamos de los “derechos”.
Sin embargo, “los potenciadores del movimiento no se limitan a adaptar marcos de significado a partir de símbolos culturales tradicionales. Si lo hicieran, no serían más que un reflejo de sus sociedades, y no podrían cambiarlas” (Tarrow, 1997: 215).
Es necesario que se apropien de éstos mientras les son útiles, los aprehendan como tales y deriven su uso hacia los niveles de acción que pretenden llevar a cabo. “Cuando la organización de un movimiento escoge símbolos con los que enmarcar su mensaje, establece un curso estratégico entre su entorno cultural, sus oponentes políticos y los militantes y ciudadanos de a pie cuyo apoyo necesita” (Tarrow, 1997: 216).
Podríamos establecer cierta similitud con el planteamiento de Mc Adam y su denominada liberación cognitiva, la cual plantea que sólo mediante la toma de conciencia de las problemáticas sociales y el cambio total de las percepciones de la realidad, el movimiento social es posible en sí.
Para Mc Adam, la liberación cognitiva es lo que gatilla el movimiento social, articulándolo y dándole un significado. Es decir, al igual que Tarrow, sólo a partir de las significaciones que la realidad recibe por parte de los grupos e individuos, es posible el desarrollo de un movimiento social.
Así, por ejemplo, la defensa de los derechos humanos en Chile, por parte de la Iglesia Católica, adquiere mayor fuerza esencialmente desde el momento en que algunos de sus miembros se ven afectados por los abusos y su posición como culto mayoritario se ve cuestionada debido a su inercia en los primeros momentos del debacle institucional.
Desde el punto de vista de las significaciones, se vio obligada a definirse de alguna forma, y es en esa búsqueda de definición que los primeros meses del régimen militar adopta un rol importante en la protección de los perseguidos políticos. Es decir, la toma de conciencia de las magnitudes de la situación y de la posición en que se estaba situando la comunidad eclesiástica en torno a eso, generaron una mayor movilización de ese sector o grupo.
Veamos cómo opera el establecimiento de los meta-marcos en la definición de la acción colectiva a nivel latinoamericano.
Un marco, metaframe o significante, tiene la cualidad de transmutar, y a hacerse “heredable” o transferible de un movimiento a otro a través del tiempo. “El marco de la acción colectiva empleado en la campaña de un movimiento es a menudo importado a los mensajes de otros movimientos” (Tarrow, 1997: 228).
Así, vemos que los significantes usados durante la revolución del año 68` tienden a utilizarse nuevamente durante las fases de protestas previas a la segunda invasión a Irak, y entonces las movilizaciones se definen como anti-imperialistas, pro-paz, pro-libertad.
Lo mismo ocurrió durante las fases previas a la instauración del régimen de Mussolini en Italia, donde comunistas y fascistas trataban de definir sus acciones en base al concepto de nación y entonces ambos, a pesar de las diferencias sustanciales, consideraban y definían sus movimientos como esencialmente nacionalistas.
Debemos entender que la transferencia o la apropiación de un símbolo –significante- puede ocurrir de dos formas paralelamente, como en el caso italiano: donde existe una disputa en torno a un significante y la hegemonía sobre éste; o a través del tiempo, mediante una apropiación que es legitimada como una herencia por parte de grupos afines, como es el caso de algunos sectores políticos de la izquierda institucional que buscan reapropiarse de un eventual legado de Salvador Allende.
“Los líderes se apropian los símbolos heredados - la Revolución Francesa, los derechos de los hombres libres ingleses, el derecho de la mujer a controlar sus funciones reproductores - pero de manera consciente y selectiva” (Tarrow, 1997: 216).
Esta fácil transmutación del significado de un significante en medio del juego político es lo que podemos definir como el vaciamiento del significante. Es decir, el símbolo pierde toda sustancialidad en sí, y se hace volátil, adaptable a para cualquier grupo que lo sepa utilizar. “el concepto de autonomía que aparece por primera vez entre los estudiantes y después en la clase trabajadora, se convirtió en un mensaje modular” (Tarrow, 1997: 228).
Si bien esto podría verse como un foco de problemas, también ha beneficiado el desarrollo de la acción colectiva, pues ha permitido la cohesión de una infinitud de organizaciones alrededor del globo, con diversos intereses, demandas y objetivos.
El problema de la articulación, como ya dijimos, se ve resuelto cuando se logran establecer significantes claros, o como dice Tarrow, símbolos familiares. Así explican algunos autores como se ve resuelto el tema de la articulación de los movimientos, “este problema aparece aliviado entre muchos pacifistas y activistas de la justicia global social contemporáneos, por la difusión de metaframes como la diversidad, la inclusión, y la justicia social” (Lance Bennett, 2005 :205).
Veamos como ésta articulación debe estar respaldada por una amplia red de grupos e individuos que sustenten la valoración del significante y su eventual trascendencia.

miércoles, 30 de julio de 2008

Los homo academicus se agarran del pescuezo

Artículo reeditado a propósito de los dichos de Claudio Bunster, en la revista científica PNAS, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, donde cataloga el sistema universitario chileno de pequeñas uniones soviéticas.
Idealmente el campo ámbito académico y científico se concibe como un espacio positivo –en términos epistemológicos y éticos- libre de los vicios del conocimiento vulgar y del egoísmo característico del comportamiento humano.
Como cualquier otro ámbito de actividad, como un espacio de lucha competitiva en torno a un capital determinado, el sentido básico del campo académico es lograr el control del monopolio de la autoridad científica (junto a los beneficios que eso conlleva) por lo que las pugnas epistemológicas están plagadas de intereses producidos en otros campos sociales.
Contrariamente a lo que podría pensarse, la autoridad científica no está fundamentalmente cimentada en los aportes científicos de ésta, sino en el control que ejerce sobre el capital social acumulado y sedimentado en el mismo campo académico, a través de diversas prácticas e instituciones no científicas, lo que produce la jerarquización entre quienes detentan determinado capital social y aquellos que desean tenerlo.
Los científicos entonces, tienden a legitimar aquello que se reproduce como conocimiento legitimo mediante prácticas y recursos ya instituidos dentro del habitus dominante -como grados académicos, metodologías de investigación y enseñanza hegemónicas- y no mediante la innovación científica como tal.
Se produce entonces la homogeneidad del campo científico que tiende entonces a suprimir la innovación, anquilosando el conocimiento ya instituido en base a un habitus dominante determinado.
La posibilidad de revolución al modo de Kuhn, es entonces acallada por las elites que controlan el campo, que tienden a proteger el statu quo epistemológico, con el propósito de conservar sus posiciones de estatus y poder.
Se constituye entonces una ley de hierro de la elite científica al modo de Michels, donde se constituyen prácticas destinadas a perpetuar el orden científico establecido, colando el acceso al habitus, el capital simbólico y las redes sociales del campo, con el fin perpetuar los paradigmas, conocimientos y símbolos dominantes. Se inhibe totalmente entonces la anarquía científica que Feyerabend proponía, que es la base del avance científico.
Cualquier otra fuente de conocimiento científico, es desechada, no a través de la lógica popperiana de verificación-eliminación, sino que a través de una lógica simbólica y subjetiva de dominación, en base a su concordancia ideológica con el discurso constitutivo del paradigma epistemológico imperante, y el habitus de los sujetos que controlan el campo, marcado por su capital social.
Mediante ésta lógica, la elite científica dominante circunscribe y determina las fronteras de lo que es epistemológicamente válido, en cuanto a problemas, respuestas, metodologías, paradigmas, y sujetos autorizados para su uso, sedimentando en definitiva la inercia intelectual dentro del campo académico y científico.
Queda así determinada a priori la demanda con respecto a determinados conocimientos, prácticas y habilidades, en base al habitus dominante del campo, y cuyo capital social específico genera y reproduce dentro de un marco institucional y simbólico, con el único fin de perpetuar su dominio.
Como los miembros de cualquier ideología, los miembros dominantes del campo científico establecen una serie de símbolos y procedimientos a modo de doctrina, internalizando en su habitus los modos y formas de reproducción, jerarquización y a la vez exclusión del capital social dominante.
No existe entonces “la famosa "neutralidad" (erróneamente igualada a objetividad científica cuando es algo inevitable, es decir, un hecho, que el escapismo es siempre imposible).” (Sobre intelectuales y política, Pierre Bourdieu).

miércoles, 23 de julio de 2008

El Absolutismo de Berlusconi

Silvio Berlusconi, primer ministro italiano, dueño de un número importante de medios de comunicación, ahora ha logrado obtener inmunidad legal, gracias a una ley aprobada por la cámara de diputados y el senado italiano, que no sólo rompe con la igualdad ante la ley , sino que lo coloca en una posición de claro absolutismo.

Berlusconi se salió con la suya, ahora no sólo controla gran parte de los medios de comunicación en Italia, sino que también ahora es inmune ante la justicia de ese país, gracias a la llamada Lodo Alfano, que otorga inmunidad legal al Jefe del Estado, al jefe de Gobierno y los presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado.

La ley, aprobada sólo en 25 días por el parlamento italiano y propiciada por el ministro de Justicia italiano, Angelino Alfano, estipula la suspensión de todos procesos penales contra dichas autoridades, incluidos aquellos cometidos antes de acceder al cargo.

Más allá de los detalles legales que algunos podría enarbolar para defender esta ley, lo claro es que ésta tiene claros indicios de despotismo al más puro estilo del absolutismo monárquico de antaño, que rompen con la igualdad ante la ley y la simetría entre los poderes del Estado.

Lo anterior no sólo es inadmisible en términos éticos, legales y políticos, sino también prácticos, puesto que da la pauta para institucionalizar la corrupción a manos de los máximos gobernantes.

En este sentido, no se debe olvidar que a Berlusconi, estaba en pleno proceso judicial en Milán, por haber ordenado la entrega de 600 mil dólares al abogado inglés David Mills, con el propósito de no revelar como testigo, detalles donde el actual primer ministro italiano parecía estar involucrado en el lavado de dinero.

Otra cosa que llama la atención notoriamente es la baja cobertura que los medios de comunicación a nivel internacional y sobre todo los nacionales han dado al hecho, aún cuando claramente muestra un precedente antidemocrático de proporciones.

Llama la atención que aquellos que alzaron la voz por la libertad de expresión, la democracia y el respeto por la ley y el Estado de Derecho, ante el cierre del canal RCTV por parte del gobierno de Venezuela, hoy guardan silencio absoluto ante una medida que entrega inmunidad judicial al hombre más acaudalado de Italia, con una fortuna de US$ 12.000 millones, que controla el principal grupo de comunicación italiano y el 60% del total de los ingresos publicitarios.

Al parecer, para algunos, la defensa de la libertad y la democracia, dependen sólo de quién la ataque y qué intereses ponga en riesgo.
Lo ocurrido con Berlusconi, nos muestra los riesgos que se corren cuando no se exige una distinción clara y concreta entre Dinero y Política, sobre todo a quienes se dedican a la última.

Ojalá en Chile no lleguemos a tener un Berlusconi, que compre la democracia y el Estado.

martes, 1 de julio de 2008

La vaguedad ante lo corrupto

La corrupción no es sólo actuar al margen del derecho y la legalidad, sino también abusar de ventajas indebidas, por eso, la distinción entre irregularidades y corrupción, que han hecho el alcalde Cornejo y la senadora Matthei, es absolutamente falsa.
El tema de la corrupción en el último tiempo se ha convertido en un elemento muy utilizado para hacer más efectista la oposición política.
En este sentido, el discurso anticorrupción ha sido instrumentalizado esencialmente para obtener futuras divisas políticas de carácter electoral, y no para incentivar prácticas políticas en base a principios éticos.
Debido a esa instrumentalización, quienes se han apropiado del discurso fiscalizador en el campo político, sobre todo en la oposición más dura, en el último tiempo han caído en notorias ambigüedades en torno a qué es la corrupción y sus extensiones.
La corrupción no es sólo actuar al margen del derecho, sino también abusar de la buena fe de los sujetos. Es abusar de las confianzas y posiciones, y a partir de eso generar intercambios ventajosos irregulares (Kindhäuser, 2007).
En definitiva, la corrupción es aprovecharse de situaciones ventajosas donde no corresponde hacerlo, pues existe un deber general.
Por eso, la distinción entre irregularidades y corrupción, que ha hecho el alcalde de Recoleta, el UDI Gonzalo Cornejo, después de ser publicado en informe de Contraloría, y para evitar ser considerado corrompido, es falsa.
Esto, no sólo porque claramente ha actuado contra la transparencia y las lógicas del concurso público al hacer intercambios ventajosos, como contratar a sus propias empresas, sino también porque abusó de las confianzas, al acreditar una venta de acciones con su firma como testigo, aún cuando no podía haberlo hecho porque se encontraba fuera del país.
En este sentido, las “irregularidades administrativas” del alcalde, tienen claro tinte de ilegales y corruptas.
Sin embargo, ante los casos de corrupción en alcaldías de la derecha, tanto el alcalde Cornejo como la senadora Matthei han recalcado que es muy distinto hablar de irregularidades que de corrupción.
Parece que ambos se olvidaron que por irregularidades, su sector llegó a destituir a un ministro de Estado.

miércoles, 25 de junio de 2008

Desigualdad sedimentada por la Educación

Una población bien educada es un factor esencial para lograr el desarrollo, sin embargo, es claro también que la educación, sólo en términos de cobertura, no basta para disminuir las desigualdades que entorpecen ese tránsito.
Nuestros índices de distribución de la riqueza, nos sitúan entre los diez países con peor distribución del ingreso en el planeta, y donde el 10% más rico se queda con 35 veces más dinero que el que capta el 10% más pobre.
Esa dicotomía entre distribución y competitividad se vuelve aún más paradójica si consideramos que la cobertura de nuestro sistema educacional, entre los 5 y 14 años, se encuentra cercana a los parámetros establecidos por la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD, en sus siglas en inglés), con el 92% de los niños dentro del sistema educativo.
Sin embargo, vemos que la cobertura no ha bastado, y que la desigualdad social continúa y aumenta.
La educación, sobre todo básica y media, a pesar de su nivel de cobertura, no está garantizando el desarrollo profesional y laboral equitativo de los individuos, sino que está perpetuando las estructuras de desigualdad.
La afirmación no es gratuita si consideramos que la paradoja está en que supuestamente, si un alto porcentaje está recibiendo la misma preparación e instrucción en las primeras etapas del sistema educativo, muchos deberían tener las mismas posibilidades de acceder a la educación superior y posteriormente a elegir trabajos bien remunerados, más allá de su nivel socioeconómico de procedencia y del capital social con que cuenten en principio.
Pero, y siguiendo a Pierre Bourdieu, el sistema educacional chileno, segmentado y estratificado, estaría sedimentando las desigualdades sociales al reforzar el habitus social de cada individuo según su capital social o en otras palabras, según su estrato o clase.
Es decir, cada individuo estaría siendo educado en base a su origen social, al habitus de su clase, y no a su capacidad de aprender.
Por esto, por ejemplo es difícil que alguien consignado en el estrato abc1 estudie en un colegio técnico industrial y es muy probable que lo haga en uno científico humanista.
Lamentablemente, la diferencia entre estudiar ambos tipos de establecimientos educacionales es abismante en cuanto a las expectativas laborales y proyecciones educacionales que de esto se generan.
Peor si agregamos las diferencias entre colegios particulares y municipalizados, si consideramos que, por ejemplo, entre los 200 colegios mejor rankeados del país, sólo 5 son municipalizados.
De este modo, y tal como diría Bourdieu, el colegio no es el lugar en el que se generan las desigualdades sociales sino donde se naturalizan esas desigualdades.
Por lo tanto, el planteamiento que consideraba a la educación como la base del desarrollo –en términos de equidad- tiende a perder sentido.
Más aún, si consideramos que la brecha social sigue aumentando en torno a nuevas fuentes de desigualdad como son el acceso a la tecnología y a los medios de información, muy relacionadas con la educación, el problema se complica.
Estas diferencias se ven acrecentadas debido a que se está produciendo un número no despreciable de profesionales cesantes o trabajando por sueldos muy bajos, en labores para las cuales, no necesariamente están calificados o muchas veces, sobrecalificados.
Es decir, actualmente, ni siquiera la educación superior estaría garantizando un futuro laboral seguro y bien remunerado, por muchos postgrados y estudios que se tengan.
En este sentido, debemos tener claro que la educación superior en Chile se compone de tres niveles: las universidades, los institutos profesionales y los centros de formación técnica.
Los dos últimos, no tienen un sistema de acreditación ni de regulación y tampoco tienen vías de conexión con el primero. Ahí, claramente se produce un foco de diferencia que perpetua las desigualdades en el plano laboral.
Las carreras técnico profesionales tienden a ser vistas, erróneamente, como carreras de segundo orden, como opción para los que no pudieron ingresar a la universidad tradicional.
Por lo mismo, el funcionamiento del mercado tiende a favorecer a estudiantes y profesionales que ya poseen capital económico y social previo, pues las instituciones educativas están estructuradas para favorecer a aquellos que ya lo poseen.
A lo anterior, se suma un fenómeno que viene ocurriendo en los últimos años, y es que la universidad, tanto privada como pública, se ha convertido en un lugar donde se aprenden determinadas técnicas, específicas y muy acotadas, que inhiben el desarrollo integral de los profesionales, y por ende su capacidad innovadora.
El profesional, queda determinado a ciertas tareas específicas, en las cuales sólo puede desempeñarse si cuenta con el capital social previo.
Es muy difícil que alguien sin capital social amplio, pueda acceder a puestos laborales bien remunerados, sobre todo si consideramos que aquel con mayor capital social –entiéndase desde el apellido hasta “pitutos”-, aún siendo el peor alumno, tiene garantizado entre 30 a 40% más de sueldo que el mejor alumno que viene de un sector medio-bajo.
Es decir, la cobertura educacional no bastará para disminuir con la desigualdad, mientras las diferencias en el capital social y económico primen sobre el mérito, el buen desempeño, y la educación siga siendo segmentada desde sus primeras etapas.
Lo anterior, sobre todo si consideramos que esas diferencias estarían siendo fomentadas desde la primera infancia, pues la cobertura en educación preescolar llega a menos de la mitad en nuestro país, y por lo tanto, tendríamos un importante número de ciudadanos que estarán en desventaja desde el inicio de sus vidas, mucho antes de pensar en trabajar.
Artículo reeditado.

martes, 10 de junio de 2008

El mayo del 68 chileno

Un día de mayo de 1968, hace cuarenta años, en Francia se inició una revuelta de estudiantes, que exigían verdadero acceso a los beneficios del crecimiento económico. En Chile, en mayo del 2008, lo mismo están pidiendo escolares y universitarios, aunque las elites no lo quieran asumir.
En diversos aspectos, el movimiento estudiantil chileno tiene varias similitudes con el francés, sobre todo con respecto a su crítica al poder, en especial al de los partidos políticos, y la simultánea exigencia de hacer coherente el sistema democrático, económica y socialmente.
Las movilizaciones estudiantiles en Chile, no se refieren sólo a la LOCE y la LGE, sino que tras éstas hay una crítica profunda a una sociedad marcada por el desequilibrio social, que crea constantes nuevas necesidades, basadas en el deseo de emulación, fomentando el endeudamiento generalizado, en pro de bienes privados y en desmedro de los bienes públicos.
En primer lugar, en ambos casos, los estudiantes exigen verdadera coherencia entre las promesas de mayor justicia social, y una realidad a la que consideran desviada de dicho ideal.

En segundo lugar, las movilizaciones estudiantiles conllevan implícitamente la necesidad de abrir espacios para incorporar a la vida política, a los jóvenes, que decepcionados de las lógicas anquilosadas de la política partidaria, prefieren fortalecer nuevos movimientos sociales desde la propia sociedad civil, exigiendo el reconocimiento de éstos y sus demandas colectivas.

Los estudiantes chilenos están reaccionando ante la incongruencia entre las expectativas económicas de los ciudadanos, originadas a partir de las promesas hechas en torno al modelo económico (marcadas por la confianza en el “chorreo”) y la decepción distributiva existente en la actualidad.

Al igual que los estudiantes del 68, los jóvenes chilenos están indicando que el crecimiento cuantitativo, no ha bastado para alcanzar el desarrollo, que en definitiva permita el acceso a toda la sociedad, de los beneficios económicos generados por el modelo económico.

Contrariamente a lo que se piensa, los estudiantes movilizados, en su mayoría provienen de sectores en pleno ascenso social, al igual que los jóvenes del 68, exigen más libertad en un sentido profundo y amplio, donde la igualdad -en este caso en la educación- permitiría mayor ejercicio de la libertad para muchos más sobre su propio destino –por ejemplo, al poder acceder a más bienes-.
La rebelión estudiantil, no pretende destruir el sistema, sino que hacerlo realmente funcional a las expectativas sociales de los ciudadanos, entre las cuales se encuentra el acceso equitativo a educación y a bienes.
Como John Kenneth Galbraith planteaba en La Sociedad Opulenta, se produce un desequilibrio entre la opulencia privada y la miseria pública.

miércoles, 14 de mayo de 2008

La Democracia chilena sigue tutelada

La inscripción automática y el voto voluntario, fueron rechazados por la oposición, aludiendo que un porcentaje importante de los potenciales electores votaría a favor de la izquierda, lo que demuestra que la “democracia” chilena y la decisión política de las personas, siguen siendo tuteladas y cooptadas por sectores de clara raigambre autoritaria y elitista.

La desafección electoral entre los jóvenes en Chile es bastante alta, debido esencialmente a dos factores: a que la política partidaria no logra convencerlos al no tener proyectos ni programas claros, y a que los mecanismos institucionales para ejercer el derecho a voto son demasiado engorrosos y desincentivan su ejercicio.

La inscripción automática y el voto voluntario buscan disminuir los costos de ejercer el derecho a voto, permitiendo a los sujetos, acceder al derecho, sin tener que hacer el trámite de inscripción, y por otro lado, permitiendo al ciudadano ejercer libremente el derecho, sin obligación de hacerlo cuando no lo estime. Es decir, ambas medidas, permiten mayor libertad de acción para los electores.

El informe aprobado por la comisión política de la UDI, estima que la población electora joven, por ser eventualmente más proclive a sectores de centro-izquierda e izquierda, no deberían ser impulsados a incluirse en los registros electorales a través de la inscripción automática apenas cumplan la mayoría de edad, pues electoralmente es probable que no voten por la derecha.

Es decir, la oposición está excluyendo a un número de potenciales electores, basados en el argumento de que potencialmente éstos no votarían a favor de la derecha.

El derecho a voto de algunos ciudadanos entonces es negado, aunque no explícitamente, mediante un claro mecanismo de tutelaje (la elite decide quiénes votan y quiénes no), que además tiene implícita una lógica de exclusión arbitraria y absolutamente antidemocrática (faltó decir que no deben votar por ser agnósticos o ateos, o por vivir en tales sectores, o no estudiar en tal universidad, etc.), que prohibe un derecho.

La paradoja –aunque ni tanto- es que un partido cuyo discurso, desde el nombre en adelante, plantea renovar la política, acabar con la rotación de rostros, y aboga por la libertad política, aplica sin reparos un mecanismo claramente elitista, donde prohiben un derecho, basándose en criterios de exclusión, donde la libertad de elegir de los ciudadanos, queda supeditada a la evaluación de las elites, según la conveniencia de éstas.

El informe de la UDI, y su oposición a la inscripción automática, demuestran que en ciertos sectores aún existen tendencias a la vieja usanza autoritaria, donde la “democracia” se concibe como tutelada por los supuestos “elegidos”, donde los patricios que saben mejor que nadie, lo que el pueblo quiere y necesita. Lo mismo ocurre en otras dimensiones como la sexualidad por ejemplo.

Lo que en definitiva queda demostrado, es que algunas elites políticas siguen desconfiando de los ciudadanos, aún cuando no dudan en apelar a éstas para que las mantengan en el poder.

jueves, 8 de mayo de 2008

El gobierno de las Conciencias

En el debate en torno a la Pastilla del Día después, lo que se ha discutido esencialmente no es el carácter abortivo de la píldora, ni la legitimidad o no del aborto, ni el valor de la vida. Lo que está en disputa es la hegemonía sobre el gobierno de los sujetos, sobre todo de sus conciencias.

Diversas aristas filosóficas, éticas, ideológicas, legales y clínicas se han abordado en torno a la discusión sobre la distribución de la PDD.
Sin duda, las que han primado en los argumentos a favor y en contra, han sido las de carácter ideológico, legal y clínico. Las tres enmarcan dimensiones esenciales para la constitución del gobierno de los sujetos, tanto a nivel físico como de conciencia.

El sustrato ideológico, que incluye a las religiones, define las cosmovisiones de los sujetos, y por ende sus posturas filosóficas, éticas y políticas.
La dimensión legal, constituida a partir del sustrato ideológico, define los marcos institucionales, donde el actuar de los sujetos queda circunscrito en la práctica, y también el estatus del individuo.
Los aspectos clínicos, sirven como sustento desde el punto de vista positivista, para justificar, mediante una supuesta verdad científica, el sustrato legal, que en definitiva impone y hegemoniza la dimensión ideológica del gobierno de los sujetos, a partir del dominio de sus cuerpos, y finalmente de sus conciencias.

La pugna esencial se produce entre dos formas totalizantes e individualizantes de poder y dominación.
Entre una ética religiosa, que pretende fortalecer sus modos de gobierno sobre los sujetos, y basados en aspectos ideológicos - antiguamente dominantes, pero debilitados por los procesos de cambio social, económico y político- y una ética neutral del Estado, que busca establecer un gobierno de los sujetos basado en el derecho.

En otras palabras, el conflicto es en torno a definir los límites y espacios de lo secular y religioso, donde la dimensión más codiciada, y que en definitiva otorga la total legitimidad a una forma de dominación determinada, es la conciencia de los sujetos. No la colectiva, sino la individual.

La apelación camuflada a las conciencias ha sido constante en esta pugna, primero desde el punto de vista ideológico, por un lado, recurriendo a construcciones religiosas del sujeto donde el placer es castigado, y donde lo sexual y sus resultados, tienen el riesgo constante de lo ilícito, y de hacer en definitiva al sujeto un ente lujurioso, irresponsable e inmoral; o por otro, apelando a la máxima libertad de acción y decisión, en una lógica individualizante y totalizante a la vez.

Ambas formas de dominación, la ideológica religiosa y la racional-legal, dan por ende distintos significados a la idea de sujeto; la primera lo concibe como sometido a otro por control y dependencia (ya sea a Dios o el líder religioso); la segunda lo idea como limitado a su propia identidad, a la conciencia individual.

Los fundamentos para argumentar cualquiera de las dos posturas, se sustentan desde un punto de vista legal y clínico, y han entrelazado las legitimidades legales con las afirmaciones de verdad, basadas en criterios científicos o clínicos. Aunque esto último ha derivado en una serie contradicciones en torno a lo insano, lo legal, lo científico, y lo moral.

En definitiva, la pugna entre el poder pastoral y el estatal, ha sido objetivizada, materializada y circunscrita a la discusión acerca del uso de la PDD, donde lo que está en juego finalmente es quién impondrá su control sobre las conciencias de los sujetos.